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Las Dictaduras del Siglo XX y el Regreso de la Democracia en América Latina

En muchas familias latinoamericanas hay un tema del que se habla poco: un abuelo que celebró el golpe porque "el país se estaba cayendo", una tía que se fue al exilio, un primo que nunca volvió de un cuartel. A veces todo eso pasa dentro de la misma familia.

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Entre los años 30 y los 90, casi todos los países de América Latina vivieron al menos un gobierno autoritario. Esta pieza no busca decirte qué pensar de ellos, sino explicar por qué llegaron, qué hicieron según las investigaciones oficiales posteriores, cómo se fueron y qué sigue en discusión. Las cifras vienen, siempre que se pudo, de las comisiones de la verdad de los propios países.

Nota sobre un tema sensible: esta pieza habla de tortura, desapariciones y masacres. Las cifras de víctimas son políticamente delicadas en casi todos estos países. Aquí se dan las cifras oficiales documentadas y, cuando hay otras estimaciones serias, también esas, con su fuente.

Dos tipos de dictadura

El caudillo personal. Un hombre fuerte que se queda décadas en el poder, a menudo con elecciones de fachada, y que trata el país casi como una propiedad familiar. Los ejemplos clásicos:

  • Rafael Leónidas Trujillo, en República Dominicana, dominó el país desde 1930 hasta que fue asesinado en 1961. En octubre de 1937 su ejército llevó a cabo la masacre del Perejil contra la población haitiana y dominico-haitiana de la frontera. Las estimaciones varían mucho, desde unos 17,000 hasta 35,000 muertos según la fuente, y muchos historiadores trabajan con una cifra cercana a 20,000. La famosa "prueba del perejil" (hacer pronunciar la palabra para distinguir a los haitianos) es parte de la memoria popular, aunque algunos historiadores dudan de que se usara de forma sistemática.
  • La familia Somoza gobernó Nicaragua de 1936 a 1979, padre e hijos, hasta que la revolución sandinista la derrocó.
  • Alfredo Stroessner gobernó Paraguay de 1954 a 1989, el gobierno de un solo hombre más largo de esta lista, hasta que lo derrocó otro general, Andrés Rodríguez.

El régimen militar institucional. No es un hombre sino las Fuerzas Armadas como institución las que toman el poder, con un programa: "salvar a la nación" del comunismo, del caos o de la crisis económica. Este es el modelo que dominó el Cono Sur en los años 60 y 70.

Por qué llegaron: la Guerra Fría en casa

Para entender esa época hay que ver tres fuerzas que se alimentaron entre sí.

El miedo a otra Cuba. La Revolución Cubana de 1959 cambió el mapa político del continente. Inspiró a guerrillas de izquierda en muchos países, como los Tupamaros en Uruguay o los Montoneros en Argentina, que creían que la lucha armada era el camino al socialismo. Esas guerrillas secuestraron, pusieron bombas y asesinaron. Para muchos militares, empresarios, sectores de la Iglesia y buena parte de la clase media, la amenaza de una revolución comunista era real e inminente. Muchos ciudadanos recibieron los golpes con alivio, al menos al principio.

La Doctrina de Seguridad Nacional. Los militares de la región adoptaron una idea: el enemigo ya no era un ejército extranjero, sino un "enemigo interno", el subversivo, que podía ser un guerrillero armado pero también un sindicalista, un estudiante, un catequista o un periodista. Esa definición tan amplia es una de las claves de lo que vino después.

Estados Unidos. El papel de Washington está hoy bien documentado en sus propios archivos desclasificados. En 1954, un golpe patrocinado por la CIA derrocó al presidente electo de Guatemala, Jacobo Árbenz. En Chile, las notas manuscritas del director de la CIA, Richard Helms, de una reunión de septiembre de 1970 con el presidente Nixon recogen la orden de "hacer gritar a la economía" (make the economy scream) para impedir que Salvador Allende, recién elegido, gobernara. La comisión de la verdad de Guatemala concluyó que Estados Unidos mostró que estaba dispuesto a apoyar regímenes militares fuertes en su "patio trasero estratégico", incluido entrenamiento y apoyo a sus servicios de inteligencia.

A eso se sumaban las crisis propias de cada país: inflación, polarización y gobiernos débiles.

