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Criar Entre Dos Culturas

En la escuela le dicen que levante la mano, que diga lo que piensa, que discuta con el maestro si no está de acuerdo. En casa le dicen que a los mayores no se les contesta. En la escuela es "la mexicana" o "la colombiana". En el pueblo de sus papás es "la gringa". Para muchos hijos de inmigrantes, la frase "ni de aquí ni de allá" no es un dicho: es un martes cualquiera.

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Y para muchos padres inmigrantes, el miedo es el reverso de la misma moneda: se me está yendo, ya no es como nosotros, se le está olvidando de dónde viene. Esta pieza trata de lo que dice la investigación sobre esa tensión. La noticia, adelantada: tener dos culturas no es un problema que haya que resolver eligiendo una. Bien llevado, es una ventaja.

Cuatro maneras de llegar a un país nuevo

El psicólogo John Berry propuso un mapa que se sigue usando. Cuando una persona vive entre su cultura de origen y la del país nuevo, hay dos preguntas: ¿mantengo mi cultura? ¿Participo en la nueva? Las combinaciones dan cuatro caminos:

Participa en la cultura nueva No participa
Mantiene su cultura de origen Integración (biculturalidad) Separación
No la mantiene Asimilación Marginación

La asimilación es el "olvídate del español, aquí se habla inglés". La separación es vivir dentro de una burbuja de la cultura de origen. La marginación es quedarse sin ninguna de las dos, y en los trabajos de Berry es la que peor suele ir. La integración es sentirse parte de ambas.

Lo que dicen los datos sobre ser bicultural

Durante buena parte del siglo XX, algunos sociólogos describían a la persona bicultural como un "hombre marginal", partido entre dos mundos y sin pertenecer a ninguno. Los datos no los respaldaron.

En 2013, Angela-MinhTu Nguyen y Verónica Benet-Martínez reunieron 83 estudios con más de 23,000 participantes. Encontraron una relación positiva y fuerte entre la biculturalidad y el bienestar, tanto en lo psicológico como en lo sociocultural, es decir, en desenvolverse bien en la vida diaria. Y la relación era más fuerte que la de identificarse con una sola cultura, fuera la de origen o la nueva. Una actualización de 2021 con 90 estudios más confirmó el hallazgo.

No hace falta elegir entre la abuela y la escuela. A los hijos que se quedan con las dos les suele ir mejor.

La brecha entre generaciones

El problema real no es la mezcla de culturas, sino la velocidad distinta a la que padres e hijos la viven. Los niños aprenden el idioma y las costumbres nuevas en la escuela mucho más rápido que sus padres en el trabajo. Los sociólogos Alejandro Portes y Rubén Rumbaut, en su enorme estudio de seguimiento de hijos de inmigrantes en Estados Unidos (el Children of Immigrants Longitudinal Study, con cuatro rondas de entrevistas entre principios de los noventa y 2006), distinguieron dos escenarios:

  • Aculturación disonante: los hijos adoptan la cultura nueva y pierden la de origen mientras los padres se quedan atrás. Los papeles se invierten, los padres pierden autoridad y la comunicación se rompe, a veces literalmente, porque ya no comparten un idioma con soltura.
  • Aculturación selectiva: los hijos aprenden la cultura nueva sin soltar la de origen, con el apoyo de la familia y de una comunidad. Cuando buscaron qué había detrás de los jóvenes de familias con pocos recursos que lograron resultados educativos excepcionales, los tres factores que encontraron apuntaban a la aculturación selectiva.

¿Cuánto pesa la brecha? En 2015, la psicóloga Priscilla Lui revisó 68 muestras de familias asiáticas y latinas en Estados Unidos, con más de 14,000 personas. Cuanto mayor era la distancia cultural entre padres e hijos, más conflicto familiar había, y ese conflicto se asociaba con peor salud mental en los hijos. Los efectos eran pequeños, pero consistentes.

Y aquí viene el matiz que importa. Un estudio de 2016 con 428 adolescentes mexicoamericanos y sus padres no encontró que la brecha en sí empeorara las cosas. Lo que sí predijo buenos resultados fue que los adolescentes mantuvieran una orientación fuerte hacia la cultura mexicana, fuera cual fuera la de sus padres. Es decir: lo que protege no es que padres e hijos sean idénticos, sino que el hijo no pierda la raíz.

