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Filosofía del lenguaje: qué significan las palabras y qué hacen

«El lucero del alba es el lucero de la tarde» le dijo algo nuevo a los astrónomos. «El lucero del alba es el lucero del alba» no les dijo nada. Sin embargo, los dos nombres designan el mismo planeta. De ese rompecabezas, y del hecho más raro de que queremos decir mucho más de lo que decimos, nació un siglo de filosofía.

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Also in English: Philosophy of Language: What Words Mean and What They Do →

Alguien pregunta: «¿Puedes pasarme la sal?», y tú no contestas «Sí». Alguien dice: «Algunos alumnos aprobaron», y entiendes que no todos aprobaron, aunque nadie lo haya dicho. Un amigo dice «Qué buen clima», en plena tormenta, y oyes lo contrario. En cada caso, las palabras escritas no son lo que se comunica, y en cada caso lo entendiste bien sin pensarlo.

La filosofía del lenguaje pregunta cómo es posible. ¿Cómo puede un sonido o una marca ser acerca de algo? ¿Por qué un enunciado verdadero puede informar o no decir nada, según el nombre que uses? ¿Qué hacemos cuando prometemos, bautizamos un barco o decimos «sí, acepto»? Las preguntas son antiguas, pero la materia moderna empieza en la década de 1890 con Gottlob Frege, y las herramientas que construyó (sentido, referencia, presuposición, designación rígida, implicatura) se usan hoy en lingüística, derecho, informática y en el estudio de los modelos de lenguaje.

Esta es una materia con una historia especial en español. Casi todo lo que sigue llegó a nuestro idioma por traductores y universidades concretos, sobre todo en Buenos Aires y la Ciudad de México, y cuando los textos originales suenan raros conviene saber que muchos términos (sentido y referencia, actos de habla, implicatura, designador rígido) son decisiones de traducción. Lo señalaremos donde importe.

La materia en una caja
Quién la cursa
Estudiantes de Filosofía, normalmente en el año 3, en programas de tradición analítica (el departamento de Filosofía del MIT, por ejemplo, la enseña como 24.251). Los de Lingüística llevan su prima formal, semántica y pragmática, y la materia está en las dos rutas.
Para qué sirve
Para ver con exactitud qué dice una oración, qué quiso decir quien la dijo y qué tiene que ver cada cosa con el mundo.
Viene después de:
Lógica y argumentación (34/67), por los cuantificadores y la idea de validez.
Lleva a:
Semántica y pragmática (en inglés, 36/24), la versión del lingüista; Filosofía de la mente (34/71), donde significado y pensamiento son una sola pregunta; Filosofía contemporánea (34/78); y Lingüística computacional (en inglés, 36/30), donde el «significado» se encuentra con la estadística.
Qué te da esta pieza
No podrás defender una teoría de la referencia en un seminario. Sí conocerás las seis o siete jugadas con las que se construye toda teoría así, por qué se hizo cada una y qué dicen sus críticos. Lecturas más fáciles en esta biblioteca: Al-Ándalus y la herencia árabe en el español (06/07), sobre cómo las palabras viajan entre lenguas, y Lógica y argumentación (34/67).

Sentido y referencia: Frege y las dos estrellas

La teoría obvia dice que un nombre significa la cosa que nombra. «Venus» significa Venus. Entonces «Héspero» (la estrella de la tarde) y «Fósforo» (la del alba) significan lo mismo, porque ambos son Venus, y la oración «Héspero es Fósforo» no debería decir más que «Venus es Venus». Pero la primera fue un descubrimiento y la segunda es una trivialidad. En «Über Sinn und Bedeutung» (1892), traducido al español como «Sobre sentido y referencia», Frege lo dijo con claridad: los enunciados de la forma a = a y a = b difieren en lo que informan.

Su respuesta es que a cada expresión van pegadas dos cosas. Su referencia es el objeto que designa. Su sentido es la manera de designarlo, el camino por el que un pensador llega al objeto. «El punto brillante del amanecer» y «el punto brillante del anochecer» son dos caminos hacia un mismo planeta. Después Frege hizo lo mismo con oraciones enteras: el sentido de una oración es el pensamiento que expresa, y su referencia es su valor de verdad. Eso explica por qué cambiar un nombre por otro que designa lo mismo conserva la verdad (la referencia no cambia) y, sin embargo, puede cambiar lo que alguien cree (el sentido sí cambió).

sentido → referenciael sentido es el camino; la referencia es donde termina el camino. Dos caminos pueden terminar en el mismo lugar.
Interactivo · ¿Qué identidad te enseña algo?

