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Historiografía: toda historia tiene autor

El pasado no viene con un relato incluido. Cada escuela de historiadores eligió qué preguntas hacer, en qué evidencia confiar y qué cuenta como explicación. Aprenderlas es aprender a leer la historia como un argumento.

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Also in English: Historiography: Every History Has an Author →

Toma dos libros sobre la independencia de México. Uno empieza en la madrugada del 16 de septiembre de 1810, con el cura Hidalgo y la campana de Dolores. El otro empieza dos años antes, en 1808, con Napoleón invadiendo España y una monarquía que de pronto no tiene rey. Un tercero empieza con el precio del maíz. Los tres pueden ser exactos sobre lo que pasó. Se distinguen en lo que decidieron que importaba.

Esa diferencia tiene nombre: historiografía, la historia de cómo se ha escrito la historia y el estudio de los distintos enfoques de los historiadores. Es la materia que convierte a un lector de historia en su crítico. Un graduado no memoriza una lista de escuelas. Adquiere un reflejo: cuando alguien te dice qué causó algo, pregúntate qué clase de historiador es, y qué habría preguntado otro distinto.

Lo que sigue es un recorrido por más de dos mil años y cuatro continentes, con una parada larga donde el mundo de habla hispana tiene su propia tradición: los cronistas de Indias, las historias nacionales del siglo XIX, la teoría de la dependencia y el debate de la leyenda negra. Cada enfoque va con su mejor argumento y con sus críticos.

La materia en una caja
Quién la cursa
Los estudiantes de Historia, normalmente en el año 2 o 3, a menudo como materia (o asignatura) de "teoría de la historia" o "historiografía". En la UNAM, por ejemplo, "Historiografía General I" es obligatoria en el tercer semestre de la licenciatura en Historia del sistema abierto. El proyecto Tuning de la Asociación Histórica Estadounidense y el referente de Historia del Reino Unido esperan que un graduado entienda cómo cambian y difieren las interpretaciones. Estudiantes de Política, Literatura y Antropología la encuentran con otros nombres.
Para qué sirve
Para reconocer los supuestos de un historiador, comparar interpretaciones con justicia y usar la herramienta adecuada para cada pregunta.
Viene después de:
Método histórico y fuentes (34/90).
Lleva a:
El mundo medieval, 500–1500 (34/93) y El mundo moderno temprano, 1450–1800 (34/94), sus compañeras del año 2; luego Historia pública, memoria y patrimonio (34/97) y Las grandes preguntas de la historia latinoamericana (34/98), porque cada pieza de periodo depende de qué escuela leíste primero. Está al lado de Teoría social clásica (en inglés, 35/75), con la que los historiadores discuten, y de Teoría y crítica literaria (34/86).
Qué te da esta pieza
No podrás escribir un ensayo historiográfico. Sí conocerás una docena de enfoques por su pregunta de partida, quién los sostuvo y qué dijeron sus mejores críticos. Lecturas más fáciles en esta biblioteca: 1492: El Choque de Dos Mundos (06/02) y La Independencia: Cómo Nació un Continente (06/03). Los herederos periodísticos de los cronistas están en La crónica latinoamericana (34/66).

Heródoto y Tucídides: la indagación y la causa más verdadera

La historiografía occidental empieza con dos griegos que discrepaban en casi todo. Heródoto (nacido en Halicarnaso hacia 484 a. C.; sus Historias son de alrededor de las décadas de 430 y 420 a. C.) llamó a su obra una "indagación" (historíē, la palabra griega que nos dio "historia"). Viajó, preguntó y anotó lo que oía: sacerdotes egipcios, costumbres persas, entierros escitas, relatos de las guerras médicas. Fue franco sobre su método: en un pasaje dice que su deber es contar lo que se dice, no necesariamente creérselo todo (7.152). Cicerón lo llamó padre de la historia; Plutarco lo llamó mentiroso. La verdad está en medio, y el debate moderno sigue: la arqueología ha confirmado algunos de sus relatos, y el filólogo Detlev Fehling (1989) sostuvo que algunas de las fuentes que nombra son invenciones literarias.

