Ir al contenido

Grabado, ilustración y fotografía: la imagen que se multiplica

Xilografía, buril, aguafuerte, aguatinta, litografía y fotografía: cómo se hace cada una, cómo reconocerla en una hoja impresa y qué cambió en el mundo cuando una imagen dejó de ser única.

26 min de lecturaA fondoInteractiva

En mayo de 1515 llegó a Lisboa un rinoceronte indio, enviado desde Guyarat por el gobernador portugués de la India, Afonso de Albuquerque, al rey Manuel I de Portugal. En Europa nadie había visto uno vivo desde la Antigüedad. Albrecht Durero, en Núremberg, a más de dos mil kilómetros, tampoco lo vio nunca: trabajó con una carta y un boceto que llegaron desde Lisboa. Con eso dibujó el animal, y a partir del dibujo se talló una plancha de madera. La estampa que salió de esa madera se imprimió una y otra vez durante siglos. Durero le puso placas como de armadura remachada, escamas en las patas y un pequeño cuerno retorcido sobre el lomo, que ningún rinoceronte tiene. Hasta finales del siglo XVIII, mucha gente en Europa creyó que los rinocerontes eran así. Una imagen equivocada, pero multiplicada, pesó más que la realidad.

De eso trata esta materia. El grabado y la fotografía son artes del múltiplo. Una pintura es un objeto único; una estampa o una fotografía existen en decenas, miles o millones de ejemplares casi idénticos que viajan, se venden baratos, ilustran libros y periódicos y forman la idea que tenemos de lugares y sucesos que nunca veremos. Para entenderlas hay que aprender dos cosas: cómo se fabrica cada una, porque la técnica deja huellas que se pueden leer, y qué ocurre con una imagen cuando se copia, se reimprime y circula.

La materia en una caja
Quién la cursa
Estudiantes de Historia del Arte en el tercer año; también estudiantes de Bellas Artes (que suelen tener taller de grabado), Diseño, Comunicación, Periodismo y Conservación.
Para qué sirve
Para identificar la técnica de una estampa con una lupa, leer los datos de una hoja (estado, edición, pie de imprenta), entender por qué un museo puede tener «el mismo» grabado varias veces y saber qué hizo la fotografía a la pintura, a la prensa y a la noción de prueba.
Viene después de
Cómo mirar una obra de arte (34/99), que presenta las técnicas y el vocabulario de la descripción. Se apoya en De Goya al Impresionismo: el siglo XIX (34/106) para Goya y Daumier y en Arte de Asia, África y Oceanía (34/105) para la estampa japonesa.
Lleva a
Las vanguardias y el arte moderno (34/107), donde la fotografía libera a la pintura de copiar y el collage pega papel impreso en el cuadro, y Arte contemporáneo, museos y mercado (34/109), donde la copia, la edición y el original son preguntas del mercado.
Qué te da esta pieza
Las técnicas explicadas paso a paso, nueve imágenes de dominio público que se pueden mirar de cerca, los grandes nombres (Durero, Rembrandt, Goya, Daumier, Posada, Hokusai, Niépce, Daguerre, Talbot) y los comienzos de la fotografía en España y América Latina, con fechas comprobadas.

La matriz y sus copias: relieve, hueco y plano

Todo grabado tiene una matriz: la tabla de madera, la plancha de metal o la piedra en la que el artista trabaja. Se entinta la matriz, se pone encima un papel húmedo y se aplica presión; el papel recoge la tinta. Cada hoja impresa se llama estampa, prueba o impresión. Todas las técnicas se ordenan en tres familias según dónde queda la tinta:

  • En relieve: se quita con gubias y cuchillas lo que debe quedar blanco, y se entinta lo que queda en alto. Es la xilografía (grabado en madera) y su pariente moderno, el grabado en linóleo. Funciona como un sello.
  • En hueco (en inglés, intaglio): se abren surcos en una plancha de metal, normalmente cobre; se entinta toda la plancha, se limpia la superficie y la tinta queda solo dentro de los surcos. Hace falta un tórculo, una prensa de rodillo con mucha presión, para que el papel entre en los surcos. Son el buril, la punta seca, el aguafuerte, la aguatinta y la manera negra, que inventó hacia 1642 el alemán Ludwig von Siegen.
  • En plano: la matriz no tiene ni relieve ni surcos. Es la litografía, que funciona porque la grasa y el agua se repelen.

Tres palabras más hacen falta para leer una ficha. El estado es cada etapa de la matriz que se imprimió: si el artista vuelve a trabajar la plancha después de sacar pruebas, las nuevas son de otro estado, y los catálogos los numeran («cuarto estado de cinco»). La edición o tirada es el conjunto de estampas impresas en una misma campaña, que puede ocurrir décadas después de la muerte del autor. Y la huella de la plancha es el borde rehundido que deja en el papel una plancha de metal apretada por el tórculo: si lo ves, sabes que es grabado en hueco. Recuerda también que la matriz se trabaja al revés: lo que se graba a la derecha sale a la izquierda, y cualquier texto hay que escribirlo en espejo.

