Un cirujano sin experiencia en investigación, con una idea prestada
Frederick Banting era, en 1920, un cirujano canadiense con escasa experiencia en investigación de laboratorio y una idea —inspirada en un artículo científico que había leído sobre el páncreas— de que la sustancia responsable de regular el azúcar en la sangre podía aislarse ligando los conductos pancreáticos para forzar la degeneración de ciertas células, dejando intactas las que él sospechaba producían la sustancia buscada. Convenció al fisiólogo escocés J. J. R. Macleod, de la Universidad de Toronto, de prestarle un espacio de laboratorio durante el verano de 1921 —cuando Macleod, de hecho, estaba de vacaciones en Escocia— junto con un estudiante de medicina de veintidós años, Charles Best, como asistente.
Cuatro personas, un descubrimiento, y una fórmula que no funcionaba todavía
Banting y Best lograron, en el verano de 1921, extraer un compuesto de páncreas de perro que reducía el azúcar en sangre de perros diabéticos — un resultado real, pero un extracto todavía demasiado impuro y inconsistente para usarse con seguridad en personas. La pieza que faltaba llegó de un cuarto científico, el bioquímico James Collip, quien se unió al equipo semanas después y desarrolló el método de purificación que finalmente volvió el extracto lo suficientemente limpio y estable para un uso clínico seguro. En enero de 1922, un adolescente de catorce años llamado Leonard Thompson, agonizando de diabetes en un hospital de Toronto, se convirtió en el primer paciente humano tratado con insulina purificada. Su mejoría fue —y sigue describiéndose así en los relatos médicos de la época— casi inmediata y notoria para cualquiera en la sala.
Un Premio Nobel que dividió al propio equipo premiado
En 1923, el Comité Nobel otorgó el Premio Nobel de Fisiología o Medicina por el descubrimiento de la insulina — pero solo a dos de los cuatro científicos involucrados: Frederick Banting y J. J. R. Macleod. La decisión generó una controversia inmediata dentro del propio equipo. Banting, indignado de que Macleod —quien, según Banting, había contribuido mucho menos directamente al trabajo experimental que Best— recibiera el reconocimiento en lugar de su joven asistente, decidió dividir su parte del premio en efectivo con Best. Macleod, por su parte, hizo lo mismo, compartiendo su porción con Collip. En la práctica, los cuatro terminaron repartiéndose tanto el crédito real como el dinero del premio, incluso si el Comité Nobel formalmente solo había reconocido a dos de ellos.
Un científico rumano con un reclamo genuino — y un pasado que complica cualquier homenaje simple
Existe, además, un quinto nombre que la historia oficial del descubrimiento a menudo omite, y que esta pieza no va a esconder: el fisiólogo rumano Nicolae Paulescu había aislado, ya en 1916, un extracto pancreático con efecto reductor de azúcar en sangre —al que llamó "pancreína"— y sus experimentos con perros diabéticos, retomados después de una interrupción provocada por la Primera Guerra Mundial, mostraron resultados en abril de 1921, meses antes del primer experimento exitoso de Banting y Best ese mismo verano. A diferencia del equipo de Toronto, sin embargo, Paulescu nunca logró purificar su extracto lo suficiente como para un uso clínico seguro en humanos —una limitación real, no menor, que sí distingue su trabajo del de Banting, Best y Collip—. Historiadores de la medicina, incluyendo revisiones especializadas publicadas en el siglo XXI, coinciden en que su contribución científica fue genuina y quedó injustamente ignorada por el Comité Nobel de 1923. Al mismo tiempo, y esta es la complicación honesta que corresponde nombrar: en años posteriores de su vida, Paulescu publicó escritos antisemitas virulentos, un hecho documentado que complica cualquier intento de presentarlo simplemente como un héroe científico olvidado. Ambas cosas son ciertas simultáneamente, y esta pieza prefiere decir las dos en lugar de omitir la incómoda para simplificar la historia.
