Un programa de Filosofía en español suele enseñar a Platón, Descartes y Kant, y deja la filosofía escrita en español para una asignatura optativa, o para ninguna. Esta pieza la pone en el centro, pero con una regla: es filosofía, no orgullo nacional. Cada figura aparece con su argumento, con las objeciones que se le han hecho, y con lo que sigue en discusión. Si un argumento es débil, se dice. Si una fuente es discutida, se dice también.
¿Qué cuenta como «filosofía en español»? No hay una respuesta única, y esa pregunta fue ya un debate dentro de la tradición. En 1945 José Gaos, español exiliado en México, reunió una antología del «pensamiento en lengua española»; en 1940 el argentino Francisco Romero habló de la «normalidad filosófica» de Hispanoamérica, es decir, de que la filosofía fuera por fin una función ordinaria de la cultura, con profesores, revistas y seminarios, y no una hazaña de individuos aislados. Aquí la lengua es el criterio práctico: se incluyen autores que escribieron en español y también pensadores de la región cuya lengua fue otra (como Paulo Freire, en portugués) o que pensaron en diálogo con tradiciones indígenas.
Esta pieza se complementa con Filosofía islámica, africana y latinoamericana (34/77), que da el panorama de tres tradiciones y presenta el debate de Valladolid en cuatro movimientos. Aquí no se repite: se profundiza en lo hispano, antes y después de ese debate. Para el contexto histórico, véanse 1492: el choque de dos mundos (06/02), El virreinato: cómo se gobernaba un imperio (06/08) y La independencia: cómo nació un continente (06/03).
- Quién la cursa
- Estudiantes de Filosofía en el tercer año, como optativa o dentro de un curso de «pensamiento en lengua española» o «filosofía iberoamericana»; también estudiantes de Derecho, Historia, Literatura y Ciencias Políticas.
- Para qué sirve
- Leer, con rigor y sin reverencia, la filosofía que se escribió en tu lengua; ver cómo preguntas universales (¿qué es justo?, ¿quién puede saber?, ¿qué es la realidad?) se hicieron en situaciones concretas: una conquista, un convento, una guerra civil, una dictadura.
- Viene después de
- Filosofía antigua y medieval (34/74) y Filosofía moderna (34/75).
- Lleva a
- Filosofía contemporánea (34/78), y se apoya en y alimenta Ética (34/68), Epistemología (34/69), Metafísica (34/70), Teoría política (34/09) y Derecho internacional y derechos humanos (34/11).
- Qué te da esta pieza
- Cinco herramientas interactivas: una línea de tiempo, el juego de los «títulos» de la conquista según Vitoria, cuatro argumentos en los que tú pones la premisa que falta, un simulador de la teoría de precios de Salamanca, y un clasificador del debate sobre si existe una filosofía latinoamericana. No leerás todos los textos, pero podrás explicar el argumento central de cada autor y la crítica principal que recibió.
Solo aparecen hitos con fecha comprobada (ver las fuentes al final); es una selección, no un inventario. Se muestran los cinco más recientes hasta el año elegido. Algunas fechas de libros varían entre fuentes y están dadas como las recoge la mayoría.
Salamanca: Vitoria, Suárez y los economistas
En el siglo XVI la Universidad de Salamanca fue uno de los centros de pensamiento más influyentes de Europa. De ella sale lo que se llama la Escuela de Salamanca: un conjunto de teólogos, juristas y filósofos, en su mayoría dominicos y jesuitas, que partieron de Tomás de Aquino y se enfrentaron a problemas nuevos: una conquista, un comercio de dimensión mundial, un Estado que crecía.
Francisco de Vitoria (nacido hacia 1483 en Burgos, o algo después, según las fuentes; muerto en Salamanca en 1546) ocupó la cátedra de prima de teología desde 1526. En sus relecciones (lecciones extraordinarias) de 1539, De Indis y De iure belli, preguntó con qué títulos podían los españoles mandar sobre los pueblos de América. Su argumento central tiene tres pasos:
- Los habitantes de América tenían comunidades organizadas, con gobierno y propiedades, antes de la llegada de los españoles.
- Ni el pecado, ni la falta de fe, ni la supuesta locura o falta de razón les quitan el dominio sobre lo suyo (rechaza una por una estas cuatro razones).
- Por tanto, la llegada de los españoles no les dio por sí misma ningún derecho sobre sus tierras ni sobre su gobierno: haría falta algún título válido.
De ahí viene su análisis de los títulos. Vitoria rechazó varios que se usaban entonces: que el emperador fuera señor del mundo, que el papa tuviera poder temporal universal, el mero «descubrimiento», que se negaran a convertirse (porque creer es un acto libre) o que cometieran «pecados contra la naturaleza», como el canibalismo. Y propuso otros que sí consideraba legítimos: el derecho a viajar y comerciar pacíficamente (ius communicationis, el derecho de comunicación entre pueblos, que él funda en la sociabilidad natural de las personas), el derecho a predicar sin ser estorbado, y la protección de inocentes. La tradición cuenta hasta ocho títulos legítimos, según cómo se enumeren. También rechazó la idea de la esclavitud natural: para Vitoria, nadie es esclavo por naturaleza, y la esclavitud es una construcción legal.