Elige la expresión de la izquierda y la de la derecha de «A es B».

A
B

Referencia: Venus es el planeta que se ve tanto al amanecer como al anochecer; la Luna es otro cuerpo. El veredicto sigue la prueba de Frege (valor cognitivo), no una teoría completa.

Sin JavaScript: «El lucero del alba es el lucero de la tarde» es verdadera e informativa (una referencia, dos sentidos); «El lucero del alba es el lucero del alba» es verdadera y trivial; «El lucero del alba es la Luna» es informativa y falsa.

El sentido hace trabajo extra. Los marinos antiguos no sabían que las dos estrellas eran una, así que «los marinos creían que el lucero del alba salía al amanecer» es verdadera, mientras que «los marinos creían que Venus salía al amanecer y otra vez al anochecer» puede no serlo. Frege dijo que, dentro de un informe de creencias, la expresión no designa su objeto de siempre sino su sentido habitual. A los críticos les pareció pesado, y las dos secciones siguientes son intentos de prescindir de eso.

Descripciones: Russell y el rey de Francia

«Sobre el denotar» (On Denoting, 1905), de Bertrand Russell, atacó otro rompecabezas. Tomemos «El actual rey de Francia es calvo». Francia no tiene rey. Si la expresión tiene que designar algo para que la oración signifique algo, la oración no significa nada. Pero sí significa: es claramente falsa, o eso pensó Russell. (Para un lector hispano el ejemplo funciona porque Francia es una república; cambiarlo por «el actual rey de México» da lo mismo. Con «el actual rey de España» ya no, porque España tiene rey: el ejemplo necesita un país sin monarca.) Su arreglo fue decir que «el F es G» no es sujeto y predicado. Es una afirmación oculta en tres partes:

hay un F  ·  hay un solo F  ·  ese F es G«El rey de Francia es calvo» es falsa porque falla la primera parte.

Esto también deja al descubierto una ambigüedad. «El rey de Francia no es calvo» puede negar toda la afirmación (verdadero: no existe tal rey) o decir del rey que no es calvo (falso: no hay rey). Los lógicos llaman a esa diferencia alcance. Peter Strawson respondió en «On Referring» (1950) que la oración tiene una presuposición, que hay un rey, y que cuando esa presuposición falla la oración no es ni verdadera ni falsa. Keith Donnellan (1966) agregó que «el hombre que bebe un martini» puede señalar a un hombre concreto aunque en su copa haya agua, algo que la teoría de Russell no admite. Juega con los escenarios.

Interactivo · ¿Quién tiene razón sobre el rey?

Calculado con las tres cláusulas de Russell para «el rey es calvo». La columna de Strawson da «sin valor de verdad» siempre que no haya exactamente un rey.

Sin JavaScript: si no hay rey, Russell hace falsa «el rey es calvo» y verdadera «no es el caso que el rey sea calvo»; Strawson deja a ambas sin valor de verdad.

Nombres: Kripke y el designador rígido

Russell extendió su análisis a los nombres comunes: «Aristóteles» sería una abreviatura de una descripción como «el maestro de Alejandro». Frege coincidía en algo parecido. En tres conferencias en Princeton en enero de 1970, que después fueron el libro Naming and Necessity (1980, en español El nombrar y la necesidad), Saul Kripke sostuvo que esto es un error. Sus argumentos, en orden:

  1. Modal. Aristóteles pudo no haber sido maestro de Alejandro (su padre era médico de la corte; él pudo haberlo sido también). Si «Aristóteles» significara «el maestro de Alejandro», «Aristóteles fue maestro de Alejandro» sería necesaria. No lo es. Un nombre es un designador rígido: señala a la misma persona en todos los mundos posibles, mientras que una descripción señala a quien la cumpla en cada mundo.
  2. Epistémico. La mayoría sabemos poco que sea verdad solo de las personas que nombramos, y aun así nos referimos a ellas.
  3. Semántico. Supón que «Gödel» solo se asocia con «demostró la incompletitud», y que la demostración la hizo en realidad un hombre llamado Schmidt. Una teoría descriptiva dice que hablas de Schmidt. Casi nadie lo cree (el caso de Kripke es hipotético; la demostración fue del propio Gödel).

