Pregúntale a tu abuela en qué año dejó la familia el pueblo para irse a la ciudad y te dará un año con toda seguridad. Busca el padrón municipal y dice que llegaron dos años después. Las dos cosas son evidencia real. Ninguna es simplemente falsa. Tu abuela puede estar recordando cuándo se tomó la decisión, o cuándo sintió que se había ido, o la historia como se la contaron a ella. El padrón pudo llenarse cuando por fin alguien fue a empadronarlos, con lo que un empleado anotó una mañana con prisa.
Ese pequeño enigma es la disciplina entera de la historia en miniatura. Tienes huellas. Las huellas las hicieron personas por sus propias razones, muchas de ellas muertas hace siglos. Se contradicen. Están incompletas, y lo que falta no falta al azar. Un historiador es alguien entrenado para preguntarle a cada huella: ¿quién la hizo, cuándo, para quién, y qué podía saber de verdad? Y después: ¿qué más tendría que ser cierto si esta huella dijera la verdad?
Esta es la primera pieza de la carrera de Historia, porque todas las demás, del mundo antiguo al siglo XX, se apoyan en ella. No es una lista de técnicas para memorizar. Son cinco hábitos mentales, y cada uno puedes probarlo abajo en un pueblo inventado. Además verás dónde están los archivos que puedes abrir hoy desde tu casa, y cómo se cazan las falsificaciones.
- Quién la cursa
- Los estudiantes de Historia en el primer año, con nombres como "Introducción a la historia", "Teoría y método de la historia" o "Técnicas de investigación histórica". En muchas universidades de habla hispana va acompañada de materias (o asignaturas) de paleografía, el arte de leer letra antigua: la Universidad de Extremadura, por ejemplo, tiene "Paleografía y Diplomática Medieval" y "Paleografía Moderna". El proyecto Tuning de la Asociación Histórica Estadounidense (2016) pone el uso de fuentes y evidencia entre las destrezas centrales de la carrera. Arqueología, Derecho, Periodismo y Patrimonio usan las mismas ideas.
- Para qué sirve
- Para juzgar una fuente, pesar unas fuentes contra otras, fechar cosas, discutir causas y darse cuenta de quién falta en el registro.
- Viene después de:
- Nada. Es la puerta de entrada de la carrera.
- Lleva a:
- Historiografía (34/92), El mundo antiguo (34/91) y cada pieza de periodo: El mundo medieval, 500–1500 (34/93), El mundo moderno temprano, 1450–1800 (34/94), Revoluciones e imperios, 1750–1914 (34/95) y El siglo XX y después (34/96); y, al final, a Historia pública, memoria y patrimonio (34/97) y Las grandes preguntas de la historia latinoamericana (34/98).
- Qué te da esta pieza
- No podrás leer un documento notarial del siglo XVI ni manejar un laboratorio de radiocarbono. Sí verás por qué cien artículos de periódico pueden valer por uno, por qué una fecha es un intervalo y por qué las partes calladas de un archivo también son evidencia. Lecturas más fáciles en esta biblioteca: Cómo Leer las Noticias Sin Perder la Cabeza (06/05) y Antes de Colón: Las Grandes Civilizaciones (06/01). La prima periodística de esta materia es Verificación de datos (34/60).
Fuentes y procedencia: quién hizo esto, y para qué
Los historiadores separan la evidencia en fuentes primarias (hechas en el momento, por gente que estaba ahí o cerca: un diario, una ley, una moneda, un edificio, un acta) y fuentes secundarias (hechas después, por gente que trabaja con otra evidencia: un libro de texto, un documental). La línea no es fija. Un discurso de aniversario de 1828 es secundario para una inundación de 1788 y primario para saber cómo quería recordarla la gente en 1828. Que una fuente sea primaria depende de la pregunta que le hagas.
El movimiento central es la procedencia: ¿de dónde salió esto, y por qué manos ha pasado desde entonces? Tres preguntas hacen casi todo el trabajo. ¿Quién lo hizo, y qué podía ver? ¿Cuándo, respecto del hecho? ¿Para qué, y para qué público? Un diario íntimo, un acta del cabildo, un folleto para recaudar fondos y un libro parroquial de entierros pueden describir el mismo desastre, y cada uno responde bien un tipo de pregunta y mal otro. Marc Bloch, el medievalista francés, comparó al historiador con un juez de instrucción que interroga testigos; en su Apología para la historia o el oficio de historiador (escrita durante la Segunda Guerra Mundial y publicada en 1949, cinco años después de que la Gestapo lo fusilara en 1944) insistió en que una fuente no dice nada hasta que alguien le pregunta algo.