Este argumento también tiene un lado incómodo, que los estudiosos señalan. Antony Anghie y otros sostienen que el marco de Vitoria, al reconocer derechos «universales» de viaje, comercio y predicación, ofrecía en la práctica razones para intervenir contra quien los negara, es decir, que su humanitarismo pudo servir para legitimar la conquista. Otros lo leen al revés. Que los mismos textos admitan lecturas opuestas es una buena lección sobre cómo se lee la filosofía histórica. Y la expresión «derecho de gentes» (ius gentium), que Vitoria toma de Tomás de Aquino, está en el origen de lo que hoy estudias en Derecho internacional y derechos humanos (34/11); entre los historiadores se discute cuánto de «derecho internacional» moderno hay ya en él.
Resumen de los títulos tal como los recogen la Stanford Encyclopedia of Philosophy y estudios sobre De Indis; no es la lista completa del texto original.
Sin JavaScript: Vitoria rechaza como títulos el dominio universal del emperador o del papa, el descubrimiento, la negativa a convertirse y los «pecados contra la naturaleza»; admite el derecho de viajar y comerciar, el de predicar en paz y la defensa de inocentes.
Del Valladolid de 1550–51, con Las Casas y Sepúlveda, ya viste el debate en cuatro movimientos en Filosofía islámica, africana y latinoamericana (34/77). Aquí basta un dato de contexto: entre los participantes estaba otro salmantino, Domingo de Soto, y los argumentos de Vitoria se usaron en esa junta contra Sepúlveda. El debate, sin una resolución final, dejó una pregunta que se discute hasta hoy: ¿bastan los argumentos filosóficos cuando los intereses pesan más?
Francisco Suárez (Granada, 1548 – 1617), jesuita, enseñó en Salamanca y en otras universidades. Su Disputationes metaphysicae (1597) es una obra de 54 disputaciones, cada una casi una monografía sobre un tema, que recorre el ser en general y el ser finito e infinito; su estructura era nueva por su alcance. Entre sus tesis: que solo existen individuos, y que los universales son «entes de razón» fundados en la semejanza objetiva entre ellos. Sobre su influencia, hay que ser cuidadoso. La Stanford Encyclopedia señala que Leibniz lo citó como fuente de inspiración. Sobre Descartes, los estudiosos discrepan: hay trabajos que ven huellas de Suárez en las Meditaciones (por ejemplo en la discusión de la «falsedad material» y en las distinciones), y otros que recuerdan que no hay prueba de que Descartes lo conociera antes de 1640 y que sus textos de La Flèche no incluían la Metafísica de Suárez. En política, su De legibus (1612) sostiene que los seres humanos son libres y que las comunidades políticas nacen de un pacto y de un consentimiento; los intérpretes discuten cuánto pesa el consentimiento en su teoría. Su Defensio fidei (1613) se describe como la defensa más fuerte de la soberanía popular de su época.
Los salmantinos también pensaron en precios y dinero. Domingo de Soto (1494–1560), en De iustitia et iure (1553–54), y Luis de Molina (1535–1600) trataron la pregunta de qué es un precio justo. Su respuesta, en la versión de la Stanford Encyclopedia: el precio justo es el que sale de la «estimación común» de las personas en el mercado, no el que suman los costos ni el que necesita el comprador; y si hay fraude o monopolio, ya no es posible un precio justo. Antes, en 1544, Luis Saravia de la Calle había escrito que los precios vienen de la abundancia o la escasez de mercancías, de comerciantes y de dinero. Martín de Azpilcueta (1491–1586), el «Doctor Navarro», observó en el siglo XVI los efectos de la plata americana sobre los precios y formuló una versión temprana de la teoría cuantitativa del dinero: más dinero en circulación, precios más altos. Juan de Mariana (1536–1624) sostuvo que para cobrar impuestos o alterar la moneda hacía falta el consentimiento de la población.
¿Fueron los salmantinos fundadores de la economía? Joseph Schumpeter, en su Historia del análisis económico (1954), dijo que merecen contarse entre los fundadores de la economía como ciencia. Friedrich Hayek observó que la escuela rara vez aplicó esas ideas de forma sistemática. Esta disputa sigue abierta. Si estudias Microeconomía (34/14), verás la lógica de oferta y demanda detrás del simulador que sigue.
Modelo de juguete: precio = (compradores × dinero por comprador) ÷ mercancía que sale al mercado. Reúne las tres causas de Saravia de la Calle (mercancía, compradores, dinero). Las cifras son inventadas; la referencia es 100 compradores con 10 monedas y 200 unidades, es decir, 5.00 monedas por unidad. Los salmantinos no usaron ninguna fórmula.
Sin JavaScript: con 200 unidades, 100 compradores y 10 monedas cada uno, el precio de referencia es 5.00 monedas. Más compradores o más dinero lo suben; más mercancía lo baja; si un vendedor retiene parte de la mercancía, el precio sube, y para Molina ya no sería un precio justo.