El Cono Sur: lo que encontraron las comisiones de la verdad

Cuando volvió la democracia, varios países crearon comisiones oficiales para documentar lo ocurrido. Sus cifras son, por definición, mínimas: cuentan casos con nombre y pruebas, no todos los que pudo haber.

País Régimen Lo que documentaron las investigaciones oficiales Otras estimaciones
Brasil 1964–1985, tras el golpe contra João Goulart Comisión Nacional de la Verdad (2014): 434 muertos y desaparecidos por responsabilidad del Estado (191 muertos, 210 desaparecidos y 33 desaparecidos cuyos restos se localizaron después), entre 1946 y 1988 La misma comisión dedicó un capítulo a la violencia contra campesinos y pueblos indígenas, cuyas víctimas no entran en esa cifra
Chile 1973–1990, Augusto Pinochet Informe Rettig (1991) e Informe Valech (2004, ampliado en 2011): unos 3,200 muertos y desaparecidos; decenas de miles de presos políticos, la gran mayoría torturados Tras la reapertura de 2011, el total de víctimas reconocidas por el Estado, sumando todas las categorías, superó las 40,000
Argentina 1976–1983, el llamado "Proceso de Reorganización Nacional" CONADEP, informe Nunca más (1984): 8,961 desaparecidos, con la advertencia de que la cifra real podía ser mayor. El registro oficial del Estado (RUVTE, 2015) documenta con nombre 8,631 víctimas entre 1966 y 1983; su actualización de 2016, para 1973–1983, da 8,571 Los organismos de derechos humanos sostienen la cifra de 30,000 desaparecidos

Uruguay (1973–1985) y Paraguay (1954–1989) no aparecen en la tabla porque para esta pieza no se pudo verificar una cifra oficial comparable. En Paraguay, en 1992, Martín Almada, que llevaba años buscando pruebas de las torturas que había sufrido bajo Stroessner, encontró los Archivos del Terror: documentos de la policía política que describen la suerte de miles de latinoamericanos detenidos.

Dos notas sobre la tabla. Primero, en Argentina la distancia entre 8,961 y 30,000 es en sí misma un debate político: unos subrayan que muchas familias nunca denunciaron y que los militares destruyeron registros; otros, que los registros oficiales nunca se han acercado a la cifra mayor.

Segundo, el método fue parecido en todas partes: detenciones sin orden judicial, centros clandestinos, tortura sistemática y la desaparición, que no deja cuerpo ni tumba. Los Archivos del Terror probaron además la existencia de la Operación Cóndor: el 25 de noviembre de 1975, jefes de inteligencia de Argentina, Bolivia, Chile, Paraguay y Uruguay se reunieron en Santiago, convocados por la policía secreta chilena, para coordinar la persecución de opositores más allá de sus fronteras.

Centroamérica: guerras civiles y masacres

En Centroamérica la represión tomó la forma de guerras civiles largas entre ejércitos y guerrillas.

Guatemala (1962–1996). La Comisión para el Esclarecimiento Histórico, creada por los acuerdos de paz con apoyo de la ONU, concluyó en 1999 que hubo más de 200,000 muertos o desaparecidos. Atribuyó el 93% de las violaciones que documentó a fuerzas del Estado y grupos paramilitares afines, y el 3% a la guerrilla. El 83% de las víctimas plenamente identificadas eran mayas. La comisión concluyó que agentes del Estado cometieron actos de genocidio contra grupos mayas entre 1981 y 1983. El general Efraín Ríos Montt, presidente de facto de 1982 a 1983, fue condenado por genocidio el 10 de mayo de 2013; diez días después, la Corte de Constitucionalidad anuló la sentencia por defectos en el juicio. Murió en 2018 sin condena firme. Algunos académicos, como el antropólogo David Stoll, aceptan que el ejército mató a muchísimos civiles, pero cuestionan que el término jurídico de genocidio sea el adecuado. Es un debate abierto.

El Salvador (1980–1992). Se calcula que la guerra dejó más de 75,000 muertos. La Comisión de la Verdad de la ONU (1993) recibió más de 22,000 denuncias de violencia grave. Los testigos atribuyeron casi el 85% de los casos a agentes del Estado, grupos paramilitares aliados y escuadrones de la muerte, y alrededor del 5% a la guerrilla del FMLN. La comisión advirtió que eran solo una muestra.