Mira la procedencia en acción en un documento real, uno de los más famosos de México.
Fíjate en tres cosas. Primero, el centro: el águila sobre el nopal, la ciudad dividida en cuatro por canales (las franjas azules en diagonal) y diez fundadores sentados, cada uno con el signo de su nombre junto a la cabeza. Es la forma mexica de escribir la historia: con imágenes y glifos, no con alfabeto. Segundo, las anotaciones en letra española pequeña ("tenochtitlan", "colguacan pueblo", "tenayucan pueblo"): alguien explicó las pinturas para un lector que no sabía leerlas. Eso dice para quién se hizo: el códice se atribuye a un encargo del primer virrey de la Nueva España, Antonio de Mendoza, para mostrarle al rey de España cómo funcionaba el tributo mexica. El marco cuenta años (arriba a la derecha alguien anotó en español "numero de años", 51), así que la página es a la vez un mapa, una genealogía y una cronología. Tercero, la esquina superior izquierda: una firma en francés, "A. Thevet cosmographe du Roy". André Thevet era el cosmógrafo del rey de Francia. Según un relato posterior de Samuel Purchas (1625), corsarios franceses capturaron el barco que llevaba el códice a España. Thevet lo tuvo en 1553; luego pasó al inglés Richard Hakluyt, al propio Purchas, a John Selden, y en 1659 a la biblioteca Bodleiana de Oxford, donde sigue. Cada dueño dejó huella, y esa cadena de manos es la procedencia.
Ahora prueba con Puerto Alba, un puerto inventado de la costa. Una inundación lo golpeó en 1788. Sobreviven cuatro fuentes. Para cada una, elige para qué es mejor.
Esta fuente es la mejor para responder:
Puerto Alba y sus cuatro fuentes son inventados para este ejercicio. Lo que importa son las preguntas, no el pueblo.
Sin JavaScript: el diario es lo mejor para saber cómo vivió una persona esa noche; el acta del cabildo, para saber a quién se culpó oficialmente; el periódico de 1828, para saber cómo eligió recordarlo el pueblo después; el libro de entierros, para saber más o menos cuántos murieron esa semana.
Nota que en el juego ninguna fuente era "la confiable". El libro de entierros es la mejor guía de las muertes de la semana y la peor sobre por qué hubo inundación. El diario es vívido, cercano en el tiempo y mudo sobre todo lo que su autora no pudo ver. El periódico se equivoca en las cifras y es la mejor evidencia que existe sobre la memoria del pueblo. A eso llaman los historiadores leer una fuente por lo que es.
Corroboración: cuenta los testigos, no las copias
Una fuente es una afirmación. Dos que coinciden parecen prueba, pero solo si son independientes. Los cronistas medievales se copiaban unos a otros con toda libertad, muchas veces sin decirlo. Si seis crónicas cuentan la misma historia y las seis vienen del cuaderno de un solo monje, tienes un testigo repetido seis veces. El joven Leopold von Ranke lo mostró en 1824 con el historiador renacentista Guicciardini: un relato tardío que parecía rico dependía de fuentes anteriores, y donde esas fuentes sobrevivían, eran ellas las que había que usar.
La conquista de México tiene su propio caso. Francisco López de Gómara publicó en 1552 una historia de la conquista sin haber cruzado nunca el Atlántico; conoció a Hernán Cortés y se movió en su círculo, y su relato pone a Cortés en el centro. Bernal Díaz del Castillo, que dijo haber sido soldado de esa campaña, escribió su Historia verdadera de la conquista de la Nueva España en buena parte para desmentirlo: decía que Gómara le daba todo el mérito al capitán y olvidaba a los soldados. Un historiador que encuentra a Cortés y a Gómara de acuerdo no tiene dos testigos independientes: tiene una línea de información y su eco. Bernal es otra línea, con sus propios intereses (reclamaba encomiendas como premio a sus servicios). Y las fuentes en náhuatl, que verás en Historiografía (34/92), son una tercera.