Sor Juana y el derecho a saber
Sor Juana Inés de la Cruz (1648 o 1651–1695) no pudo entrar a la universidad por ser mujer, y entró a un convento que le dio lo único que necesitaba: una celda, tiempo y libros (su vida está en Sor Juana Inés de la Cruz: la décima musa, 20/01). En 1690 criticó un sermón del jesuita portugués Antônio Vieira, y el obispo de Puebla, Manuel Fernández de Santa Cruz, publicó su crítica y le escribió una carta firmada con el seudónimo de «Sor Filotea de la Cruz», en la que, con admiración, le aconsejaba dedicarse más a lo sagrado y menos a las letras profanas. La Respuesta a Sor Filotea de la Cruz, escrita el 1 de marzo de 1691 (se publicó por primera vez en 1700, en Madrid), es su defensa.
El texto es una autobiografía intelectual y un argumento. Su estructura, en pasos:
- Para entender bien la teología hay que subir los «escalones» de las ciencias y las artes humanas: lógica, retórica, física, historia, etcétera.
- San Pablo prohíbe a las mujeres hablar en las iglesias («mulieres in ecclesiis taceant»), pero esa prohibición se refiere al púlpito y a la enseñanza pública, no al estudio privado (lee a Pablo, con el teólogo Arce y con Eusebio, en este sentido restringido).
- La historia y la propia Iglesia muestran mujeres de gran saber: Débora que da leyes, la reina de Saba, Hipasia que enseñó astrología, y otras.
- Por tanto, que una mujer estudie no desafía a la Iglesia, la sirve.
Es un argumento hecho dentro de las reglas de su tiempo, con una cortesía que no le quita fuerza. Escribió allí una frase que se cita mucho: «Yo no estudio para escribir, ni menos para enseñar (que fuera en mí desmedida soberbia), sino sólo por ver si con estudiar ignoro menos». Y otra sobre la cocina: «Si Aristóteles hubiera guisado, mucho más hubiera escrito». Con ella dice que la filosofía natural se aprende también en lo cotidiano, y la dice con humor. Su poema Primero sueño (publicado en 1692) es una de las obras filosóficas en verso más ambiciosas del idioma, sobre el alma que intenta abarcar el universo de una sola mirada y no lo consigue.
Las objeciones y los límites. Primero, su razonamiento se mueve por completo en el marco católico de su tiempo: no discute la autoridad de la Iglesia, y por eso hay quien la lee como una estrategia, y quien la lee como una convicción. Segundo, en 1693–94 renunció a su biblioteca y a escribir; por qué lo hizo se discute (presión eclesiástica, una crisis espiritual u otras razones, según los intérpretes). Tercero, el título de «primera feminista de América» es una lectura retrospectiva: la entrada de la Stanford Encyclopedia sobre filosofía latinoamericana la considera, en retrospectiva, la primera feminista y filósofa de la región, pero es un juicio de hoy sobre un argumento de entonces.
Elige un argumento. Verás tres pasos con un hueco; escoge la premisa que lo completa.
Reconstrucciones de los argumentos de Vitoria (De Indis), Sor Juana (Respuesta), Ortega (Meditaciones del Quijote) y Dussel (Filosofía de la liberación), en palabras nuestras.
Sin JavaScript: Vitoria: los pueblos americanos tenían gobierno y propiedades; ni el pecado ni la falta de fe ni la supuesta irracionalidad quitan el dominio; luego la llegada no daba derecho alguno. Sor Juana: las ciencias son escalones hacia la teología; Pablo prohíbe hablar en público, no estudiar; luego estudiar sirve a la Iglesia. Ortega: toda vida mira desde una circunstancia; cada perspectiva capta algo real; la verdad completa suma perspectivas. Dussel: el sistema se da por supuesto; hay quienes quedan fuera; la ética parte de ellos.
Independencia y positivismo: Bello, Alberdi y la pregunta por una filosofía propia
Tras la independencia, la pregunta política (¿cómo se funda un Estado?) y la filosófica (¿con qué ideas?) fueron la misma. Andrés Bello (Caracas, 1781 – Santiago, 1865), a quien ya conoces como redactor del Código Civil chileno de 1855 (en Derecho comparado en América Latina y Europa, 34/31), escribió también los Principios de derecho de gentes (1832), una Gramática (1847) y una Filosofía del entendimiento, que se publicó en 1881, en sus Obras completas, tras su muerte. Fue el primer rector de la Universidad de Chile, fundada en 1842.
Juan Bautista Alberdi (Tucumán, 1810 – Neuilly-sur-Seine, 1884) planteó la pregunta de forma explícita en Ideas para presidir a la confección del curso de filosofía contemporánea (1842). Su tesis, según los estudios sobre el texto: si no hay soluciones universales a los problemas que la filosofía plantea, tampoco hay una filosofía universal; las soluciones dependen del sujeto, la época y la nación, y una filosofía contemporánea debe responder a los problemas de su momento. Gaos llamó la atención sobre el texto en 1945, al considerar que Alberdi decía allí mejor que nadie lo que debía ser el pensamiento de la América hispana. Alberdi llevó esa idea a la política: en las Bases y puntos de partida para la organización política de la República Argentina (1852) escribió su lema «gobernar es poblar», y la Constitución argentina de 1853 se redactó sobre el texto de las Bases (véase Las constituciones de América Latina, 18/06).