El grabado en madera es mucho más antiguo en Asia que en Europa. El libro impreso con fecha más antiguo que se conserva es un Sutra del diamante chino del año 868, impreso con tablas de madera. En Europa, las xilografías aparecen hacia 1400, antes que la imprenta de tipos móviles de Gutenberg. Y en América, el primer impresor documentado, Juan Pablos, un lombardo al servicio de un taller de Sevilla, empezó a imprimir en la Ciudad de México en 1539.

Interactivo · Cómo imprime cada técnica
1 de 4

Corte transversal esquemático, no a escala: la matriz se ve de lado y la tinta en azul. Las descripciones siguen la lista de técnicas de arte gráfico de la Calcografía Nacional de Madrid y los artículos citados al final.

La xilografía y el buril: Durero y el rinoceronte que nunca vio

En la Europa del siglo XV la estampa era la imagen barata por excelencia: santos, naipes, calendarios, ilustraciones de libros. El dibujo lo hacía un artista y la talla de la madera, muchas veces, un artesano especializado, el formschneider o tallista. La madera se corta en tablas al hilo, a lo largo de la veta, y eso marca las líneas: es difícil tallar líneas finas que se crucen, y los negros tienden a ser masas planas.

Estampa en blanco y negro de un rinoceronte de perfil hacia la izquierda, con el cuerpo cubierto de placas como de armadura, unidas con remaches, patas escamosas, un cuerno grande sobre la nariz y otro pequeño y retorcido sobre la espalda. Encima, un texto impreso en alemán y la fecha 1515 con el monograma de Durero.
Albrecht Durero, El rinoceronte, 1515. Xilografía, imagen de 23.8 × 30.1 cm. Cleveland Museum of Art. Cleveland Museum of Art · CC0 (dominio público)

Mira el animal como un mapa de decisiones. Las placas del cuerpo están separadas por bordes dobles con filas de remaches; en el cuello hay una especie de gorguera; las patas están cubiertas de escamas como de reptil; y sobre los hombros aparece un segundo cuerno, pequeño y retorcido. Nada de eso existe: es la manera en que Durero entendió una descripción escrita, con el lenguaje visual que conocía, el de las armaduras de su tiempo. El texto de arriba, en alemán, mezcla la noticia con lo que contaba Plinio el Viejo sobre el rinoceronte y se equivoca de año (dice 1513). Fíjate también en la técnica: las líneas paralelas que modelan el volumen son rectas o curvas suaves, sin cruzarse, porque así lo permite la madera. La estampa conoció ocho ediciones y circuló más de dos siglos; el animal real se ahogó poco después en un naufragio frente a la costa de Liguria, cuando lo enviaban como regalo al papa León X. Hans Burgkmair hizo en Augsburgo una versión más fiel del mismo animal, de la que se conserva un solo ejemplar: la exactitud no le bastó para circular.

El buril es lo contrario: una herramienta de acero de punta en forma de rombo que el grabador empuja sobre una plancha de cobre y levanta virutas de metal. La línea de buril empieza fina, se ensancha con la presión y termina afilada, y permite tramas muy finas de líneas cruzadas. Apareció en el sur de Alemania en la década de 1430, salió de los talleres de orfebres y alcanzó su perfección con Martin Schongauer, el propio Durero y el holandés Lucas van Leiden. Durante siglos, el buril sirvió sobre todo para el grabado de reproducción: copiar pinturas famosas para que se conocieran lejos de su sitio. Gran parte de lo que los artistas de América y de Europa sabían de Rafael o de Rubens lo sabían por estampas.

Aguafuerte y aguatinta: de Rembrandt a Goya

En el aguafuerte el artista no corta el metal: lo dibuja. Cubre la plancha con un barniz que resiste el ácido, dibuja con una aguja que levanta el barniz y deja el metal al aire, y sumerge la plancha en ácido, que «muerde» las líneas descubiertas. Cuanto más tiempo actúa, más profunda y más negra sale la línea, y tapando partes con barniz entre un baño y otro se obtienen líneas de varios grosores. La técnica nació para decorar armaduras de hierro; Daniel Hopfer, de Augsburgo, la llevó al papel hacia 1500, y el aguafuerte fechado más antiguo es de Durero, de 1515. Como la aguja corre sobre el barniz sin esfuerzo, la línea es libre como la de un dibujo, y sus extremos son romos, no afilados como los del buril. La punta seca raya el cobre directamente con una aguja: el metal levantado a los lados del surco, la rebaba, retiene tinta y da una línea aterciopelada, pero se gasta en pocas impresiones.