No todas fueron de derecha

Sería incompleto quedarse solo con los regímenes anticomunistas.

  • En Perú, el general Juan Velasco Alvarado encabezó de 1968 a 1975 una dictadura militar de izquierda que hizo una reforma agraria profunda y nacionalizó empresas.
  • En Cuba, la revolución de 1959 derrocó a otro dictador, Fulgencio Batista, y estableció un sistema de partido único que sigue vigente. El artículo 5 de la Constitución cubana de 2019 define al Partido Comunista como la fuerza política dirigente superior de la sociedad y del Estado. Sus defensores destacan la alfabetización y la salud pública; sus críticos, la falta de elecciones competitivas, los presos políticos y la salida al exilio de cientos de miles de cubanos (solo en el éxodo del Mariel, en 1980, llegaron a EE.UU. unos 125,000). Las dos cosas se pueden afirmar a la vez.
  • El caso más sangriento de la región andina no fue una dictadura clásica. En Perú, entre 1980 y 2000, la Comisión de la Verdad y Reconciliación calculó 69,280 muertos en el conflicto armado interno, que ocurrió en su mayor parte bajo gobiernos elegidos y durante el gobierno de Alberto Fujimori. La comisión atribuyó a la guerrilla maoísta Sendero Luminoso el 54% de las víctimas fatales que se le reportaron, y encontró que el 75% de las víctimas tenían el quechua u otra lengua indígena como lengua materna.

Cómo volvió la democracia

No hubo una sola receta.

  • Brasil hizo una transición lenta y negociada: una ley de amnistía en 1979, que protegió también a los militares, y el regreso de un presidente civil en 1985.
  • Argentina salió de golpe. La derrota en la guerra de las Malvinas (1982) hundió al régimen, y en 1983 asumió Raúl Alfonsín. En 1985, el Juicio a las Juntas condenó a los máximos jefes militares, entre ellos Jorge Rafael Videla y Emilio Massera, a cadena perpetua. El fiscal Julio César Strassera terminó su alegato con una frase que, dijo, ya no era suya sino de todo el pueblo argentino: "Nunca más". Después vino el retroceso: las leyes de Punto Final (1986) y Obediencia Debida (1987) frenaron los juicios, y el presidente Carlos Menem indultó a los condenados en 1989 y 1990. En 2003 el Congreso anuló esas leyes y los juicios se reabrieron.
  • Chile salió por las urnas. En el plebiscito de 1988, la opción "No" a que Pinochet siguiera en el poder ganó con cerca del 56%. Patricio Aylwin asumió la presidencia el 11 de marzo de 1990. Pinochet siguió como comandante del Ejército hasta 1998, y en octubre de ese año fue detenido en Londres a pedido de un juez español.
  • Uruguay volvió a votar en noviembre de 1984. En 1986 aprobó la Ley de Caducidad, que impedía juzgar a militares y policías, y los uruguayos la mantuvieron en dos consultas populares, en 1989 y en 2009.
  • Paraguay salió de Stroessner en febrero de 1989 con un golpe de su propio consuegro, el general Rodríguez.
  • El Salvador (1992) y Guatemala (1996) cerraron sus guerras con acuerdos de paz negociados.

Lo que sigue en discusión

Treinta o cuarenta años después, estas preguntas siguen dividiendo a familias y parlamentos:

¿Justicia o amnistía? Unos sostienen que sin juicios no hay democracia verdadera y que la impunidad invita a repetir. Otros, que las amnistías fueron el precio de que los militares devolvieran el poder sin otra guerra, y que reabrir el pasado divide.

¿Dos violencias iguales? En Argentina se habla de la "teoría de los dos demonios" para criticar la idea de que la violencia de la guerrilla y la del Estado fueron equivalentes. Quienes la critican señalan que el Estado tiene un deber especial de respetar la ley y que usó todo su aparato contra miles de personas que no eran combatientes. Quienes piden recordar a las víctimas de la guerrilla dicen que esas víctimas también merecen memoria.

¿Y la economía? En Chile, la dictadura aplicó reformas de libre mercado que sus defensores consideran la base del crecimiento posterior y que sus críticos asocian con desigualdad. Se puede discutir la economía sin justificar la represión, y criticar la represión sin negar los datos económicos.