A mediados del siglo XIX llegó el positivismo, de Comte y Spencer, con el lema «orden y progreso» que aún está en la bandera de Brasil. En México lo representó Gabino Barreda (1818–1881), cuya Oración cívica (Guanajuato, 16 de septiembre de 1867) acompañó una reforma educativa que sacó la teología y la filosofía especulativa de los programas públicos. El positivismo se convirtió en filosofía oficial de varios Estados y, en México, sirvió para justificar una dictadura (el porfiriato). La reacción llegó con el Ateneo de la Juventud, un grupo de jóvenes de la Ciudad de México del que fueron figuras Antonio Caso y José Vasconcelos, que criticaron el positivismo. Leopoldo Zea estudió esa historia en El positivismo en México (1943).
España en el siglo XX: Unamuno, Ortega, Zambrano, Zubiri y el exilio
Miguel de Unamuno (Bilbao, 1864 – Salamanca, 1936) escribió En torno al casticismo (1895) y Del sentimiento trágico de la vida (1912). Esta última obra empieza con una decisión de método: la filosofía debe partir del «hombre de carne y hueso», el que nace, sufre y muere, y no de un Hombre abstracto. Su tesis es que la razón no puede demostrar la inmortalidad, y que el deseo de no morir no se deja argumentar hasta que desaparezca; de esa tensión entre corazón y cabeza viene el «sentimiento trágico». Su obra es más un estilo de pensar, a veces paradójico, que un sistema, y eso le valió tanto admiración como el reproche de que no argumentaba, sino que predicaba.
José Ortega y Gasset (Madrid, 1883–1955) fundó la Revista de Occidente en 1923 y la dirigió hasta 1936. Ganó la cátedra de metafísica de la Universidad Central en 1910, tras estudiar en Alemania. En Meditaciones del Quijote (1914) escribió la frase más citada de la filosofía en español: «Yo soy yo y mi circunstancia, y si no la salvo a ella no me salvo yo». Su argumento, el perspectivismo:
- Nadie ve la realidad desde ningún lugar: toda vida mira desde una circunstancia, un punto de vista propio.
- Cada perspectiva capta una parte real de la verdad, que puede contradecir a las demás, y no es falsa solo por ser parcial.
- Por tanto, la verdad completa solo aparece sumando perspectivas, y el error está en creer que la propia es la única.
Ortega aclaró que no era subjetivismo. De ahí pasó a la razón vital (la vida humana como realidad radical, en lugar de la «razón pura» cartesiana) y, en cursos como Ideas y creencias (Buenos Aires, 1940) y Sobre la razón histórica (Lisboa, 1944), a la razón histórica. Su La rebelión de las masas (1929–30) describe al «hombre-masa» y sostiene que el progreso lo hacen minorías; es su idea más discutida, porque se lee como desconfianza hacia la democracia de masas. Salió de España en 1936 y regresó en 1945; murió en Madrid en 1955. Los especialistas discrepan en cuánto de su obra es filosofía alemana (la fenomenología) dicha en español, como sostenían Nelson Orringer o Ciriaco Morón Arroyo, y cuánto es original; Harold Raley sostiene que abandonó la fenomenología casi enseguida.
María Zambrano (Vélez-Málaga, 1904 – Madrid, 1991) estuvo ligada al círculo de Ortega y de la Revista de Occidente y fue auxiliar de Zubiri en la Universidad Central (1931–35). Cruzó a Francia el 28 de enero de 1939 y vivió más de cuatro décadas de exilio: México, Cuba, Puerto Rico, Italia, Francia y Suiza, hasta volver a España el 20 de noviembre de 1984. En Morelia (México) escribió en 1939 Filosofía y poesía, publicada por la Universidad Michoacana ese mismo año. Su argumento: desde Platón, la filosofía se definió separándose de la poesía, y eso le costó algo. La filosofía busca lo uno y el método; la poesía se entrega a lo concreto y lo múltiple. Zambrano propone la razón poética, una razón mediadora que no desprecia la heterogeneidad del mundo, sino que la recoge. Recibió el Premio Príncipe de Asturias en 1981 (primera edición) y fue la primera mujer en ganar el Premio Cervantes, en 1988. La objeción habitual: ¿es esto un argumento o una forma de ensayo? Ella respondería que esa pregunta presupone justo la separación que cuestiona.