Estampa muy oscura. En el centro, Cristo crucificado, iluminado por un haz de luz vertical que cae desde arriba; a la izquierda, otro crucificado y jinetes, uno de ellos con un sombrero alto; a la derecha, una masa de figuras se pierde en la sombra. Todo está hecho con miles de rayas verticales y diagonales.
Rembrandt van Rijn, Cristo crucificado entre los dos ladrones (Las tres cruces), 1653 – hacia 1660. Punta seca, cuarto estado de cinco; hoja de 37.5 × 44 cm. Cleveland Museum of Art. Cleveland Museum of Art · CC0 (dominio público)

Rembrandt grabó Las tres cruces en 1653 y la siguió transformando durante años. Esta impresión es de su cuarto estado, el de los cambios más radicales: casi toda la escena se hunde en la oscuridad, la luz cae en un cono estrecho sobre Cristo, la Virgen y el grupo que la rodeaba casi desaparecen, se borran jinetes y aparece uno nuevo con un sombrero alto, a la izquierda de la cruz central. Mira la superficie con detalle: las sombras son cortinas de rayas verticales y diagonales, muy apretadas, y su negro tiene un borde borroso, aterciopelado: es la rebaba de la punta seca. Una estampa no es una foto de un estado final: es una etapa de un proceso, y cada estado cuenta otra versión de la historia.

La aguatinta resolvió un problema que la línea no resuelve: el tono, la mancha uniforme de gris, como una aguada de tinta. Se espolvorea la plancha con polvo de resina, que se funde con calor y queda pegado en granitos; el ácido muerde entre los granos y deja una superficie porosa que retiene tinta. Cuanto más tiempo de mordida, más oscuro el tono. Se conocía desde el siglo XVII, se difundió en Francia en la década de 1760 y el nombre inglés, aquatint, viene del pintor Paul Sandby.

Estampa con un hombre dormido, sentado y echado sobre una mesa, con la cabeza oculta entre los brazos. Detrás de él se levantan búhos y murciélagos que salen de la oscuridad; a sus pies hay un lince echado. En el frente de la mesa se lee la frase El sueño de la razón produce monstruos. Alrededor se ve el borde rehundido de la plancha.
Francisco de Goya, El sueño de la razón produce monstruos, lámina 43 de Los Caprichos, 1799; impresión de la segunda edición, hacia 1855. Aguafuerte y aguatinta. Cleveland Museum of Art. Cleveland Museum of Art · CC0 (dominio público)

Aquí trabajan las dos técnicas juntas, y puedes separarlas. Las líneas, que dibujan la figura, los pliegues de la ropa, las alas y los ojos de los búhos, son de aguafuerte. Los grises lisos, como el fondo que va oscureciéndose hacia arriba o la sombra bajo la mesa, son de aguatinta: si te acercas, verás que no están hechos de rayas sino de un grano fino. Mira también el borde: alrededor de la imagen hay un rectángulo rehundido, la huella de la plancha. Y lee la fecha de la ficha con atención: Goya grabó la lámina en 1799, pero esta hoja se imprimió hacia 1855, en la segunda edición, cuando el pintor llevaba casi treinta años muerto. Goya pensó esta estampa como portada de la serie; la frase está escrita en el frente de la mesa, como un rótulo.

Los Caprichos, ochenta estampas de crítica de costumbres, supersticiones, abusos y vicios, se anunciaron en el Diario de Madrid el 6 de febrero de 1799, a 320 reales la colección. Goya los retiró de la venta a los catorce días, cuando solo se habían vendido 27 juegos, probablemente por miedo a la Inquisición. En 1803 regaló al rey Carlos IV las planchas y 240 juegos sin vender, a cambio de una pensión para su hijo Javier; así las planchas llegaron a la Real Calcografía, hoy Calcografía Nacional, parte de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando de Madrid, que conserva las matrices de Goya y explica cada serie en su página sobre Goya en la Calcografía Nacional. De esas planchas se han hecho muchas ediciones; la Academia publicó la primera de los Desastres de la guerra, ochenta y dos estampas sobre la guerra contra Napoleón grabadas entre 1810 y 1820 aproximadamente, en 1863, treinta y cinco años después de la muerte de Goya. Allí están láminas que todavía se citan como un periodismo antes del periodismo: Yo lo vi (44), Esto es peor (37), ¡Grande hazaña! ¡Con muertos! (39). La pintura de Goya está en De Goya al Impresionismo (34/106); aquí interesa otra cosa: que gran parte de su obra gráfica la vio el mundo cuando él ya no podía decidir.

Interactivo · Las series de Goya: grabadas y publicadas

Barra gruesa: años en que Goya grabó la serie (fechas aproximadas, según la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando). Punto: primera publicación. Línea vertical: muerte de Goya, en Burdeos, en 1828.

La litografía y la imprenta popular: Daumier y Posada

En 1796, en Baviera, el dramaturgo Alois Senefelder buscaba una manera barata de imprimir sus obras y descubrió la litografía: se dibuja con un lápiz o una tinta grasa sobre una piedra caliza pulida, se moja la piedra y se pasa el rodillo de tinta, que también es grasa. La tinta se queda donde hay dibujo y el agua la rechaza en el resto. No hay que cortar nada, el artista dibuja como en un papel, y la piedra da miles de copias. Desde 1837, con la cromolitografía de Godefroy Engelmann, también en color, con una piedra por cada tinta. Una litografía se reconoce por su aspecto de dibujo a lápiz o a crayón, con un grano suave, y por la ausencia de huella de plancha.