Si prefieres un ejemplo en español: «Cervantes» no significa «el autor del Quijote». Es posible imaginar un mundo en que Cervantes no escribió el Quijote, y en ese mundo «Cervantes» sigue señalando a Cervantes.

Interactivo · Nombres y descripciones a través de mundos posibles

Tres mundos inventados, y así rotulados: en w1 Aristóteles se hizo médico e Isócrates fue el tutor de Alejandro; en w2 Alejandro no tuvo tutor. Todo lo que no es w0 es un experimento mental.

Sin JavaScript: «Aristóteles» designa a Aristóteles en todos los mundos; «el tutor de Alejandro» designa a Aristóteles en w0, a Isócrates en w1 y a nadie en w2. Por eso «Aristóteles fue tutor de Alejandro» es verdadera solo en w0, mientras que «el tutor de Alejandro fue tutor de Alejandro» es verdadera en los tres.

¿Qué fija entonces la referencia? La imagen de Kripke es causal-histórica: un bautismo ata un nombre a una persona, y cada hablante que lo oye y quiere usarlo como los demás pasa el vínculo. Primero predice, luego mira.

Interactivo · Predice y luego revela

Supón que lo único que sabes de «Gödel» es que demostró el teorema de incompletitud y que (contra los hechos) lo demostró Schmidt. ¿De quién hablas cuando dices «Gödel fue un genio»?

Elige una y lee la respuesta.

Sin JavaScript: la teoría descriptiva dice Schmidt; Kripke dice Gödel, porque tu uso del nombre está enlazado con Gödel por una cadena de hablantes.

Los críticos tienen buenos casos. Gareth Evans (1973) notó que «Madagascar» empezó siendo el nombre de una parte del continente africano y llegó, por una cadena de errores de los hablantes, a nombrar la isla, así que la cadena sola no lo explica todo. Y Kripke dejó abierto un viejo enigma: si un nombre solo representa a su portador, ¿por qué «Héspero es Fósforo» informa? Los defensores de la vista de Mill responden con pragmática; los fregeanos conservan el sentido. La Encuesta PhilPapers de 2020 les preguntó a los profesionales justo eso («Nombres propios: ¿milianos o fregeanos?»); en su página de resultados está el reparto, que aquí no se reproduce.

El significado como uso: las dos filosofías de Wittgenstein

Ludwig Wittgenstein sostuvo a la vez una visión del lenguaje y su crítica más afilada. El Tractatus Logico-Philosophicus (alemán 1921, inglés 1922) decía que una oración es una figura de un hecho posible, que los nombres representan objetos simples y que lo que no se puede figurar no se puede decir.

«Los límites de mi lenguaje significan los límites de mi mundo.»Wittgenstein, Tractatus 5.6 (traducción nuestra)

Más tarde rechazó esa imagen. Las Investigaciones filosóficas (publicadas en 1953, después de su muerte en 1951) empiezan con una escena: un albañil grita «¡Losa!» y su ayudante le trae una losa. Aquí una palabra no es la etiqueta de una cosa; es una jugada en un juego de lenguaje, atada a lo que la gente hace. Para una gran clase de casos, escribió, el significado de una palabra es su uso en el lenguaje (sección 43). También argumentó que «juego» no tiene un rasgo común a todos los juegos, solo parecidos de familia que se cruzan (sección 66), y que un lenguaje que solo una persona pudiera entender sería incoherente (el argumento del lenguaje privado, desde la sección 243 más o menos). Cada afirmación tiene opositores, y la última ha producido estantes de libros. Lo que casi todos los lectores conservan es un cambio de pregunta: no «¿qué representa esta palabra?», sino «¿qué está haciendo la gente con ella?». En español hay una edición de referencia de las Investigaciones traducida por Alfonso García Suárez y Ulises Moulines (Crítica, con el Instituto de Investigaciones Filosóficas de la UNAM, 1988).