Tucídides (hacia 460 – hacia 400 a. C.) fue un general ateniense que no logró salvar una ciudad y acabó desterrado. Escribió sobre la guerra del Peloponeso entre Atenas y Esparta (431–404 a. C.), la dejó inconclusa y se propuso otra ambición. Quería una obra que fuera "una adquisición para siempre" (1.22), estrictamente contemporánea, contrastada con testigos y centrada en el poder y la política. Su "causa más verdadera" de la guerra fue el crecimiento del poder de Atenas y el miedo que eso causó en Esparta (1.23). Sus famosos discursos son reconstrucciones que conservan el sentido general de lo dicho, como él mismo admite. Su relato de la peste de Atenas (2.47–54) describe los síntomas para que los lectores futuros pudieran reconocerla.

HeródotoTucídides
Pregunta¿Qué hizo la gente y en qué se diferencian los pueblos?¿Por qué ocurrió la guerra y qué enseña sobre el poder?
EvidenciaRelatos de muchos pueblos, viajes, asombroTestigos, su propia presencia, discursos reconstruidos
Punto débilCredulidad, o fuentes inventadas (Fehling)Estrecho: deja fuera a las mujeres, la religión y casi toda la economía
LegadoEtnografía, comparación, el mundo como temaHistoria política; leído después como fundador del "realismo" en relaciones internacionales (ver 34/52)

Fíjate en el patrón: los primeros historiadores ya discrepan sobre para qué sirve la historia. Esa discusión nunca terminó.

Sima Qian e Ibn Jaldún: métodos fuera de Grecia

Sima Qian (nacido hacia 145 o 135 a. C., muerto hacia 86 a. C.) escribió el Shiji, las Memorias históricas, en 130 capítulos, y lo terminó hacia 91–90 a. C. Heredó el proyecto de su padre, Sima Tan, astrólogo e historiador de la corte. Cuando Sima Qian defendió a un general caído en desgracia (Li Ling, en 99 a. C.), el emperador lo mandó castrar; él eligió vivir para terminar el libro. La estructura que inventó duró: anales de los gobernantes, tablas cronológicas, tratados sobre temas como los ritos y los ríos, historias de casas nobles y una larga sección de biografías, que incluye a asesinos, comerciantes y artistas junto a los ministros. Las historias dinásticas chinas siguieron su modelo durante dos mil años. Viajó, leyó los archivos, comparó relatos, y a veces dejó dos versiones lado a lado cuando no podía decidir.

Sus críticos empezaron pronto. El historiador Ban Gu se quejó de que ponía el pensamiento daoísta por encima del confuciano. Los especialistas modernos discuten sus primeros capítulos, y ahí su método pasó una prueba: las inscripciones en huesos oraculares halladas en 1899 y estudiadas por Wang Guowei (1917) confirmaron a la mayoría de los reyes Shang de su lista, mientras que la dinastía Xia, anterior, no tiene una confirmación comparable y se discute.

Ibn Jaldún (Túnez, 1332 – El Cairo, 1406) tiene un vínculo directo con el mundo hispano: su familia era de Sevilla y emigró al norte de África después de que la ciudad cayó ante Castilla en 1248; él mismo volvió a Sevilla en 1364 como embajador del reino nazarí de Granada ante Pedro I. En 1377 escribió la Muqaddima, la introducción a una historia universal. Sostuvo que los historiadores repiten relatos absurdos porque nunca los ponen a prueba frente a cómo funcionan las sociedades: cuántos soldados puede alimentar un lugar, cómo se comporta la gente en grupo. Su propia teoría gira en torno a la asabiyya, el "espíritu de cuerpo": la solidaridad de los grupos tribales de los márgenes, que les permite conquistar estados asentados. Ya en el poder, decía, la nueva dinastía se ablanda en el lujo, su solidaridad se desvanece, los impuestos suben y otro grupo duro ocupa su lugar. Calculó ese ciclo en unas tres generaciones de cuarenta años, unos 120 años.