Aquí está la idea como aritmética. Supón que cada testigo independiente acierta con cierta probabilidad r (digamos 70%). Si los testigos son independientes, cada uno más que coincide multiplica las probabilidades a favor de que el hecho ocurrió por r / (1 − r). Si son copias, no suman nada. La herramienta de abajo usa un modelo deliberadamente simple, que parte de 50 y 50.
Un modelo de juguete. Los testigos reales nunca son del todo independientes ni del todo dependientes, y un testigo hostil que aun así confirma algo vale más que uno amigo.
Sin JavaScript: con 70% de confiabilidad y partiendo de 50 y 50, un testigo da 70%; tres testigos independientes dan cerca de 93%; seis copias de un solo relato siguen dando 70%.
Dos refinamientos importan en la práctica. Primero, el testimonio del adversario: una admisión de alguien que no gana nada con ella, o que pierde, vale más. Segundo, la convergencia de tipos: que coincidan una crónica, un tesoro de monedas enterrado y una capa de ceniza en el suelo es más fuerte que tres crónicas, porque no pudieron copiarse entre sí.
Fechar: ¿qué tan antiguo es, de verdad?
El "cuándo" sale de varias herramientas usadas juntas. La más humilde es la evidencia interna. El Códice Mendoza llama a Cortés "marqués del Valle", un título que recibió en julio de 1529: el códice tiene que ser posterior. Y Thevet firmó con la fecha de 1553: tiene que ser anterior. Esas dos fronteras tienen nombre latino, término post quem ("después del cual") y término ante quem ("antes del cual"), y se usan todos los días en los archivos.
Luego están las cronologías escritas: listas de reyes, años de reinado en las monedas, las listas asirias de funcionarios anuales, amarradas al cielo real por un eclipse registrado en 763 a. C. También pueden engañar: la Lista Real Sumeria da a los primeros reyes reinados de decenas de miles de años. La Cuenta Larga maya es otra cronología escrita, que cuenta días desde una fecha de inicio; el problema es saber qué día nuestro corresponde a cada día maya. La dendrocronología cuenta anillos de árboles: los años húmedos dejan anillos anchos y los secos, angostos, y el patrón es un código de barras que se empalma entre maderas vivas y viejas; las cronologías continuas de roble y pino europeos llegan hoy a más de doce mil años atrás. Y el radiocarbono llega a objetos sin ninguna escritura.
Así funciona este último. Los rayos cósmicos producen en el aire un poco de carbono 14 radiactivo, que las plantas absorben y los animales comen. Mientras un organismo vive, lo repone. Cuando muere, la reposición se detiene y el carbono 14 se desintegra: su vida media es de unos 5,730 años. Mide cuánto queda y puedes echar el reloj hacia atrás. El método lo desarrolló Willard Libby a fines de la década de 1940 (premio Nobel de Química, 1960).
Dos ejemplos americanos muestran para qué sirve. En Caral, en el valle de Supe (Perú), el equipo de la arqueóloga Ruth Shady fechó los costales de fibra vegetal tejida (las shicras) con que se acarreaban piedras para los templos, y obtuvo fechas de hacia 2600 a. C.: la ciudad era contemporánea de las grandes pirámides de Egipto. Y en Tikal (Guatemala) un equipo dirigido por Douglas Kennett (Scientific Reports, 2013) fechó con radiocarbono de alta precisión un dintel de madera tallado con fechas mayas, contando además los anillos de crecimiento entre muestra y muestra. El resultado respaldó la correlación más usada entre el calendario maya y el nuestro, la llamada GMT. Aquí dos tipos de reloj, uno escrito y otro físico, se corroboran entre sí.
Dos complicaciones honestas. La cantidad de carbono 14 en el aire no ha sido constante, así que una edad de radiocarbono en bruto hay que calibrarla contra una curva construida con anillos de árboles, corales, depósitos de cuevas y sedimentos de lagos; el estándar actual es IntCal20 (Reimer y colegas, 2020). Y una contaminación mínima con carbono moderno hace que las muestras viejas parezcan jóvenes. Juega con las dos.
La aritmética de la edad convencional es exacta. La conversión a calendario usa una curva esquemática y redondeada (unos cuantos puntos, interpolados), buena a lo sumo por unos cientos de años. El trabajo real usa IntCal20 en programas como OxCal o CALIB. Por debajo de cerca de 0.2% del carbono moderno, en la práctica no se distingue del ruido de fondo.