Xavier Zubiri (San Sebastián, 1898 – Madrid, 1983) es el más técnico de los cuatro. En Sobre la esencia (1962–63) y en la trilogía Inteligencia sentiente (Inteligencia y realidad, 1980; Inteligencia y logos, 1982; Inteligencia y razón, 1983), sostiene que sentir y entender no se pueden identificar ni separar: son dos momentos de un solo acto de aprehensión, por el cual captamos las cosas como reales «de suyo». A la primera captación la llama aprehensión primordial de realidad; las preguntas sobre qué es la realidad más allá de esa aprehensión vienen después, con el logos y la razón. Tras la guerra civil aceptó la cátedra de filosofía de Barcelona, pero pidió licencia alegando falta de libertad de pensamiento, y desde entonces dio cursos privados, sobre todo en Madrid. Para quien estudia Epistemología (34/69), es una alternativa a la separación entre sensibilidad y entendimiento que Kant hizo famosa.
El exilio de 1939 fue una de las grandes migraciones intelectuales del siglo. José Gaos (Gijón, 1900 – Ciudad de México, 1969), que se consideraba el discípulo más cercano de Ortega, llegó a México en 1938, obtuvo la nacionalidad mexicana en 1941, se llamó a sí mismo «transterrado» y a México su «patria de destino». Tradujo Ser y tiempo de Heidegger al español (El ser y el tiempo, 1951), formó a una generación (Leopoldo Zea fue su alumno) y reunió en 1945 la Antología del pensamiento en lengua española en la edad contemporánea. Joaquín Xirau, otro exiliado, publicó Amor y mundo (1940) en El Colegio de México. El exilio cambió la filosofía mexicana tanto como la española.
América Latina en el siglo XX: de Mariátegui a la filosofía de la liberación
La pregunta que dejaron Bello y Alberdi, ¿cuál es nuestra filosofía?, se volvió central. En México, Samuel Ramos publicó Perfil del hombre y la cultura en México (1934), y el Grupo Hiperión (1948–1952, con Emilio Uranga, Luis Villoro y Leopoldo Zea) se propuso analizar «el ser del mexicano» (Uranga, 1952). En Perú, José Carlos Mariátegui (Moquegua, 1894 – Lima, 1930) fundó la revista Amauta (1926) y publicó Siete ensayos de interpretación de la realidad peruana (1928), donde sostiene que el problema del indígena es, en el fondo, el de la tierra y el poder del gamonal (el terrateniente local), que vuelve inútiles las leyes de protección. Fue un marxista heterodoxo: pensó que el esquema de etapas económicas de Marx, hecho sobre Europa, no se aplicaba tal cual al Perú, aunque el socialismo era para él el único camino. Rompió con Haya de la Torre en 1928 por razones de táctica política; en 1929 el representante de la Comintern para América Latina condenó sus posiciones. Su descripción de los indígenas peruanos como comunistas «naturales» es una tesis que se ha discutido.
El gran debate fue el de 1968–69. El peruano Augusto Salazar Bondy (Lima, 1925–1974) publicó ¿Existe una filosofía de nuestra América? (1968, México, Siglo XXI; nació de una conferencia de despedida en la Universidad de Kansas). Su tesis: la filosofía latinoamericana ha sido imitativa y «anatópica» (fuera de lugar) por la dominación económica e ideológica que sufre la región; solo será auténtica si ayuda a superar esa dependencia. Leopoldo Zea respondió en 1969 con La filosofía americana como filosofía sin más: preguntar si es original o auténtica es irrelevante, porque una filosofía no deja de serlo por pensar desde sus circunstancias. Para Zea la verdad es perspectival (una idea que recuerda a Ortega, de quien Gaos, el maestro de Zea, fue discípulo), y la tarea es tomar en serio el problema del hombre latinoamericano. La polémica terminó, según Cerutti, cuando Zea escribió un artículo tras la muerte de Salazar Bondy en 1974, pero la discusión de fondo sigue.
Sin JavaScript: Salazar Bondy sostuvo que nuestra filosofía fue imitativa por la dependencia; Zea, que la pregunta por su originalidad sobra y que es «filosofía sin más»; Dussel, que la filosofía debe partir de los excluidos y que la modernidad nace en 1492; Kusch, que el pensamiento popular americano se funda en el estar.
De este debate nació la filosofía de la liberación. Empezó a comienzos de los años setenta con Arturo Andrés Roig (Mendoza, 1922–2012), Horacio Cerutti-Guldberg y Enrique Dussel. Roig escribió Teoría y crítica del pensamiento latinoamericano (1981) y, durante la dictadura argentina, se exilió en Ecuador, donde fundó un instituto de estudios latinoamericanos. Enrique Dussel (La Paz, Mendoza, 1934 – Ciudad de México, 2023) fue expulsado de la Universidad Nacional de Cuyo en 1975 y salió al exilio en México ese año. Su argumento, en pocas palabras:
- Una filosofía hecha desde los centros de poder toma como dado el sistema existente, lo que él llama la «totalidad».
- Pero hay personas que ese sistema deja fuera (el pobre, el colonizado, la mujer, el indígena), y su reclamo viene desde fuera del sistema, desde su «exterioridad».
- Por tanto, el punto de partida ético es el rostro de quien queda fuera, no el sistema.