Interactivo · Un ciclo dinástico según Ibn Jaldún
Espíritu de cuerpo de los fundadores (0 a 100)
Pérdida de espíritu de cuerpo por generación
Fuerza de un rival en ascenso

Un modelo de juguete de una sola idea, no la teoría completa de Ibn Jaldún ni una predicción. Una generación se toma como 40 años, siguiendo la Muqaddima. Los críticos señalan que su ciclo salió de casos del norte de África y Oriente Medio y no encaja con todos los estados.

Sin JavaScript: con los fundadores en 100, una pérdida de 40% por generación y un rival en 30, el espíritu de cuerpo baja de 100 a 60, 36 y 22, así que la dinastía dura tres generaciones, unos 120 años, antes de que el rival sea más fuerte.

Los europeos del siglo XIX lo celebraron como precursor de la sociología. Muchos estudiosos árabes e islámicos recuerdan que también fue juez y diplomático dentro del sistema que describía, y que leyó juntas la tradición griega y la islámica. Filosofía islámica, africana y latinoamericana (34/77) vuelve sobre él.

Los cronistas de Indias: muchas miradas sobre una conquista

Después de 1492, el encuentro entre Europa y América produjo una de las bibliotecas más ricas y más discutidas de la historiografía mundial. La escribieron soldados, frailes, funcionarios, mestizos e indígenas, cada uno desde un lugar distinto y para un lector distinto. Para un historiador, la primera pregunta ante cualquiera de ellos es la de Método histórico y fuentes (34/90): quién, cuándo, para qué.

Bernal Díaz del Castillo (hacia 1496–1584), que dijo haber sido soldado en la conquista de México, escribió ya viejo, en Guatemala, su Historia verdadera de la conquista de la Nueva España, en buena parte para corregir a Francisco López de Gómara, que había contado la conquista como obra de Cortés sin pisar América. La terminó hacia 1568–1575 y se publicó en 1632. Su valor es el detalle de soldado; su interés, reclamar méritos y encomiendas. En 2013 el antropólogo Christian Duverger propuso incluso que el autor verdadero fue Cortés; la hipótesis es muy discutida, y es un buen recordatorio de que la autoría también es una pregunta histórica. Bartolomé de las Casas (1484–1566), fraile dominico que había sido encomendero en el Caribe, escribió la Brevísima relación de la destrucción de las Indias: un resumen se leyó ante la comisión del rey en 1542, el año de las Leyes Nuevas que intentaron frenar los abusos de los encomenderos, y la imprimió en Sevilla en 1552. Es una denuncia escrita para convencer a la Corona, y sus cifras se discuten desde entonces; su testimonio sobre los abusos, no tanto.

Un dibujo a tinta en cuatro recuadros. Arriba a la izquierda, una figura sentada atiende a un enfermo cubierto de manchas redondas, con una voluta saliendo de su boca. En los demás recuadros, varias personas acostadas en esteras, envueltas en mantas, con el cuerpo y la cara llenos de manchas.
Pintores nahuas del taller de fray Bernardino de Sahagún, Códice Florentino, libro XII: enfermos de viruela en 1520 y un curandero (ticitl) que atiende a uno de ellos. Hacia 1577. Tinta sobre papel. Biblioteca Medicea Laurenziana, Florencia. Bernardino de Sahagún · dominio público · Wikimedia Commons

Mira la imagen: no la dibujó un europeo. El franciscano Bernardino de Sahagún trabajó décadas con ancianos y estudiantes nahuas, y el resultado, la Historia general de las cosas de Nueva España que conocemos como Códice Florentino, va a dos columnas: el texto en náhuatl a la derecha y una versión en español, que no siempre dice lo mismo, a la izquierda, con más de mil ilustraciones de pintores indígenas. El libro XII cuenta la conquista desde el lado mexica. Fíjate en la voluta que sale de la boca del curandero: es el signo mesoamericano del habla, dibujado con técnicas europeas de sombreado. En esa sola viñeta conviven dos tradiciones. En 1959, el historiador mexicano Miguel León-Portilla reunió estos testimonios en náhuatl, traducidos por Ángel María Garibay, en Visión de los vencidos (UNAM), un libro muy leído y muchas veces reeditado que mostró la conquista desde los derrotados. Aun así, la pregunta de procedencia sigue en pie: son voces indígenas recogidas por un fraile que quería conocer las creencias antiguas para combatirlas.