Litografía en grises de una habitación desordenada. En el centro, un hombre en camisa de dormir yace muerto de espaldas junto a una cama, con manchas oscuras en la camisa y sangre en el suelo; bajo su cuerpo asoma el de un niño. A la derecha se ve la cabeza de un anciano en el suelo, y a la izquierda, en la sombra, el cuerpo de una mujer.
Honoré Daumier, Rue Transnonain, le 15 avril 1834, 1834. Litografía, imagen de 28.6 × 44 cm. Cleveland Museum of Art. Cleveland Museum of Art · CC0 (dominio público)

Honoré Daumier (1808–1879) hizo unas 4,000 litografías para la prensa satírica de París. En diciembre de 1831 publicó una caricatura del rey Luis Felipe como Gargantúa, un gigante que traga los impuestos del pueblo, y pasó seis meses en prisión. Esta estampa es otra cosa: no hay caricatura. Recoge la represión de una revuelta en París en abril de 1834, cuando la tropa entró en un edificio de la calle Transnonain y mató a varios vecinos. Mira cómo usa la luz la litografía: el blanco de la camisa y de las sábanas atrae el ojo hacia el hombre muerto, y solo después descubres, bajo su cuerpo, la mano y la cabeza de un niño. La cabeza de un anciano asoma a la derecha y otra víctima apenas se distingue en la sombra de la izquierda. Arriba, a la izquierda, se lee la serie para la que se hizo («24e Dessin de la Lithographie Mensuelle»). La policía confiscó las estampas y la piedra. Una imagen impresa podía ser un arma, y el poder lo sabía.

En México, la imprenta popular tuvo su genio en José Guadalupe Posada (Aguascalientes, 1852 – Ciudad de México, 1913). Desde finales de la década de 1880 trabajó en la capital con el editor Antonio Vanegas Arroyo, cuyo taller, abierto en 1880, imprimía hojas sueltas baratas: corridos, noticias de crímenes y catástrofes, oraciones, cuentos y, para el Día de Muertos, las calaveras, versos satíricos en los que todo el mundo, de los ricos a los oficios, aparece como esqueleto. Posada grababa en relieve sobre planchas de plomo y de zinc, y se calcula que hizo más de 20,000 imágenes. Murió pobre en enero de 1913 y lo enterraron en una fosa sin nombre.

Hoja suelta impresa en papel ocre. Arriba, el título La Calavera de los Camiones en letras grandes. En el grabado, un esqueleto gigante a la izquierda avanza junto a un montón de calaveras, frente a un vehículo de pasajeros lleno de esqueletos y ante el muro de un cementerio. Debajo, cuatro columnas de versos y, al pie, una línea con el nombre de la imprenta y el precio, 5 centavos.
José Guadalupe Posada (grabado), La calavera de los camiones, hoja suelta. Aguafuerte en relieve y tipografía, hoja de 39.4 × 29.3 cm. Cleveland Museum of Art. Cleveland Museum of Art · CC0 (dominio público)

Lee esta hoja como lo haría un catalogador. El grabado de Posada, firmado abajo a la izquierda, ocupa la mitad superior: un esqueleto enorme junto a un vehículo cargado de calaveras, delante del muro de un panteón. Debajo, los versos van en tipos de imprenta, compuestos aparte. El museo fecha la hoja hacia 1900–1910. Pero mira la última línea, el pie de imprenta: «Tip. de la Test. de A. Vanegas Arroyo», es decir, Tipografía de la Testamentaría de Antonio Vanegas Arroyo. Una testamentaría es la administración de los bienes de alguien que ha muerto, y Vanegas Arroyo murió en 1917; después de su muerte, su familia siguió con el taller bajo ese nombre. Así que esta impresión salió del taller después de 1917, cuando Posada llevaba años muerto, aunque el grabado pueda ser anterior. Los versos hablan también de gasolina, de un «chauffeur» y de calles de la capital: más pistas para quien quiera afinar la fecha. Es una lección general: en la imprenta popular, la misma plancha se reutilizaba con textos nuevos durante décadas.

La figura más famosa de Posada lo demuestra. El historiador del arte Rubén C. Cordova identificó cuatro hojas de la familia Vanegas Arroyo con la misma calavera de mujer con sombrero de plumas, cada una con textos distintos, ninguno escrito por Posada. La primera es del Día de Muertos de 1913 y se burla de las «garbanceras», las vendedoras de garbanzos; la segunda salió después de 1917, y la cuarta lleva la fecha de 1924. El nombre por el que hoy la conocemos, Calavera Catrina, se le dio en un libro de 1930, cuando el pintor francomexicano Jean Charlot y otros ya habían rescatado a Posada del olvido. Diego Rivera la convirtió en una dama de cuerpo entero en su mural Sueño de una tarde dominical en la Alameda Central (1946–1947), y Rivera también difundió una idea que los historiadores consideran falsa: que Posada era un artista revolucionario. La Catrina que ves cada noviembre es, en buena parte, un invento de sus lectores.