Dussel tomó de Emmanuel Levinas la idea del Otro; su lectura de Totalidad e infinito lo llevó, dice, a despertar del «sueño ontológico» heideggeriano. Propuso un método, la analéctica, como superación de la dialéctica hegeliana (Método para una filosofía de la liberación, 2.ª ed. 1974). En 1492: el encubrimiento del Otro (1992) sostuvo que la modernidad empieza en 1492, con España como primer Estado moderno y América Latina como su primer territorio colonial, y en la Ética de la liberación (1998) desarrolló su teoría. Las críticas: Cerutti-Guldberg señaló desacuerdos internos del movimiento, y Vargas (2005) sostiene que el movimiento mismo es eurocéntrico. Otros preguntan si «el Otro» es una categoría lo bastante precisa para construir sobre ella una teoría normativa, y si se puede poner a prueba. En ese diálogo participa también la pedagogía de Paulo Freire (Recife, 1921 – São Paulo, 1997), cuya Pedagogia do oprimido (escrita en 1968, edición en inglés de 1970, publicada en Brasil recién en 1984) critica la «educación bancaria», en la que el saber se deposita en estudiantes pasivos, y propone la «concientización» en un diálogo entre iguales. Freire escribió en portugués; su inclusión aquí muestra que esta tradición cruza lenguas.
Por último, Rodolfo Kusch (Buenos Aires, 1922 – Maimará, 1979) estudió el pensamiento indígena y popular de los Andes. En América profunda (1962) y El pensamiento indígena y popular en América (1971) distinguió dos actitudes: el ser, ligado a la racionalidad europea moderna (ser alguien, ser una cosa), y el estar, ligado a la cultura americana (estar en un lugar, habitarlo). Su fórmula es el «estar siendo», que según algunos estudios sobrevive sobre todo en los sectores populares, mestizos incluidos, y no solo entre los indígenas. Un estudio señala que la palabra andina utcatha expresa el sentido de «estar» mejor que el español. Según su biografía, fue perseguido y censurado durante la dictadura de Lonardi (1955) y se exilió en Bolivia y luego en Perú.
Filosofía analítica en español: Rabossi, Bunge, Alchourrón y el Instituto de la UNAM
No toda la filosofía en español es ensayo. En la segunda mitad del siglo XX nació una tradición analítica, que trabajó con las herramientas de Lógica y argumentación (34/67), Filosofía de la ciencia (34/72) y Filosofía del lenguaje (34/73). En México, la filosofía analítica se estudia desde principios de los años sesenta. La revista Crítica, creada en 1967, y el Instituto de Investigaciones Filosóficas de la UNAM se convirtieron, hacia fines de esa década, en el principal centro de filosofía analítica del país y de América Latina. Alejandro Rossi publicó Lenguaje y significado (1969) y Luis Villoro, Creer, saber, conocer (1982), un análisis del conocimiento que dialoga con el problema que ves en Epistemología (34/69).
En Argentina, la Sociedad Argentina de Análisis Filosófico (SADAF) se fundó el 8 de abril de 1972; entre sus fundadores están Eduardo Rabossi, Eugenio Bulygin, Genaro Carrió, Alberto Coffa, Gregorio Klimovsky, Raúl Orayen y Thomas Moro Simpson. Su revista, Análisis Filosófico (desde 1981), fue la primera argentina dedicada solo a la filosofía analítica. Eduardo Rabossi (Buenos Aires, 1930 – Cusco, 2005), pionero de esa tradición, escribió sobre filosofía de la mente (Filosofía de la mente y ciencia cognitiva, 1995) y fue miembro de la CONADEP, la comisión que investigó las desapariciones de la dictadura y cuyo trabajo se recogió en el informe Nunca más. Esa doble vida, entre un seminario y una comisión de derechos humanos, dice algo sobre cómo la filosofía analítica se enlazó con la vida pública.
Carlos Alchourrón (1931–1996) trabajó en lógica y filosofía del derecho; con Peter Gärdenfors y David Makinson publicó en 1985 «On the Logic of Theory Change», el artículo que dio origen a la teoría AGM (por sus iniciales) de la revisión de creencias: un conjunto de postulados que debe cumplir cualquier forma racional de cambiar de creencias ante nueva información. Es un caso claro de aporte hispano a la lógica contemporánea.
Mario Bunge (Argentina, 1919 – Montreal, 2020), físico y filósofo, enseñó en La Plata y Buenos Aires, y tras el golpe de 1966 se instaló en Montreal, donde enseñó lógica y metafísica en McGill. Su Treatise on Basic Philosophy (ocho tomos) cubre semántica, ontología, epistemología, metodología y ética. Defendió el realismo científico, el materialismo emergentista y el «sistemismo», y criticó con dureza las pseudociencias (el psicoanálisis, la homeopatía), pero también el existencialismo (Heidegger), la fenomenología, la hermenéutica y el posmodernismo. Recibió el Premio Príncipe de Asturias en 1982. Entre sus libros en español está La ciencia, su método y su filosofía (1960). Su crítica de tradiciones enteras provocó tanta discusión como adhesión.