Hacer cosas con palabras: Austin y Searle

Las Conferencias William James que J. L. Austin dio en Harvard en 1955, publicadas en 1962 como How to Do Things with Words, empezaron con una observación. Algunas oraciones no son verdaderas ni falsas; decirlas hace algo. «Bautizo este barco», «prometo», «te apuesto», «sí, acepto». Austin las llamó performativos y notó que pueden fallar de maneras distintas a los enunciados: pueden ser desafortunados en vez de falsos. Cada uno necesita un procedimiento reconocido, las personas correctas en las circunstancias correctas, una ejecución correcta y (en algunos) sinceridad. La herramienta de abajo te deja romperlos. La versión española del libro, Cómo hacer cosas con palabras (Paidós, 1971), la hicieron dos filósofos argentinos, Genaro Carrió y Eduardo Rabossi.

Interactivo · «Los declaro marido y mujer»

Categorías de Austin: desacierto (misfire: falla una condición del procedimiento, así que el acto es nulo) y abuso (el acto se hace pero sin sinceridad). El uso en escena lo llamó «etiolado». La ley del matrimonio cambia de país a país; esto es una idea de Austin, no una prueba jurídica.

Sin JavaScript: si quien habla no tiene autoridad, el acto no se produce (desacierto) y no hay matrimonio; si todo está en orden pero quien habla no es sincero, el matrimonio sí ocurre (un abuso); en el escenario no se hace nada.

El segundo paso de Austin fue decir que toda emisión son varios actos a la vez: el acto locutivo (emitir palabras con un sentido), el acto ilocutivo (lo que haces al decirlo: advertir, preguntar, ordenar) y el acto perlocutivo (lo que consigues con ello: asustar, convencer). «Hay un toro en ese potrero» puede ser una advertencia, asuste o no a alguien. John Searle desarrolló reglas para ellos en Speech Acts (1969), y su esquema posterior ordena las ilocuciones en cinco tipos: asertivos, directivos, compromisivos, expresivos y declarativos. «¿Puedes pasarme la sal?» muestra por qué importa: literalmente es una pregunta sobre una capacidad, y en la práctica es una petición.

Lo que quieres decir más allá de lo que dices: Grice

Paul Grice, en las Conferencias William James de 1967 (el ensayo «Logic and Conversation» salió en 1975), explicó el caso de la sal con una sola idea. La conversación es cooperativa, y suponemos que quien habla sigue cuatro máximas: decir lo que hace falta (Cantidad), decir lo que crees verdadero (Calidad), ser pertinente (Relación), ser claro y ordenado (Modo). Cuando alguien rompe a la vista una de ellas, inferimos que quiso decir otra cosa: una implicatura. Una carta de recomendación que alaba la letra del estudiante y nada más dice muy poco; quien la lee concluye que no hay nada bueno que decir. Clasifica tú los casos.

Interactivo · ¿Qué máxima se está violando?

Elige una máxima.

Casos inventados, en el espíritu de los de Grice. El puntaje se guarda solo en esta página.

Sin JavaScript: la carta vaga viola la Cantidad; «¡Qué buen clima!» en una tormenta viola la Calidad; una respuesta que parece fuera de tema viola la Relación; una frase absurdamente rebuscada viola el Modo.

Las implicaturas se distinguen de lo que una oración implica estrictamente por una prueba: se pueden cancelar. «Algunos alumnos aprobaron; de hecho, aprobaron todos» no es una contradicción, así que el «no todos» nunca fue parte del significado de «algunos», solo algo que leemos en la frase. Los rivales discrepan en cuántas máximas hay. Dan Sperber y Deirdre Wilson (teoría de la relevancia, 1986) las reducen a un solo principio de relevancia, y los neogriceanos (Larry Horn, Stephen Levinson) conservan una lista corta.