Para llevar

Entre los años 30 y los 90 hubo en América Latina dos grandes tipos de dictadura: caudillos personales, como Trujillo, los Somoza o Stroessner, y regímenes militares institucionales, como los del Cono Sur, que se justificaron con la amenaza comunista en plena Guerra Fría, con apoyo documentado de Estados Unidos en varios casos. Las comisiones de la verdad documentaron, como mínimo, 434 muertos y desaparecidos en Brasil, unos 3,200 en Chile, casi 9,000 desaparecidos en Argentina (30,000 según los organismos de derechos humanos), más de 200,000 en Guatemala y 69,280 en el conflicto peruano. Hubo también regímenes y guerrillas de izquierda. La democracia volvió por caminos distintos, y la discusión sobre justicia, amnistía y memoria sigue abierta.

Para hacer: si en tu familia alguien vivió esos años en su país, pregúntale, sin discutir, cómo los recuerda: qué escuchaba en la radio, qué no se podía decir, qué pensaban los vecinos. Vas a oír una versión que no está en esta pieza, y es probable que sea distinta de la de otro pariente. Las dos son parte de la historia.


Fuentes y para profundizar

Fuentes
- Comisión para el Esclarecimiento Histórico de Guatemala, Guatemala: Memoria del Silencio, Conclusiones y recomendaciones, 1999 (más de 200,000 muertos o desaparecidos; 93% Estado y paramilitares; 3% guerrilla; 83% de las víctimas identificadas, mayas; actos de genocidio; Guerra Fría y papel de EE.UU.): PNUD Guatemala
- Comisión de la Verdad para El Salvador (ONU), De la locura a la esperanza, 1993 (más de 22,000 denuncias; casi 85% atribuido a agentes del Estado, paramilitares y escuadrones; alrededor de 5% al FMLN): texto en derechos.org
- Comisión de la Verdad y Reconciliación del Perú, Conclusiones generales, 2003 (69,280 víctimas fatales; Sendero Luminoso, 54% de las reportadas; 75% con el quechua u otra lengua nativa como idioma materno): cverdad.org.pe
- Secretaría de Derechos Humanos de la Nación, Registro Unificado de Víctimas del Terrorismo de Estado (RUVTE), informe de diciembre de 2015 y cifras de noviembre de 2016 (8,571: 7,010 desapariciones forzadas y 1,561 asesinatos), según La Nación, "Avruj dijo que hubo 7010 desaparecidos" (8 de noviembre de 2016)
- National Security Archive, notas de Richard Helms del 15 de septiembre de 1970 ("make the economy scream"): nsarchive2.gwu.edu
- Constitución de la República de Cuba de 2019, artículo 5: Constitute Project
- Wikipedia, usada como guía y apoyada en las fuentes que cita: "Comissão Nacional da Verdade" (en portugués; 434 víctimas, 2014); "Rettig Report", "Valech Report", "National Commission on the Disappearance of Persons" (8,961), "Trial of the Juntas", "Full stop law", "Law of Due Obedience", "Law on the Expiration of the Punitive Claims of the State", "1988 Chilean presidential referendum" (55.99% por el No), "Operation Condor", "Archives of Terror", "Parsley massacre", "Efraín Ríos Montt", "Salvadoran Civil War", "Somoza family", "Andrés Rodríguez", "Juan Velasco Alvarado", "Mariel boatlift" y "Augusto Pinochet" (en inglés). La cifra de RUVTE (8,631) sigue a la pieza de Argentina de esta biblioteca.

Para profundizar
- 📘 Nunca más, informe de la CONADEP (1984), publicado como libro y todavía en circulación
- 📘 La fiesta del Chivo, de Mario Vargas Llosa (2000), novela sobre los últimos días de Trujillo
- 📘 Las venas abiertas de América Latina, de Eduardo Galeano (1971), y, como contrapeso, Manual del perfecto idiota latinoamericano, de Plinio Apuleyo Mendoza, Carlos Alberto Montaner y Álvaro Vargas Llosa (1996): dos lecturas enfrentadas del mismo siglo
- ▶️ Argentina, 1985 (2022), película sobre el Juicio a las Juntas
- 🌐 Museo de la Memoria y los Derechos Humanos (Chile)
- 🌐 Piezas relacionadas en esta biblioteca: Las Constituciones de América Latina (en Política, Democracia y Gobierno) y Argentina: Historia Condensada (en Historia Condensada de las Naciones)


Para tu español

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