Interactivo · ¿Cuándo se imprimió esta hoja?

Activa o desactiva pistas y mira cómo se estrechan los intervalos. La imagen (el grabado) y la hoja (la impresión que tienes delante) se fechan por separado.

La estampa japonesa en color: Hokusai y la ola

En el Japón de la época Edo, las estampas en madera, el ukiyo-e («imágenes del mundo flotante»), eran una industria: un editor encargaba el diseño a un artista, un tallista cortaba las tablas y un impresor las estampaba a mano, frotando el papel con un disco llamado baren, sin prensa. Desde la década de 1760, con las «estampas de brocado» de Suzuki Harunobu, se volvió normal imprimir a todo color con diez o más tablas, una por cada color. Para que los colores cayeran en su sitio, cada tabla llevaba tallada la misma marca de registro, el kentō: una escuadra en una esquina y una raya en un lado, donde el impresor apoyaba el papel.

Estampa horizontal: una ola enorme de color azul intenso, con la cresta rota en garras de espuma blanca, se curva sobre tres barcas largas con remeros agachados. Abajo, en el centro, entre las olas, se ve pequeño el monte Fuji, con la cumbre blanca. El cielo es gris claro y amarillento. Arriba a la izquierda hay un cartucho con el título y la firma.
Katsushika Hokusai, Bajo la ola de Kanagawa (conocida como La gran ola), de la serie Treinta y seis vistas del monte Fuji, hacia 1830–1832. Xilografía en color, formato ōban, unos 25 × 37 cm. Museo Metropolitano de Arte, Nueva York. Katsushika Hokusai · CC0 · Wikimedia Commons

Es la primera estampa de la serie y la más famosa del arte japonés, y es más pequeña de lo que imaginas: una hoja de unos 25 por 37 centímetros. Busca el monte Fuji: es el pequeño triángulo con la cumbre blanca, abajo, entre las olas, y la ola grande lo enmarca como si fuera otra montaña. Hay tres barcas de remo, largas y estrechas, con los hombres agachados. El azul profundo es azul de Prusia, un pigmento sintético europeo que el editor de la serie anunciaba como novedad en 1831. Hay quien propone leerla de derecha a izquierda, como un texto japonés escrito en vertical. Se imprimieron unas 1,000 copias al principio y quizá unas 8,000 en total, con las tablas cada vez más gastadas; en 2022 se conocían 113 ejemplares de la primera edición en museos y colecciones de todo el mundo. Cuando estas estampas llegaron a Europa en la segunda mitad del siglo XIX, cambiaron la manera de componer de los impresionistas (34/106), y la relación de ida y vuelta entre Japón y Occidente se trata en Arte de Asia, África y Oceanía (34/105).

Interactivo · Una estampa, varias tablas
0 mm

Esquema didáctico, no una copia de la estampa ni el número real de tablas de la serie. Los milímetros se calculan para una hoja de 37 cm de ancho.

El nacimiento de la fotografía: una carrera con muchos llegados

La fotografía no tiene un solo inventor, sino varios, casi a la vez y en varios países. El francés Nicéphore Niépce consiguió hacia 1827, desde una ventana de su casa de Le Gras, en Borgoña, la imagen de cámara más antigua que se conserva: una placa de peltre cubierta de betún de Judea, que se endurece con la luz. La exposición se ha calculado tradicionalmente en unas ocho horas, porque el sol ilumina los dos lados de los edificios; un investigador que repitió el proceso concluyó que duró varios días. Niépce se asoció con Louis Daguerre, que siguió solo tras su muerte. El 19 de agosto de 1839, en París, el científico François Arago presentó el daguerrotipo, y el gobierno francés, a cambio de pensiones para Daguerre y para el hijo de Niépce, lo regaló «al mundo» (con la excepción de Inglaterra y Gales, donde se patentó).

El daguerrotipo es una placa de cobre plateada, sensibilizada con vapores de yodo, revelada con vapores de mercurio y fijada con una sal. Da una imagen de un detalle asombroso, pero única, sin copias, como un espejo que hay que inclinar para verla, y con la derecha y la izquierda invertidas. Al principio exigía varios minutos al sol; con lentes más luminosas y nuevos productos, desde 1841 bajó a entre 15 y 30 segundos, y los retratos se volvieron posibles. En Estados Unidos se hacían unos tres millones al año hacia 1853.

En Inglaterra, William Henry Fox Talbot desarrolló otro camino: el calotipo, presentado en 1841. Sobre papel sensibilizado se forma una imagen latente, que se revela después, y el resultado es un negativo de papel del que se pueden sacar muchas copias positivas. Es el principio de casi toda la fotografía química posterior: un negativo, muchas copias. La patente de Talbot frenó su uso en Inglaterra, y el procedimiento se usó sobre todo entre 1841 y 1860.