Sin JavaScript: tras una vida media (5,730 años) queda la mitad del carbono 14; a unos 50,000 años solo queda cerca de 0.2%, cerca del límite del método. Una muestra de 50,000 años mezclada con apenas 1% de carbono moderno da una lectura de unos 35,000 años.
Otra consecuencia: un resultado de radiocarbono es un intervalo con una probabilidad, no una fecha. Entre más o menos 800 y 400 a. C. la curva de calibración es casi plana (la "meseta de Hallstatt"), así que una sola medición puede caer en varios siglos. Por eso los arqueólogos la combinan con anillos de árboles, capas del suelo y registros escritos.
Causas: necesarias, suficientes y contingentes
¿Por qué pasó? Los historiadores discuten eso más que cualquier otra cosa, y la discusión tiene estructura. La prueba del "si no" pregunta: ¿habría pasado sin esto? Un factor que no pasa la prueba no es causa en ese sentido estricto. Pero casi todos los hechos reales tienen varios factores, ninguno suficiente por sí solo. El filósofo John Mackie le puso nombre a la forma habitual en 1965: una causa es una parte insuficiente pero necesaria de una condición innecesaria pero suficiente (en inglés, condición INUS). Se rasca un cerillo, pero solo porque había oxígeno, leña seca y no llovía.
Luego está la contingencia: lo que fácilmente pudo salir de otra manera. La caída de México-Tenochtitlan en 1521 es un caso que discute todo el mundo hispano. La vieja versión ponía la causa en un puñado de españoles con armas de acero y caballos. Matthew Restall, en Los siete mitos de la conquista española (2003; en español, Paidós, 2004), sostiene que esa versión deja fuera a los miles de aliados indígenas, como los tlaxcaltecas, sin los cuales no se explica el resultado; otros historiadores subrayan la epidemia de viruela de 1520, o las divisiones dentro del mundo mexica. Nadie niega ninguno de esos factores: discuten cuál fue necesario y cuál fue fondo. Lo mismo pasa con la Primera Guerra Mundial: Fritz Fischer (1961) puso el peso en los objetivos alemanes; Christopher Clark (2012), en una red de decisiones en varias capitales. Ninguno niega que Sarajevo fue la chispa; discrepan sobre qué tan seco estaba el bosque. Los contrafácticos ("¿y si Gavrilo Princip hubiera fallado?") son una herramienta para probar eso, no un juego de mundos alternos.
Aquí va una miniatura en Puerto Alba. La inundación hizo daño por la lluvia intensa y, además, por una alcantarilla tapada o por una marea viva. Hubo muchas muertes si hubo inundación y no sonó la campana de alarma. Activa y desactiva condiciones.
Regla usada: inundación = lluvia Y (alcantarilla O marea); muchas muertes = inundación Y sin campana. Una lógica inventada para ilustrar; las historias reales no tienen reglas tan limpias.
Sin JavaScript: con lluvia, alcantarilla tapada, marea viva y sin campana, quitar la alcantarilla no cambia nada (la marea igual inunda el pueblo), y sin embargo la alcantarilla sigue siendo parte de un conjunto suficiente. Quitar la lluvia lo evita todo.
La lección para llevarte: "la causa" casi siempre es una elección sobre qué condiciones llamar fondo y cuáles llamar detonante, y ahí suele esconderse el verdadero desacuerdo.
Silencios: quién dejó registros, y qué sobrevivió
El archivo no es el pasado. Es lo que se escribió, luego se guardó, y luego sobrevivió a incendios, inundaciones, polillas, mudanzas y limpiezas. El antropólogo haitiano Michel-Rolph Trouillot, en Silencing the Past (1995; en español, Silenciando el pasado, Comares, 2017), dijo que el silencio entra en cuatro momentos: cuando se crean los hechos (quién escribe), cuando se reúnen (qué guarda un archivo), cuando se recuperan (qué eligen contar los historiadores) y cuando se les da significado en retrospectiva. Su ejemplo más fuerte fue la Revolución haitiana, que mucha gente en la Europa de la década de 1790 encontraba literalmente impensable, y por eso la escribió de maneras que ocultaban lo que era.