La discusión de la India sobre las palabras: Nyāya, Mīmāṃsā y el apoha budista

Nada de esto se inventó solo en Europa. Los filósofos de la India discutieron el significado durante bastante más de mil años, a menudo con más precisión que Occidente en casi todo ese tiempo. Las escuelas principales fueron los lógicos del Nyāya (el Nyāya Sūtra, compilado en los primeros siglos de nuestra era), los intérpretes de los textos védicos del Mīmāṃsā (el Sūtra de Jaimini, con Śabara, y luego Kumārila Bhaṭṭa y Prabhākara, hacia el siglo VII d. C.), los lógicos budistas Dignāga y Dharmakīrti, y los gramáticos encabezados por Bhartṛhari. Cuatro debates merecen saberse.

  • ¿Qué denota una palabra? La respuesta del Nyāya, en el Sūtra: una palabra denota un individuo junto con su forma y su universal (una vaca, la forma de una vaca, aquello que hace vaca a una vaca). Otros destacaron solo el universal; los budistas negaron que existan universales.
  • ¿De dónde viene el significado de una palabra? El Mīmāṃsā sostuvo que el vínculo entre palabra y significado es eterno y no lo hizo nadie; eso protegía al Veda como obra sin autor. El Nyāya sostuvo que es convencional, fijado por voluntad divina (la escuela posterior Navya-Nyāya, desde Gaṅgeśa en el siglo XIV, conservó y afinó esa vista).
  • ¿Cómo lo aprendemos? Mirando a los mayores. Si un mayor dice «trae la vaca» y otro lo hace, el niño une las palabras con el acto, y después aísla «vaca» cambiando una sola palabra. Muchos estudiosos notan el parecido con los albañiles de Wittgenstein; es un eco, no una influencia.
  • ¿Significan las palabras por sí solas, o solo dentro de oraciones? Kumārila: primero las palabras denotan sus significados, y luego el significado de la oración se arma con ellos. Prabhākara: las palabras solo transmiten significados ya relacionados, lo que él tomaba como lo que los niños aprenden de las órdenes. Bhartṛhari fue más lejos: la oración es un todo (sphoṭa), que se entiende de golpe. La teoría budista del apoha dice que una palabra como «vaca» funciona excluyendo lo que no es vaca, así que no necesita universales reales.

Los manuales del Nyāya también enumeran condiciones para que una cadena de palabras forme una oración entendida: ākāṅkṣā (expectativa: las palabras se necesitan unas a otras para completar un sentido), yogyatā (compatibilidad: los significados pueden combinarse con sentido) y sannidhi (proximidad: dichas juntas, no con horas de por medio). Es una lista sorprendentemente moderna, y puedes aplicarla.

Interactivo · ¿Esta cadena se vuelve una oración?

El ejemplo de «rociar con fuego» es la ilustración clásica de compatibilidad fallida. Los veredictos son los tradicionales, aplicados a ejemplos sencillos.

Sin JavaScript: «Trae la vaca» cumple las tres; una lista de sustantivos sueltos no tiene expectativa; «rocía con fuego» no tiene compatibilidad; palabras dichas con una hora de diferencia no tienen proximidad.

Lo que un graduado ve sin pensarlo

  • Dos expresiones pueden referirse a lo mismo y aun así no significar lo mismo, y la prueba es que una identidad es noticia y la otra no.
  • Una oración que suena a ser sobre alguien puede ser en secreto la afirmación de que «existe exactamente una persona así», y el lugar donde va el «no» puede cambiar la verdad.
  • Un nombre no es una descripción disfrazada; es una etiqueta que se queda en la persona a través de las formas en que las cosas podrían haber sido.
  • Pregunta qué está haciendo la gente con una palabra antes de preguntar qué representa.
  • Algunas oraciones son actos: pueden fallar sin ser falsas.
  • Lo que se quiere decir suele pasar de lo que se dice, y el extra se puede cancelar, lo que muestra que nunca fue parte de la oración.
  • La teoría del significado se ha discutido en varias tradiciones, y los debates de la India no son notas al pie.

Dónde aparece después

  • Semántica y pragmática (en inglés, 36/24): las versiones formales que da el lingüista del sentido, el alcance, la presuposición y la implicatura.
  • Filosofía de la mente (34/71): si los pensamientos son significativos como lo son las palabras, y qué entiende una máquina que maneja palabras.
  • Lingüística computacional (en inglés, 36/30) y los modelos de lenguaje: aprenden el significado como uso, en el sentido de Wittgenstein, y si eso es todo el significado es exactamente el debate de arriba. Para el lado lingüístico, Psicología cognitiva (34/22).
  • En el mundo: contratos y leyes (una promesa es un acto; el artículo definido en una ley puede traer una presuposición); la publicidad y la política (la implicatura permite engañar diciendo solo cosas verdaderas); y las preguntas en un tribunal sobre lo que un acusado «quiso decir».