La filosofía colonial también tiene su historia. El mexicano Mauricio Beuchot (nacido en 1950) publicó Historia de la filosofía en el México colonial (Herder, 1996) y desarrolló la hermenéutica analógica, una propuesta de interpretación que busca un camino entre una lectura única (unívoca) y la relativista (equívoca), influida por el método analéctico de Dussel y por la idea de analogía de Peirce.
Pensamientos indígenas y el buen vivir
La filosofía en español convive con pensamientos que no se escribieron en español. Hay buena evidencia de reflexión filosófica o protofilosófica en las grandes civilizaciones precolombinas, aunque los textos que sobreviven son fragmentarios y de tono religioso, y los estudiosos discrepan sobre si cuentan como filosofía. El caso más conocido: Miguel León-Portilla (Ciudad de México, 1926–2019) sostuvo, en La filosofía náhuatl estudiada en sus fuentes (de mediados de los años cincuenta), que los tlamatinime («los que saben algo»), sabios nahuas, se hacían preguntas y buscaban entender el mundo de modo comparable a la filosofía, aunque los mexicas no tuvieran «filosofía» en el sentido moderno. Es un libro polémico por la propia palabra «filosofía»: algunos lo critican como anacrónico, otros cuestionan cómo se reconstruyeron las fuentes. James Maffie, en Aztec Philosophy (2014), sostiene que los aztecas no solo tenían una filosofía, sino que hacían filosofía, y discute con la lectura de León-Portilla. El debate sigue vivo.
El caso más reciente es constitucional. La Constitución de Ecuador (aprobada en referéndum en 2008) dice en su preámbulo que el pueblo decide construir una sociedad «para alcanzar el buen vivir, el sumak kawsay», y celebra «a la naturaleza, la Pacha Mama, de la que somos parte». Su artículo 71 reconoce que «la naturaleza o Pacha Mama, donde se reproduce y realiza la vida, tiene derecho a que se respete integralmente» su existencia, y el artículo 275 dice que el régimen de desarrollo debe servir al buen vivir. La Constitución de Bolivia (2009) declara en su artículo 8 que el Estado asume y promueve como principios ético-morales de la sociedad plural el suma qamaña (vivir bien), el ñandereko (vida armoniosa), el teko kavi (vida buena), el ivi maraei (tierra sin mal) y el qhapaj ñan (camino o vida noble). Dos constituciones, dos listas, una idea compartida: que el bienestar no se mide solo en bienes, y que la naturaleza es sujeto de derechos o parte de la comunidad.
¿Qué es lo que se discute? Primero, el origen: según las revisiones académicas, el origen del concepto se ha debatido mucho, y los estudiosos distinguen tres versiones (una ecosocialista y estatista, otra posdesarrollista y ecologista, y otra indigenista y culturalista). Segundo, la traducción: hay autores que sostienen que traducir sumak kawsay (en quichua, una vida plena en comunidad con otras personas y con la naturaleza) como «buen vivir» no es lo mismo, y que hacerlo sería un acto de neocolonialismo lingüístico. Tercero, la práctica: hay trabajos que lo analizan como un horizonte para ir más allá del extractivismo, y otros sobre resistencias andinas a proyectos mineros (Quimsacocha, en Ecuador; Conga, en Perú) en nombre del sumak kawsay. La pregunta de fondo para un filósofo es doble: si un concepto de una tradición indígena puede traducirse a un artículo constitucional sin cambiar de sentido, y si puede usarse como criterio para evaluar políticas.
Lo que un graduado ve sin pensarlo
- La filosofía en español no es un apéndice de la europea: Vitoria y Suárez estaban en el centro de la discusión de su época, y el derecho de gentes nació en parte allí.
- Un mismo texto (el de Vitoria) puede leerse como defensa de los pueblos americanos o como justificación de intervenir; leer bien incluye saber que ambas lecturas existen.
- Sor Juana no discutió la autoridad de la Iglesia: usó sus propias reglas para defender el derecho a estudiar.
- «Yo soy yo y mi circunstancia» es un argumento sobre las perspectivas, no un eslogan sobre el yo.
- El exilio de 1939 hizo de México un centro de la filosofía en español, y de Gaos, un puente.
- La pregunta «¿hay una filosofía latinoamericana?» fue un debate real en 1968–69, con argumentos de ambos lados.
- La filosofía analítica en español existe y ha hecho aportes formales (la teoría AGM) y públicos (Rabossi en la CONADEP).
- Cuando un concepto indígena entra en una constitución (el buen vivir), la filosofía pregunta qué cambia al traducirlo.
Dónde aparece después
- Ética (34/68): Vitoria y la guerra justa, Sor Juana y el derecho a saber, la ética de la liberación de Dussel.
- Epistemología (34/69): Zubiri y la inteligencia sentiente, Villoro y el análisis del conocimiento, el perspectivismo de Ortega.
- Metafísica (34/70): Suárez y los individuos, Zubiri y la realidad «de suyo».
- Derecho internacional y derechos humanos (34/11) y Teoría política (34/09): el derecho de gentes, la soberanía popular de Suárez, Alberdi y la Constitución de 1853.
- Filosofía de la ciencia (34/72): Bunge y el realismo científico, la teoría AGM.