En América el silencio tiene fecha y lugar. En julio de 1562, en Maní (Yucatán), el fraile Diego de Landa quemó los libros mayas que encontró, porque, escribió, no contenían más que superstición. De los miles de libros pintados que tuvieron los mayas sobreviven cuatro: los códices de Dresde, Madrid y París, y el Códice Maya de México (antes llamado Grolier), el único que está en América, en el Museo Nacional de Antropología desde 2016. Que sobrevivan es un accidente detrás de otro: el de Dresde lo compró la biblioteca real de Sajonia en 1739, sin que se sepa quién lo llevó a Europa; el de París apareció en 1859 en una canasta de papeles viejos arrumbada junto a una chimenea de la Biblioteca Nacional de Francia.
Mira las cinco páginas de la izquierda: las filas de puntos y barras son números mayas (un punto vale uno, una barra vale cinco), en negro y en rojo. Buena parte del Códice de Dresde son tablas astronómicas: eclipses, Venus, Marte. Ahora imagina lo que se perdió en los libros que sí se quemaron. Y la ironía que los historiadores no dejan pasar: el mismo Landa escribió hacia 1566 una Relación de las cosas de Yucatán con fechas y un supuesto "alfabeto" maya que, casi cuatro siglos después, el lingüista ruso Yuri Knórozov tomó como punto de partida para su desciframiento de la escritura maya (1952). Quien destruye un archivo puede ser también una de sus fuentes.
El azar también conserva. La biblioteca de Asurbanipal en Nínive (siglo VII a. C.) sobrevivió porque el incendio que destruyó la ciudad coció sus tablillas de barro. Los basureros de Oxirrinco, en Egipto, excavados desde 1896 por Grenfell y Hunt, dieron cientos de miles de fragmentos de papiro: recibos, cartas, ejercicios escolares. El depósito de una sinagoga de El Cairo, la Genizá, conservó durante siglos documentos de la vida cotidiana de judíos y musulmanes porque la comunidad no se atrevía a tirar escritos que pudieran contener un nombre sagrado. Y donde la escritura alfabética no cargó con la historia, otros registros lo hicieron.
Los administradores incas llevaban cuentas en cordones anudados: los quipus (o khipus). Fíjate en que los nudos están a distintas alturas de cada cordón: la posición del nudo indicaba su valor, como las cifras de un número, y el color del cordón, que en la foto va del crema al café oscuro, también contaba. Los números de muchos quipus se pueden leer; si algunos guardaban también nombres o relatos sigue en debate. Muchas sociedades de África occidental conservan tradiciones orales largas y entrenadas; Jan Vansina, en Oral Tradition as History (1985), explicó cómo ponerlas a prueba frente a otra evidencia.
La herramienta de abajo muestra qué tan delgada puede ser la voz que sobrevive, incluso con supuestos generosos. Modela a 1,000 habitantes inventados de Puerto Alba en cuatro grupos, con una probabilidad inventada de saber escribir y de que lo escrito se conserve.
Todos los números son inventados. Hacendados y funcionarios, 100 personas; artesanos y comerciantes, 300; peones y sirvientes, 450; pobres, esclavizados y transeúntes, 150. Las "menciones" suman padrones, juicios y libros parroquiales, que nombran a gente que nunca escribió nada. Las cifras son valores esperados, no una simulación.
Sin JavaScript: en el modelo por defecto, los hacendados y funcionarios son el 10% del pueblo y cerca de dos tercios de lo que sobrevive escrito de su puño y letra; el 15% más pobre deja menos de lo que dejaría una sola persona. Contar las menciones en registros ajenos sube a los más pobres a cerca de 5% de lo que sobrevive, aunque solo como los vio otro.
Los historiadores responden de dos maneras. Leen a contrapelo: usan un registro por lo que revela sin querer. Un juicio escrito por un juez muestra las palabras de una sirvienta, filtradas; los procesos de la Inquisición, escritos para perseguir, son hoy una de las mejores fuentes sobre lo que creía y decía la gente común. Y buscan otros tipos de evidencia: arqueología, lengua, tradición oral, los propios cuerpos. Ninguna de las dos cierra el hueco. Lo que hacen es decirte con honestidad dónde está.
Dónde están las fuentes: archivos que puedes abrir hoy
Durante siglos, leer una fuente primaria exigía viajar. Hoy una parte enorme está digitalizada y es gratuita. El archivo más grande para la historia de la América española es el Archivo General de Indias, en Sevilla, creado en 1785 por Carlos III para reunir en un solo lugar los papeles del gobierno de los territorios de ultramar, dispersos entre Simancas, Cádiz y Sevilla. Guarda unos 43,000 legajos (paquetes de documentos atados), en más de nueve kilómetros de estantería.