Portada impresa de un libro antiguo, solo texto en mayúsculas y cursivas: Primera parte de los Commentarios reales, que tratan del origen de los Yncas, reyes que fueron del Perú; escritos por el Ynca Garcilasso de la Vega, natural del Cozco; en Lisboa, en la oficina de Pedro Crasbeeck, año 1609.
Inca Garcilaso de la Vega, portada de la Primera parte de los Commentarios reales. Lisboa: Pedro Crasbeeck, 1609. Libro impreso. Ejemplar de la Biblioteca Nacional del Perú, Lima. Editor del siglo XVII · dominio público · Wikimedia Commons

Lee la portada como lo haría un historiador. El autor se presenta como "Ynca" y "natural del Cozco", y a la vez como "Capitán de su Magestad": las dos lealtades en una línea. El libro promete tratar del imperio "antes que los Españoles passaran a él", y está dedicado a una princesa portuguesa e impreso en Lisboa "con licencia de la Sancta Inquisición". El Inca Garcilaso de la Vega (Cuzco, 1539 – Córdoba, 1616), hijo de un capitán español y de una noble inca, escribió desde España, en un español elegante, décadas después de dejar el Perú. Su ventaja es la memoria familiar y el quechua; su sesgo, un retrato idealizado del Tahuantinsuyu, pensado para lectores europeos.

Dibujo a tinta con un letrero arriba en mayúsculas. En el centro, un hombre con sombrero de ala, jubón y calzones con estrellas; a su alrededor, varios hombres andinos con distintos tocados y túnicas con dibujos geométricos, que gesticulan como si hablaran.
Felipe Guamán Poma de Ayala, Pregunta el autor, dibujo de la Primer nueva corónica y buen gobierno. Hacia 1615. Tinta sobre papel. Biblioteca Real de Dinamarca, Copenhague (GKS 2232). Felipe Guamán Poma de Ayala · dominio público · Wikimedia Commons

Y luego está Felipe Guamán Poma de Ayala (hacia 1535 – hacia 1616), un andino de Ayacucho que escribió en español mezclado con quechua una carta de casi 1,200 páginas al rey Felipe III, con casi 400 dibujos a página completa. En este, el letrero dice "Pregunta el autor": el autor aparece a sí mismo como un investigador que interroga a ancianos andinos, cuyos tocados distintos marcan provincias y rangos. Es una declaración de método: mi fuente es la memoria oral de los pueblos. Su libro denuncia los abusos de corregidores, encomenderos y curas, y propone un buen gobierno. No se sabe que llegara al rey; está en la Biblioteca Real de Copenhague al menos desde la década de 1660, y lo dio a conocer el erudito alemán Richard Pietschmann a principios del siglo XX. Durante tres siglos, una de las fuentes más extraordinarias sobre el Perú colonial fue un silencio del archivo.

Interactivo · ¿Quién podía saberlo?

¿A qué cronista se la harías primero?

Elige una pregunta y luego un cronista.

Un resumen para orientarse. Cada cronista sirve para más de una pregunta; aquí se busca el mejor punto de partida y su principal advertencia.

Sin JavaScript: para la experiencia de un soldado en la marcha a Tenochtitlan, Bernal Díaz; para cómo recordaron los nahuas la epidemia y la caída, los informantes de Sahagún; para los argumentos que llevaron a las Leyes Nuevas de 1542, Las Casas; para cómo se gobernaba el Tahuantinsuyu contado desde su nobleza, el Inca Garcilaso; para los abusos coloniales en los Andes hacia 1600, Guamán Poma.