Fotografía en tonos sepia de dos hombres que cortan leña delante de un cobertizo de tablas con tejado de lajas. El de la izquierda, con chaleco, se inclina sobre un caballete de serrar; el de la derecha, sentado, con sombrero alto, sujeta una sierra. Por una abertura del cobertizo asoma un montón de ramas.
William Henry Fox Talbot, Los leñadores, 1845. Copia en papel salado a partir de un negativo de calotipo, 15.1 × 21 cm. Cleveland Museum of Art. Cleveland Museum of Art · CC0 (dominio público)

Parece una escena de trabajo, pero es una pose. Con una exposición de uno o dos minutos al sol, los dos hombres tuvieron que quedarse quietos con las herramientas en las manos; si se hubieran movido de verdad, saldrían borrosos o no saldrían. Fíjate en el color pardo cálido y en la textura algo difusa: la imagen se ha formado en las fibras del papel, no sobre metal, y por eso no tiene la nitidez de espejo de un daguerrotipo. A cambio, de ese negativo se podían sacar decenas de copias como esta.

Hubo otros pioneros. En Campinas, en Brasil, el francés Hercule Florence obtuvo desde 1833 imágenes con nitrato de plata sobre papel, y según el historiador brasileño Boris Kossoy usó la palabra photographie en 1834, años antes que en Europa; murió en 1879 sin que se reconociera su trabajo. En París, Hippolyte Bayard desarrolló en 1839 un positivo directo sobre papel, pero Arago lo convenció de esperar, y el daguerrotipo se llevó la gloria. El 18 de octubre de 1840, en protesta por esa injusticia, Bayard se fotografió sentado, con los ojos cerrados y el cuerpo inclinado, fingiendo que se había suicidado ahogándose: Autorretrato como ahogado, considerada la primera fotografía escenificada. Una ficción deliberada, apenas un año después de que naciera la fotografía.

La noticia llegó rápido al mundo hispano. En España, el Semanario Pintoresco Español informó del invento en enero de 1839, y el 10 de noviembre de 1839 Ramón Alabern hizo en Barcelona el primer daguerrotipo de la península; Madrid tuvo el suyo pocos días después. En México, según un boletín del Instituto Nacional de Antropología e Historia, el primer daguerrotipo se tomó en diciembre de 1839 en Veracruz, desde la azotea del templo de San Francisco: la bahía y el fuerte de San Juan de Ulúa; lo hizo un francés, Prelier, que llegó en la fragata La Flore. A principios de la década de 1990, el investigador Fernando Osorio Alarcón identificó siete placas suyas de la Ciudad de México en la colección Gabriel Cromer del George Eastman Museum de Rochester (Nueva York), con la Piedra del Sol, la estatua ecuestre de Carlos IV, el Palacio de Minería y la Catedral (boletín 351 del INAH, 2025). En 1840 el abate francés Louis Compte hizo demostraciones en Río de Janeiro y Montevideo. Después vinieron los profesionales: el galés Charles Clifford, instalado en Madrid desde 1850, fotografió los viajes de Isabel II; el francés Jean Laurent abrió estudio en Madrid en 1856; y en Río, Marc Ferrez (1843–1923) retrató paisajes, ferrocarriles y la ciudad con panorámicas de gran formato. En 1888 la cámara Kodak de George Eastman, vendida cargada con un rollo de 100 fotos que se mandaba a la fábrica para revelar, puso la fotografía en manos de cualquiera.

Interactivo · Cuánto tiempo había que quedarse quieto

Escala logarítmica: cada marca multiplica el tiempo por 10. Valores típicos con buena luz, según las fuentes citadas; donde la fuente da una expresión («varios minutos», «unos segundos», «instantánea»), el punto es una estimación del orden de magnitud. La velocidad de un peatón se toma en 1.4 m/s.

La fotografía como prueba y como arte

Desde el principio se creyó que la fotografía no podía mentir, porque la hace la luz y no la mano. Su historia muestra otra cosa. En 1855 el inglés Roger Fenton pasó del 8 de marzo al 22 de junio en la guerra de Crimea, con un carro convertido en laboratorio y negativos de vidrio al colodión, y volvió con más de 350 negativos. Las exposiciones largas le impedían fotografiar la acción, y evitó mostrar cadáveres: sus imágenes son de campamentos, oficiales posando y paisajes. La más célebre es un camino en un valle lleno de balas de cañón, que se publicó con el título El valle de la sombra de la muerte, tomado de un salmo. Existen dos versiones, hechas desde el mismo trípode.