Mira las cajas blancas en los estantes: cada una guarda legajos, y cada legajo cientos de hojas: cartas de virreyes, pleitos, listas de pasajeros, informes de minas, mapas. El edificio fue una lonja de mercaderes, es decir, nació para el comercio con América, y terminó guardando su memoria. Que el archivo esté en Sevilla y no en Lima o en México también es parte de la historia: los papeles se guardaron donde estaba el poder que los pedía.
| Dónde | Qué encuentras |
|---|---|
| PARES, el Portal de Archivos Españoles del Ministerio de Cultura de España | Catálogos e imágenes digitalizadas, gratis, de los archivos estatales españoles, entre ellos el de Indias. |
| Archivo General de la Nación (México) | El archivo histórico nacional de México, de la época virreinal en adelante. |
| Memoria Chilena (Biblioteca Nacional de Chile) | Libros, periódicos, fotografías y documentos chilenos digitalizados, organizados por temas. |
| Biblioteca Digital Hispánica y Hemeroteca Digital (Biblioteca Nacional de España) | Manuscritos, libros antiguos, mapas y miles de periódicos y revistas históricas en español. |
| Internet History Sourcebooks (Universidad Fordham) | Fuentes primarias de todo el mundo, traducidas al inglés y ordenadas por periodo. |
Una advertencia práctica: leer un documento de 1600 exige aprender su letra (la "procesal" encadenada de los escribanos es famosa por difícil) y sus abreviaturas. Para eso existe la paleografía, y por eso aparece tan temprano en los planes de estudio.
Falsificaciones: el método al revés
Las falsificaciones son la prueba de esfuerzo de la historia. En 1440 el humanista italiano Lorenzo Valla mostró que la Donación de Constantino, un documento por el que el emperador supuestamente le había cedido al papa el gobierno de Roma, no podía ser del siglo IV: su latín usaba palabras y giros de siglos posteriores. En 1983 la revista alemana Stern publicó fragmentos de los "diarios de Hitler"; en cuestión de semanas, laboratorios de los archivos alemanes encontraron papel y encuadernación modernos, y el falsificador, Konrad Kujau, fue atrapado.
España tiene un caso de libro. En 1588, en la torre de una antigua mezquita de Granada, apareció una caja de plomo con un pergamino; entre 1595 y 1606 aparecieron en las cuevas del Sacromonte unos veintidós "libros" de láminas circulares de plomo, junto a restos humanos atribuidos a mártires del tiempo de Nerón. Los textos, en latín y en árabe, decían ser enseñanzas de la Virgen dirigidas a cristianos de habla árabe del siglo I, y los tradujeron dos moriscos de Granada, Alonso del Castillo y Miguel de Luna. Roma se llevó los libros en 1642 y en 1682 los declaró falsificaciones heréticas; volvieron a Granada en el año 2000. Hoy casi todos los especialistas creen que fueron fabricados para dignificar la lengua y las costumbres de los moriscos, cristianos de origen musulmán, cuando eran cada vez más perseguidos. Fíjate en que la falsificación es también una fuente: no dice nada verdadero sobre el siglo I, pero dice muchísimo sobre la Granada de 1600.
Ningún caso necesitó una confesión. Todos se resolvieron con las mismas preguntas: quién hizo esto, cuándo, y ¿encaja con todo lo demás que sabemos?
Lo que un graduado ve sin pensarlo
- Toda fuente responde bien unas preguntas y mal otras; pregunta para qué se hizo.
- La procedencia es una cadena de manos, y cada mano deja huella (hasta una firma en la esquina de un códice).
- Seis relatos que copian una sola fuente son un solo testigo.
- Una fecha es un intervalo con un método detrás. Conoce el método.
- "La causa" es una elección entre condiciones; pregunta cuáles tendrían que haber cambiado.
- El archivo es un sobreviviente de muchas selecciones, a veces de una hoguera. Quién falta también es evidencia.
- Desconfía más de la fuente que te dice exactamente lo que esperabas encontrar.
Dónde aparece después
- Historiografía (34/92): el mismo oficio aplicado a los historiadores. ¿Por qué Heródoto, Sima Qian, Bernal Díaz, Guamán Poma y Ranke confiaban en cosas distintas?
