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El Día de Muertos: Lo Que Realmente Es (y Lo Que No)

En 2015, la película de James Bond Spectre abrió con un enorme desfile de calaveras por el centro de la Ciudad de México. El detalle es que ese desfile no existía. Al año siguiente, en 2016, la ciudad organizó el primero, inspirado en la película, según explicaron las propias autoridades de turismo. Hoy millones de personas creen que es una tradición antiquísima. Es un buen punto de partida para separar lo que el Día de Muertos es de lo que se le ha ido pegando.

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Lo que es

En el corazón de la fiesta hay una idea sencilla: durante unos días, entre finales de octubre y el 2 de noviembre, los muertos vuelven de visita, y la familia los recibe.

La UNESCO, que inscribió en 2008 "las fiestas indígenas dedicadas a los muertos" en su Lista del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad (habían sido proclamadas en 2003), lo describe así: las familias esparcen pétalos de flores y colocan velas y ofrendas en el camino entre la casa y el cementerio, y preparan con esmero los platillos favoritos del difunto. La fiesta coincide con el final del ciclo anual del maíz.

Los elementos más reconocibles:

  • La ofrenda. Un altar en casa con la foto del difunto, su comida y bebida preferidas, agua, sal, velas, copal o incienso, pan de muerto, calaveritas de azúcar y papel picado.
  • El cempasúchil. La flor anaranjada (Tagetes erecta), cuyo nombre en náhuatl, cempōhualxōchitl, suele traducirse como "veinte flores". Su color y su olor guían a las almas.
  • El panteón. Limpiar y adornar la tumba, y en lugares como Janitzio o Mixquic, velar toda la noche junto a ella.
  • Los niños primero. En muchos pueblos, el 1 de noviembre se dedica a los niños muertos, los "angelitos", y el 2 a los adultos.
  • El humor. Las calaveritas literarias, versos burlones en los que la muerte "se lleva" a amigos, maestros o políticos que siguen vivos.

No es una fiesta de miedo. Es una fiesta de memoria: la muerte se invita a la mesa para que los muertos no se queden solos.

Lo que no es

No es el "Halloween mexicano". Las dos fiestas caen en fechas cercanas y comparten raíces en el calendario cristiano de Todos los Santos, pero el sentido es otro. Halloween juega con el miedo a lo sobrenatural; el Día de Muertos recibe con cariño a personas concretas que la familia conoció y quiso.

No es un culto a la muerte. Las calaveras sonríen, pero lo que se honra son vidas. Quien pone la cerveza favorita del abuelo en la ofrenda no está venerando la muerte; está recordando al abuelo.

No es una tradición fija e inmutable. La Catrina, hoy su gran icono, nació como una sátira. El grabador José Guadalupe Posada (1852–1913) dibujó hacia 1910-1912 una calavera con un elegante sombrero de moda europea, probablemente para burlarse de quienes imitaban las modas de Europa; décadas después, Diego Rivera la pintó de cuerpo entero en su mural Sueño de una tarde dominical en la Alameda Central (1946–47) y la convirtió en símbolo nacional. El desfile de la Ciudad de México tiene apenas una década. Las tradiciones vivas cambian.

El gran debate: ¿indígena o católica?

Aquí los propios especialistas mexicanos discrepan, y vale la pena conocer los dos lados.

La lectura de la continuidad indígena. Los mexicas dedicaban varias de sus veintenas (los meses de veinte días de su calendario) a los muertos. Según el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), dos de ellas, Miccailhuitontli ("pequeña fiesta de los muertos") y Huey Miccailhuitl ("gran fiesta de los muertos"), se celebraban seguidas, entre agosto y septiembre, la primera ligada a los niños muertos. Ya en el siglo XVI, el fraile Diego Durán sospechaba que los indígenas "mezclaron algo" de esas fiestas con la de los difuntos cristianos. Octavio Paz y muchos otros vieron en el Día de Muertos una continuidad viva del mundo prehispánico, y la UNESCO habla de una "fusión entre ritos religiosos prehispánicos y fiestas católicas".