Si quieres profundizar

  • 📘 Lecturas en español. J. L. Austin, Cómo hacer cosas con palabras (Paidós; versión de Genaro R. Carrió y Eduardo A. Rabossi, 1971). Ludwig Wittgenstein, Investigaciones filosóficas (Crítica y UNAM, 1988; traducción de Alfonso García Suárez y Ulises Moulines). Saul Kripke, El nombrar y la necesidad (UNAM, Instituto de Investigaciones Filosóficas; traducción de Margarita Valdés). Revisa en tu biblioteca qué edición y año tienen.
  • 📘 Manual (en inglés). William Lycan, Philosophy of Language: A Contemporary Introduction (Routledge, 3.ª edición, 2019), claro y organizado por problemas; Alex Miller, Philosophy of Language (Routledge), de alcance parecido.
  • 📘 Primeros pasos, gratis (en inglés). Bertrand Russell, The Problems of Philosophy en el Proyecto Gutenberg (1912, capítulo 5), sobre el conocimiento por descripción.
  • 📘 India (en inglés). Bimal Krishna Matilal, The Word and the World: India's Contribution to the Study of Language (Oxford University Press, 1990).
  • 🌐 Curso gratis (en inglés). MIT OpenCourseWare 24.251 Introduction to Philosophy of Language (otoño de 2011, a cargo del profesor Stephen Yablo), con programa, lecturas, apuntes de clase y tareas. La Stanford Encyclopedia of Philosophy tiene entradas gratis sobre descripciones, implicatura y actos de habla.
Para llevar

Las palabras tienen un camino (sentido) y un destino (referencia); las oraciones pueden esconder estructura; los nombres etiquetan a las personas en vez de describirlas; las palabras son jugadas en actividades; algunas emisiones son actos; y quien habla quiere decir más de lo que dice. Cada una de estas ideas se introdujo para resolver un rompecabezas concreto, y cada una sigue teniendo críticos vivos. Los filósofos de la India trabajaron los mismos rompecabezas desde otros puntos de partida.

Prueba esto: durante un día, atrapa tres cosas que la gente comunica sin decirlas (una respuesta que esquiva la pregunta, un «bien» seco, un «algunos») y nombra la máxima que te hace oírlas.

Fuentes y para profundizar

Fuentes. Frege, «Über Sinn und Bedeutung» (1892); Russell, «On Denoting», Mind 1905; Strawson, «On Referring», Mind 1950; Donnellan, «Reference and Definite Descriptions», Philosophical Review 1966; Kripke, Naming and Necessity (conferencias de enero de 1970; libro de 1980); Evans, «The Causal Theory of Names», 1973; Wittgenstein, Tractatus (1921; Ogden 1922) e Investigaciones filosóficas (1953); Austin, How to Do Things with Words (conferencias de 1955; libro de 1962); Searle, Speech Acts (1969); Grice, «Logic and Conversation» (Conferencias William James de 1967; publicado en 1975); Sperber y Wilson, Relevance (1986); entradas de la Stanford Encyclopedia of Philosophy sobre estos temas; Matilal (1990) para las teorías indias. Ediciones en español: registros de catálogos de bibliotecas para Austin (Paidós, 1971, Carrió y Rabossi), Wittgenstein (Crítica/UNAM, 1988, García Suárez y Moulines) y Kripke (UNAM, Valdés). La Encuesta PhilPapers 2020 (philpapers.org) pregunta por los nombres propios. Las citas del Tractatus están traducidas por nosotros.

Para tu español
sentido (sense) · referencia (reference) · designador rígido (rigid designator) · presuposición (presupposition) · acto de habla (speech act) · implicatura (implicature) · máxima (maxim) · juego de lenguaje (language-game) · parecido de familia (family resemblance) · valor de verdad (truth-value)