- Filosofía contemporánea (34/78): el giro decolonial, el debate sobre el canon, el Levinas que está detrás de Dussel.
- En el mundo: las constituciones de Ecuador y Bolivia, el trabajo de las comisiones de la verdad, la educación popular de Freire, la hermenéutica analógica de Beuchot.
Si quieres profundizar
- 📘 Texto primario gratis (en español). Sor Juana, Respuesta a Sor Filotea de la Cruz (texto completo en Marxists Internet Archive, que la fecha en 1692 por error: la carta es del 1 de marzo de 1691). Es corta, vivaz y se lee entera en una tarde.
- 📘 Libro gratis (en español). Josef Estermann, Curso integral de filosofía desde América Latina. Tomo II: Historia de la filosofía (Quito, Abya-Yala, 2001), en PDF con licencia Creative Commons en el repositorio de la Universidad Politécnica Salesiana.
- 📘 Libros primarios (en español; consulta la edición de tu biblioteca). José Ortega y Gasset, Meditaciones del Quijote (1914); María Zambrano, Filosofía y poesía (Morelia, 1939); Leopoldo Zea, La filosofía americana como filosofía sin más (1969); Enrique Dussel, Filosofía de la liberación (1977); Miguel de Unamuno, Del sentimiento trágico de la vida (1912); José Carlos Mariátegui, Siete ensayos de interpretación de la realidad peruana (1928).
- 📘 Una historia (en español). Mauricio Beuchot, Historia de la filosofía en el México colonial (Herder, 1996), para el periodo de Vitoria a Sor Juana visto desde la Nueva España.
- 🌐 Texto gratis (en inglés). La Stanford Encyclopedia of Philosophy tiene entradas sobre la Escuela de Salamanca, Francisco Suárez, la filosofía en México y la filosofía latinoamericana.
- 🌐 Constituciones gratis (en español). Los textos de Ecuador y de Bolivia en Constitute, para leer el buen vivir en el original.
La filosofía en español no es un museo ni un orgullo, es una conversación con argumentos. Vitoria sostuvo que ni el pecado ni la falta de fe quitan el dominio, y que la conquista necesitaba títulos que casi ninguno resistía; sus críticos advierten que los títulos que aceptó también se pudieron usar para intervenir. Sor Juana defendió que estudiar sirve a la Iglesia. Ortega dijo que la verdad se arma sumando perspectivas, y Zambrano, que a la razón le falta la poesía. En América Latina, Salazar Bondy y Zea discutieron si la filosofía puede ser a la vez propia y real, y Dussel la hizo partir de quien el sistema deja fuera. Y la filosofía analítica en español hizo aportes concretos, de la teoría AGM a la comisión que escribió Nunca más.
Prueba esto: elige un autor de esta pieza y escribe su argumento en tres frases: premisa, premisa, conclusión. Luego escribe la objeción más fuerte que se le ha hecho. Si no puedes escribirla, relee su sección: te falta la parte más interesante.
Fuentes. Stanford Encyclopedia of Philosophy: «The School of Salamanca», «Francisco Suárez», «Philosophy in Mexico», «Latin American Philosophy». Wikipedia en español y en inglés: Francisco de Vitoria, Controversia de Valladolid, Respuesta a Sor Filotea de la Cruz, José Ortega y Gasset, María Zambrano, Xavier Zubiri, José Gaos, Leopoldo Zea, Augusto Salazar Bondy, Enrique Dussel, Arturo Andrés Roig, Rodolfo Kusch, Mario Bunge, Eduardo Rabossi, Sociedad Argentina de Análisis Filosófico, Mauricio Beuchot, Miguel León-Portilla, José Carlos Mariátegui, Andrés Bello, Juan Bautista Alberdi, Paulo Freire, Philosophy of liberation. Textos: Sor Juana, Respuesta a Sor Filotea de la Cruz (1691); Ortega, Meditaciones del Quijote (1914); Constitución de Ecuador de 2008 (rev. 2021: preámbulo y arts. 14, 71, 275) y Constitución de Bolivia de 2009 (preámbulo y arts. 1 y 8), en Constitute. Estudios consultados: sobre el debate Salazar Bondy–Zea (reseñas de la polémica de 1968–69); sobre Suárez y Descartes (trabajos de Gaukroger, Crîșmăreanu y otros); sobre el origen del buen vivir (Gudynas y otros); sobre León-Portilla y Maffie (Aztec Philosophy, 2014). Anthony Anghie, Imperialism, Sovereignty and the Making of International Law (2004). Las fechas de nacimiento de Vitoria varían entre fuentes.
- 📘 Sor Juana, Respuesta a Sor Filotea de la Cruz (gratis, en español)
- 📘 Estermann, Curso integral de filosofía desde América Latina, tomo II (gratis, en español)
- 🌐 Stanford Encyclopedia: Escuela de Salamanca (gratis, en inglés)
- 🌐 Stanford Encyclopedia: filosofía latinoamericana (gratis, en inglés)
- 🌐 Constitución de Ecuador en Constitute (gratis)
- 📘 Beuchot, Historia de la filosofía en el México colonial