- El mundo antiguo (34/91) y cada pieza de periodo: cada fecha antigua que leas ahí es un intervalo que sale de las herramientas de arriba.
- Historia pública, memoria y patrimonio (34/97): lo que el pueblo eligió recordar en 1828, y quién decide qué se guarda.
- Verificación de datos (34/60) y Periodismo de investigación (34/64): las mismas preguntas de procedencia aplicadas a una foto viral o a un documento filtrado.
- En el mundo: los tribunales que pesan pruebas, la genealogía familiar, las comisiones de la verdad que trabajan con archivos policiales, y cualquiera que decida si un documento es lo que dice ser.
Si quieres profundizar
- 🌐 Gratis, en español. Los archivos digitales de arriba: Memoria Chilena y el Archivo General de la Nación de México. Elige un documento y hazle las tres preguntas: quién, cuándo, para qué.
- 🌐 Gratis (en inglés). El Internet History Sourcebooks Project (fuentes primarias) y MIT OpenCourseWare 21H.991 Theories and Methods in the Study of History (otoño de 2010), un seminario de posgrado: tómalo como meta ambiciosa.
- 🌐 Curso de bajo costo, en español. Caligrafía y paleografía: espacios históricos para su estudio y práctica, de la Universidad Carlos III de Madrid, en edX (edX: revisa en la página si hay acceso gratuito; si no, es de bajo costo).
- 📘 Libro de texto (en español). Julio Aróstegui, La investigación histórica: teoría y método (Crítica, 1995; reeditado). Y el clásico: Marc Bloch, Apología para la historia o el oficio de historiador (Fondo de Cultura Económica, 1996; 2.ª ed. revisada, 2001), con la edición crítica de su hijo Étienne Bloch.
- 📘 Más ameno (en español). Matthew Restall, Los siete mitos de la conquista española (Paidós, 2004): el método aplicado a una historia que creías conocer. Michel-Rolph Trouillot, Silenciando el pasado: el poder y la producción de la historia (Comares, 2017).
La historia es un argumento hecho con restos. Una fuente se juzga por quién la hizo, cuándo y para qué; la coincidencia solo cuenta entre testigos independientes; las fechas son intervalos con métodos detrás; las causas son conjuntos de condiciones entre las que elegimos; y los huecos del registro, de la hoguera de Maní a la canasta junto a la chimenea, son parte de la evidencia.
Prueba esto: toma una historia de tu familia y busca un documento que la toque (un acta, una foto con fecha, una carta). Escribe cómo llegó a existir cada uno, y si son independientes.
Fuentes. Bloch, Apologie pour l'histoire ou Métier d'historien (1949; ed. en español FCE, 1996); Ranke, apéndice sobre Guicciardini de Geschichten der romanischen und germanischen Völker (1824); sobre el Códice Mendoza: Berdan y Anawalt, The Codex Mendoza (1992) y el catálogo de la Bodleian Library; López de Gómara, Historia general de las Indias (1552); Díaz del Castillo, Historia verdadera de la conquista de la Nueva España (publicada en 1632); Shady Solís y colegas sobre las fechas de Caral; Kennett y colegas, "Correlating the Ancient Maya and Modern European Calendars with High-Precision AMS 14C Dating", Scientific Reports 3 (2013); Reimer y colegas, "The IntCal20 Northern Hemisphere radiocarbon age calibration curve", Radiocarbon 62 (2020); el Nobel de Química de Libby, 1960; Mackie, "Causes and Conditions", American Philosophical Quarterly (1965); Restall, Seven Myths of the Spanish Conquest (2003); Fischer, Griff nach der Weltmacht (1961); Clark, The Sleepwalkers (2012); Trouillot, Silencing the Past (1995); sobre Landa, Maní (1562) y los cuatro códices mayas; Vansina, Oral Tradition as History (1985); sobre el Archivo General de Indias (fundado en 1785); sobre los libros plúmbeos del Sacromonte: García-Arenal y Rodríguez Mediano, The Orient in Spain (Brill, 2013). Aritmética del radiocarbono calculada en node. Puerto Alba, sus fuentes, reglas y números son inventados.
- 📘 Aróstegui, La investigación histórica · Bloch, Apología para la historia (en español)
- 📘 Restall, Los siete mitos de la conquista española (en español)
- 🌐 Memoria Chilena (gratis, en español)
- 🌐 Internet History Sourcebooks Project (gratis, en inglés)