La lectura del origen católico europeo. Otros historiadores sostienen que las fechas y casi todos los elementos vienen de Europa. La fiesta de Todos los Santos se fijó el 1 de noviembre hacia el año 835, bajo el papa Gregorio IV, y la de los Fieles Difuntos, el 2, se difundió desde el monasterio de Cluny a partir del siglo X. La historiadora Elsa Malvido, del INAH, argumentó que el altar, las calaveras de azúcar y los panes en forma de hueso vienen de las costumbres católicas medievales ligadas a las reliquias de los santos, y que la idea de un origen puramente prehispánico la difundieron intelectuales de los años treinta. Por eso hay ofrendas y panes de muertos también en otros países católicos, de Sicilia a los Andes.

Lo que ambos lados aceptan. Las fiestas del 1 y 2 de noviembre llegaron con los frailes en el siglo XVI, y los pueblos indígenas las acogieron con una intensidad que sorprendió a los propios religiosos. Entre 1535 y 1540, fray Toribio de Benavente, "Motolinía", contaba que en casi todos los pueblos los indígenas ofrecían a sus difuntos maíz, mantas, comida, pan, gallinas y, en lugar de vino, cacao. El INAH propone llamar a eso una "síntesis": formas cristianas que, con el tiempo, se llenaron de una manera indígena de convivir con los muertos.

No solo en México

La misma temporada se vive de otras formas en la región. En Bolivia, en La Paz, a principios de noviembre se celebra el día de las ñatitas: las familias coronan con flores los cráneos de sus antepasados que guardan en casa. En Ecuador se bebe colada morada, una bebida espesa de maíz morado y frutas, con guaguas de pan, panes con forma de niño. Entre los mayas de Yucatán la fiesta se llama Hanal Pixán, "comida de las ánimas". Y en Estados Unidos, la diáspora mexicana la ha llevado a escuelas, museos y barrios enteros.


Para llevar

El Día de Muertos es una fiesta familiar de memoria: los difuntos regresan por unos días y se les recibe con ofrendas, flores, comida y humor. No es Halloween ni un culto a la muerte, y no es una tradición congelada: la Catrina nació como sátira y el gran desfile capitalino nació en 2016. Sus orígenes se debaten entre quienes subrayan la continuidad indígena y quienes subrayan el origen católico europeo; casi todos coinciden en que lo que existe hoy es una síntesis, reconocida por la UNESCO desde 2008.

Para hacer: este año, pon una ofrenda pequeña (aunque sea una foto, una vela y algo que le gustaba) para alguien que extrañas, y cuenta en voz alta una historia suya a quien esté contigo. Esa es la parte de la tradición que ningún debate histórico discute.


Fuentes y para profundizar

Fuentes
- UNESCO, "Las fiestas indígenas dedicadas a los muertos", inscrita en 2008 en la Lista Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial (proclamada en 2003).
- INAH, "El origen del Día de Muertos" (Especiales INAH): Todos los Santos y Fieles Difuntos, Motolinía y Durán, las veintenas mexicas.
- INAH, boletín "Orígenes profundamente católicos y no prehispánicos, la fiesta de día de muertos" (2007), con la postura de Elsa Malvido.
- BBC News, "Mexico City stages first Day of the Dead parade" (2016), sobre la inspiración de Spectre.
- Secretaría de Cultura de México, sobre José Guadalupe Posada (1852–1913); fechas de la Catrina y del mural de Rivera según la investigación de Ruben C. Cordova.
- Para Bolivia, Ecuador y Yucatán: síntesis de fuentes enciclopédicas.

Para profundizar
- 🌐 UNESCO — Las fiestas indígenas dedicadas a los muertos
- 🌐 INAH — El origen del Día de Muertos
- 📘 El laberinto de la soledad — Octavio Paz (su ensayo "Todos santos, día de muertos" es la lectura clásica de la relación mexicana con la muerte)
- 📘 La idea de la muerte en México — Claudio Lomnitz (cómo la muerte se volvió un emblema nacional)


Para tu español

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