Lo que esto no significa

No significa que la cultura de origen sea perfecta ni que todo lo nuevo sea amenaza. Los hijos de dos culturas a menudo ven con claridad cosas de casa que no les gustan (el machismo, el "qué dirán", ciertos silencios) y es sano que puedan hablarlo. Mantener la raíz no es obedecer todo; es conservar el vínculo y el idioma para poder discutir lo que se quiera cambiar.

Tampoco es un fenómeno solo estadounidense. En España, Portes y sus colegas repitieron el estudio con hijos de inmigrantes en Madrid y Barcelona, muchos de ellos latinoamericanos, y lo cuentan en Spanish Legacies.

Qué pueden hacer los padres

  • Dar valor a las dos culturas en voz alta. "Qué bien que sepas cómo funcionan las cosas aquí" pesa tanto como "no se te olvide de dónde vienes".
  • Aprender tú también. Cerrar un poco la brecha desde tu lado (el idioma, cómo funciona la escuela) reduce la inversión de papeles.
  • Buscar comunidad. La aculturación selectiva casi nunca se logra en solitario: la iglesia, el club de fútbol, la escuela de danza folclórica, los primos.
  • Separar la cultura del control. No todo desacuerdo de un adolescente es "agringarse". A veces es solo la adolescencia (ver Los Adolescentes No Están Rotos).

Para llevar

Hay cuatro maneras de vivir entre dos culturas: integración, asimilación, separación y marginación. La evidencia favorece claramente la integración: las personas biculturales tienden a estar mejor que las que se quedan con una sola cultura. El riesgo real está en la velocidad distinta con que padres e hijos se adaptan, que puede invertir los papeles y romper la comunicación. Lo que protege es la aculturación selectiva: aprender lo nuevo sin perder la raíz, con familia y comunidad alrededor.

Para hacer: esta semana, pregúntale a tu hijo (o a tus padres, si el hijo eres tú) qué es lo que más le gusta de cada una de sus dos culturas. Escucha la respuesta sin corregirla.


Fuentes y para profundizar

Fuentes
- Berry, J. W. "Immigration, acculturation, and adaptation". Applied Psychology, 1997.
- Nguyen, A.-M. D. y Benet-Martínez, V. "Biculturalism and adjustment: A meta-analysis". Journal of Cross-Cultural Psychology, 2013; Stogianni, M. et al., metaanálisis actualizado, 2021 (preimpresión).
- Portes, A., Fernández-Kelly, P. y Haller, W. "The adaptation of the immigrant second generation in America". Journal of Ethnic and Migration Studies, 2009; Portes, A. y Rumbaut, R. G. Legacies, 2001.
- Lui, P. P. "Intergenerational cultural conflict, mental health, and educational outcomes among Asian and Latino/a Americans". Psychological Bulletin, 2015.
- Telzer, E. H. et al. "Filling gaps in the acculturation gap-distress model". Journal of Youth and Adolescence, 2016.

Para profundizar
- 📘 Legacies: The Story of the Immigrant Second Generation — Alejandro Portes y Rubén G. Rumbaut (el estudio clásico; en inglés)
- 📘 Spanish Legacies — Alejandro Portes, Rosa Aparicio y William Haller (la versión española del estudio, con muchos hijos de latinoamericanos; en inglés)
- 🌐 Piezas relacionadas en esta biblioteca: Criar en Dos Idiomas y Ser el Hijo Que Traduce

Nota sobre un tema sensible: vivir entre dos culturas puede venir acompañado de estrés por discriminación, por el estatus migratorio o por la separación de la familia. Si en tu casa ese estrés se ha vuelto constante, o si un hijo o un padre muestra tristeza o ansiedad que no se van, buscar ayuda profesional, de preferencia en tu idioma, es una forma de cuidar a la familia, no de traicionarla.


Para tu español

ni de aquí ni de allá (neither from here nor from there) · el reverso de la moneda (the flip side) · aculturación (acculturation) · brecha (gap) · soltar (to let go of) · con soltura (fluently, with ease) · agringarse (to become Americanized, colloquial) · el qué dirán (what people will say)