Un comité que, medio siglo después, corrigió en silencio su propia redacción
En 1972 —casi cincuenta años después del premio original—, la Fundación Nobel modificó, sin gran anuncio público, la descripción oficial de lo que el premio de 1923 realmente reconocía: de "por el descubrimiento de la insulina" a una redacción más precisa y modesta, "por haber logrado producir la hormona pancreática en una forma prácticamente disponible." Es, en la práctica, un reconocimiento tardío e indirecto de que la historia completa del descubrimiento era más compleja —y menos exclusiva de solo dos nombres— de lo que el premio original sugería.
De una sentencia de muerte a una condición manejable
El efecto práctico de la insulina purificada, más allá de quién merece exactamente el crédito, fue una de las transformaciones más rápidas y visibles en la historia de la medicina: niños que, meses antes, estaban siendo sometidos a dietas de inanición como único tratamiento disponible, volvieron a caminar, crecer y llevar vidas relativamente normales en cuestión de semanas tras recibir el tratamiento. Banting y su equipo, además, optaron deliberadamente por vender la patente de la insulina a la Universidad de Toronto por apenas un dólar simbólico, específicamente para garantizar que el tratamiento pudiera producirse a bajo costo y distribuirse ampliamente, en lugar de monopolizarlo para beneficio personal — una decisión que contrasta notablemente con la disputa de patentes que, como vimos en la pieza anterior de esta serie, ensombreció el descubrimiento de la anestesia siete décadas antes.
Para llevar
Antes de 1921, un diagnóstico de diabetes tipo 1 era, en la práctica, una sentencia de muerte lenta sin tratamiento real disponible. Frederick Banting, Charles Best y James Collip, en la Universidad de Toronto, lograron aislar y purificar la insulina ese mismo año, transformando la enfermedad de forma casi inmediata para los primeros pacientes tratados. El Premio Nobel de 1923 solo reconoció a Banting y a Macleod, generando una división del crédito y del dinero del premio dentro del propio equipo, y omitiendo tanto a Collip como al fisiólogo rumano Nicolae Paulescu, cuyo trabajo previo y genuino la Fundación Nobel terminó reconociendo indirectamente medio siglo después, en 1972, al modificar la redacción oficial del premio.
Para hacer: si conoces a alguien con diabetes tipo 1, vale la pena recordar, la próxima vez que se aplique una dosis de insulina en segundos, que esa misma acción rutinaria era, hace poco más de un siglo, un milagro médico que los propios médicos de la época describían casi con esas palabras.
Fuentes y para profundizar
Fuentes
- El trabajo de Banting, Best, Macleod y Collip en la Universidad de Toronto en 1921, el primer tratamiento exitoso de Leonard Thompson en enero de 1922, y la división interna del Premio Nobel de 1923 están extensamente documentados por historiadores de la medicina. El trabajo previo de Nicolae Paulescu en 1916 y 1921, su reconocimiento parcial por historiadores especializados, y sus escritos antisemitas posteriores están documentados en revisiones académicas recientes sobre la controversia del premio. La revisión de la redacción oficial del Premio Nobel de 1923 por la Fundación Nobel en 1972 es un hecho de registro público.
Para profundizar
- 📘 The Discovery of Insulin — Michael Bliss (la historia académica de referencia sobre el descubrimiento y su disputa de crédito)
- 🌐 Nobel Prize — Ceremony Speech, 1923
- 🌐 Science History Institute — Banting, Best, Collip y Macleod
- 🌐 Pieza relacionada en esta biblioteca: La Anestesia: El Fin del Dolor Obligatorio
Para tu español
esquelético (skeletal, extremely thin) · ligar (to tie/ligate) · impuro (impure) · indignado (indignant/outraged) · inanición (starvation) · ensombrecer (to overshadow/cast a shadow over) · virulento (virulent, in the figurative sense of extreme/hateful) · redacción (wording/drafting)