Fotografía en tonos sepia de un camino de tierra que sube por un valle árido entre dos laderas. Las balas de cañón, redondas y oscuras, se amontonan en la cuneta de la izquierda; el camino está despejado.
Roger Fenton, El valle de la sombra de la muerte, versión sin balas en el camino, 23 de abril de 1855. Fotografía a partir de negativo de colodión. Roger Fenton · dominio público · Wikimedia Commons
La misma vista del valle, en sepia. Ahora hay muchas balas de cañón esparcidas sobre el propio camino, en primer plano y hasta el fondo.
Roger Fenton, El valle de la sombra de la muerte, versión con balas en el camino, 23 de abril de 1855. Fotografía a partir de negativo de colodión. Roger Fenton · dominio público · Wikimedia Commons

Compáralas como en un juego de diferencias. En la primera, las balas están en la cuneta y el camino está limpio. En la segunda, hay balas sobre el camino mismo, en primer plano y a lo lejos. Alguien las movió entre una toma y otra. En 2007 el cineasta Errol Morris estudió las sombras y la posición de las piedras y concluyó que la versión sin balas se hizo primero; no se sabe si Fenton las colocó para dar más dramatismo o si otros las movieron por otra razón. Desde entonces, la pregunta que hace un historiador ante una foto no es solo qué muestra, sino qué pasó delante de la cámara antes de abrir el obturador.

La fotografía llegó a la prensa más tarde de lo que parece. Durante décadas, los periódicos no podían imprimir fotos junto al texto: un grabador copiaba la foto en una plancha de madera. La solución fue el medio tono (halftone): fotografiar la imagen a través de una trama que la descompone en puntos de distinto tamaño, grandes en las sombras y pequeños en las luces, que la prensa puede imprimir con una sola tinta. Talbot propuso la idea en 1852; el Canadian Illustrated News publicó un medio tono el 30 de octubre de 1869, el Daily Graphic de Nueva York reprodujo el 4 de marzo de 1880 una foto con toda su gama de grises, y los métodos comerciales llegaron con Frederic Ives (1881) y Georg Meisenbach (1882). En España, la revista Blanco y Negro, fundada en 1891, fue de las que hicieron de la imagen impresa su razón de ser. Mira con una lupa cualquier foto de un periódico en papel y verás los puntos.

Interactivo · Una foto hecha de puntos
16

La lineatura (líneas de puntos por pulgada, lpi) mide lo fina que es una trama: cuanto más alta, más pequeños los puntos y más detalle. Los periódicos usan tramas más gruesas que los libros de arte porque su papel absorbe más tinta.

Ni la manipulación empezó con la computadora ni la fe en la foto murió con Fenton. En 1917 dos primas inglesas, Elsie Wright, de 16 años, y Frances Griffiths, de 9, fotografiaron «hadas» en el jardín de Cottingley; el escritor Arthur Conan Doyle las defendió en público, y solo en 1983 ellas admitieron que eran figuras de papel recortadas. Al mismo tiempo, la fotografía se ganaba un lugar como arte: los fotógrafos discutieron durante décadas si debían imitar a la pintura o explotar lo que solo la cámara hace, y esa discusión, junto con el fotomontaje de las vanguardias, sigue en Las vanguardias y el arte moderno (34/107) y en Arte contemporáneo, museos y mercado (34/109). Una advertencia práctica: la fotografía también tiene derechos de autor. Las imágenes de esta pieza son de dominio público porque sus autores murieron hace mucho o porque los museos que las guardan las han liberado; la mayoría de las fotografías del siglo XX, incluidas las de la Revolución mexicana o de la Guerra Civil española, no lo son todavía.

Lo que un graduado ve sin pensarlo

  • Una estampa es una de muchas: siempre pregunta qué estado, qué edición y cuándo se imprimió esa hoja en concreto.
  • El borde rehundido alrededor de la imagen delata un grabado en hueco; su ausencia y un grano de lápiz sugieren litografía.
  • Línea que empieza y termina afilada: buril. Línea libre con extremos romos: aguafuerte. Línea aterciopelada: punta seca. Gris granulado sin rayas: aguatinta.
  • En la xilografía las líneas casi no se cruzan y los negros son planos, porque manda la madera.
  • Todo sale al revés: lo que la matriz tiene a la derecha, la hoja lo tiene a la izquierda.
  • El pie de imprenta fecha la hoja, no la imagen: la Testamentaría de Vanegas Arroyo significa después de 1917, aunque el grabado sea de Posada.
  • Gran parte de la obra gráfica de Goya se publicó después de su muerte, y él no eligió cómo.
  • En una estampa japonesa, cada color es una tabla, y los pequeños desajustes entre colores son marcas del proceso.
  • Un daguerrotipo es único y está invertido; un calotipo es una copia de papel de un negativo.
  • Una exposición larga obliga a posar: si las figuras de una foto antigua están nítidas, estaban quietas.
  • Ante una foto documental, pregunta qué pasó delante de la cámara antes del disparo.

Dónde aparece después

  • Las vanguardias y el arte moderno (34/107): el collage cubista pega papel impreso en el cuadro, el fotomontaje dadá recorta revistas y la gráfica política vuelve con fuerza.
  • Arte contemporáneo, museos y mercado (34/109): la edición numerada, la copia y el original como preguntas del mercado; la fotografía en el museo.
  • Historia pública, memoria y patrimonio (34/97): los archivos fotográficos como fuente y las preguntas sobre quién los conserva y quién puede usarlos.
  • Método histórico y fuentes (34/90): fechar un documento por su soporte y su pie de imprenta es la misma destreza que fechar una hoja de Posada.
  • En el trabajo: catalogación de gabinetes de estampas y archivos fotográficos, conservación de papel, edición gráfica, periodismo visual, verificación de imágenes y gestión de derechos.

Si quieres profundizar

  • 🌐 Gratis, en español. La página de Goya en la Calcografía Nacional, con un texto largo para cada serie (Caprichos, Desastres, Tauromaquia, Disparates), y la página de técnicas de arte gráfico de la misma institución.
  • 🌐 Gratis, en español. El boletín 351 del INAH (2025) sobre los primeros daguerrotipos de México.
  • 🌐 Gratis, en inglés. Las fichas de acceso abierto del Cleveland Museum of Art, como la de La calavera de los camiones, permiten descargar en alta resolución las estampas de esta pieza y ampliarlas hasta ver el grano.
  • 🌐 Curso de bajo costo, en inglés. Ver a través de fotografías (Seeing Through Photographs), del Museo de Arte Moderno de Nueva York, sobre cómo leer fotografías de su colección (Coursera: inscribirse es gratis; el acceso completo a materiales y tareas es de pago, con prueba gratuita).
  • 📘 Libro (en español). Marie-Loup Sougez, Historia de la fotografía (Cátedra). Manual clásico escrito en España, con atención a la fotografía española.
  • 📘 Libro (en español). Beaumont Newhall, Historia de la fotografía (Gustavo Gili). La historia canónica, escrita desde el Museo de Arte Moderno de Nueva York.
  • 📘 Libro (en español). Susan Sontag, Sobre la fotografía. Ensayos sobre lo que la fotografía hace a la manera de ver y de recordar.
  • 📘 Libro (en inglés). Antony Griffiths, Prints and Printmaking: An Introduction to the History and Techniques (British Museum Press). La mejor introducción técnica para reconocer cada procedimiento.
  • Lecturas relacionadas en la colección: La Revolución mexicana (06/09), para el mundo de Posada y Vanegas Arroyo.
Para llevar

El grabado y la fotografía multiplican la imagen, y eso cambia todo: quién la ve, cuánto cuesta, cuánto dura un error y quién decide cuándo se imprime. Cada técnica deja huellas que se pueden leer (la línea del buril, el grano de la aguatinta, la huella de la plancha, el lápiz graso de la litografía, el registro de las tablas japonesas), y cada hoja tiene una fecha propia, que no siempre es la de la imagen. La fotografía nació en varios lugares a la vez, también en Brasil, llegó a México y a España en 1839 y nunca fue tan inocente como parecía.

Prueba esto: busca una estampa antigua en la colección en línea de un museo, amplíala al máximo y anota tres cosas: si ves huella de plancha, cómo terminan las líneas y si hay grano de aguatinta. Con eso, decide la técnica antes de leer la ficha, y luego comprueba si acertaste y en qué año se imprimió esa hoja.

Fuentes y para profundizar

Museos e instituciones (páginas consultadas el 3 de noviembre de 2026): Cleveland Museum of Art, fichas 1993.9 (Durero), 1959.241 (Rembrandt), 1922.638 (Goya), 1924.809 (Daumier), 2000.97 (Posada) y 1987.24 (Talbot); Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, páginas de la Calcografía Nacional sobre Goya, Caprichos, Desastres de la guerra, Tauromaquia, Disparates y técnicas de arte gráfico; Instituto Nacional de Antropología e Historia, boletín 351 (22 de julio de 2025).

Hechos y fechas: Wikipedia en inglés, artículos «Printmaking», «Woodcut», «Engraving», «Etching», «Drypoint», «Aquatint», «Mezzotint», «Lithography», «Alois Senefelder», «Diamond Sutra», «Juan Pablos», «Dürer's Rhinoceros», «The Three Crosses», «Los Caprichos», «The Disasters of War», «La Tauromaquia», «Los disparates», «José Guadalupe Posada», «La Calavera Catrina» (que resume la investigación de Rubén C. Cordova), «The Great Wave off Kanagawa», «Woodblock printing in Japan», «Ukiyo-e», «View from the Window at Le Gras», «Daguerreotype», «Calotype», «Henry Fox Talbot», «Hercule Florence», «Hippolyte Bayard», «Collodion process», «Dry plate», «Kodak», «Charles Clifford (photographer)», «Roger Fenton», «Halftone» y «Cottingley Fairies». Las páginas de Wikipedia se usan como compilación y no sustituyen a las fuentes que citan. Donde dos de ellas dan fechas distintas (por ejemplo, 1803 o 1807 para la entrega de las planchas de los Caprichos), se usa la más citada.

Para tu español
grabado (print; printmaking) · estampa (print, impression) · matriz / plancha (matrix / plate) · xilografía (woodcut) · buril (burin; engraving) · aguafuerte (etching) · aguatinta (aquatint) · punta seca (drypoint) · tórculo (etching press) · huella de la plancha (plate mark) · estado (state) · tirada / edición (edition) · pie de imprenta (imprint) · hoja suelta (broadside) · medio tono (halftone)