Ranke y el archivo: "cómo fue propiamente"

Leopold von Ranke (1795–1886) es la figura que los manuales usan para la "historia científica". En el prefacio de su primer libro (1824) dijo que a la historia se le había encargado juzgar el pasado e instruir al presente, pero que su obra solo quería mostrar "cómo fue propiamente", wie es eigentlich gewesen. (Se suele traducir "cómo sucedió realmente", pero eigentlich también significa "en esencia", y quizá quiso decir algo más modesto de lo que sugiere el lema.) Fue a los archivos de Venecia y Viena en busca de informes diplomáticos escritos por gente que estuvo ahí. Los prefería a los narradores posteriores, y en su seminario de Berlín enseñó a comparar y criticar fuentes. En el mundo de Ranke los actores principales eran los estados y las grandes potencias, y la evidencia principal salía de los archivos del Estado.

El siglo XIX fue también el siglo de las historias nacionales, y el mundo hispano escribió las suyas con ese método y con un protagonista nuevo: la nación. Modesto Lafuente publicó en Madrid una Historia general de España en treinta volúmenes (1850–1867), a la que se atribuye haber difundido el término "Reconquista", cuyo debate retoma El mundo medieval (34/93). En México, el conservador Lucas Alamán escribió una Historia de Méjico en cinco volúmenes, desde los primeros movimientos de independencia de 1808. En Chile, Diego Barros Arana escribió una Historia general de Chile en dieciséis tomos. En Argentina, Bartolomé Mitre, que fue presidente, escribió historias de Belgrano y de San Martín que fijaron por mucho tiempo la versión liberal y oficial de la independencia; cuando Vicente Fidel López la discutió, la polémica (López publicó sus Refutaciones en 1882) enfrentó la prueba documental que defendía Mitre con una historia más narrativa e interpretativa. Fíjate en la pregunta que estas obras compartían: ¿cómo nació esta nación y quiénes son sus héroes? Era una pregunta útil para estados jóvenes; también dejaba fuera a casi todo el mundo que no fuera criollo, varón y letrado.

Los críticos del ideal rankeano se agrupan en torno a una pregunta: ¿puede el historiador solo "mostrar"? E. H. Carr, en ¿Qué es la historia? (1961), dijo que la historia es un proceso continuo de interacción entre el historiador y sus hechos, y que los hechos solo hablan cuando el historiador los llama. Hayden White, en Metahistoria (1973), sostuvo que los historiadores dan a su material una forma de relato (romance, tragedia, comedia, sátira) y que la evidencia sola no decide entre formas. Peter Novick, en That Noble Dream (1988), contó cómo los historiadores estadounidenses creyeron una y otra vez en la objetividad y una y otra vez la perdieron. Los defensores responden que los hechos sí ponen límites: Richard Evans, en In Defence of History (1997), sostuvo que algunos relatos están simplemente mejor sustentados, y que una interpretación que ignora la evidencia no es solo otro punto de vista.

Casi todos los historiadores en ejercicio están hoy en medio: la evidencia limita lo que puedes decir, y nadie mira sin una posición.

Historia marxista y social: los muchos, no solo los pocos

Karl Marx escribió que los hombres hacen su propia historia, pero no la hacen a su libre arbitrio (El dieciocho brumario de Luis Bonaparte, 1852). Su esbozo de 1859 decía que la manera en que una sociedad produce su sustento (la base económica) moldea sus leyes, su política y sus ideas (la superestructura). Los historiadores marxistas entendieron que el conflicto de clases mueve el cambio. En Francia, Georges Lefebvre (1939) y Albert Soboul leyeron 1789 como una revolución burguesa. En Gran Bretaña, un grupo de historiadores del Partido Comunista formado en 1946 reunió a Christopher Hill, Eric Hobsbawm y E. P. Thompson. En Trinidad, C. L. R. James contó en Los jacobinos negros (1938) la Revolución haitiana como una revolución por derecho propio. En España, Pierre Vilar estudió Cataluña desde la historia económica de largo plazo.

El libro de Thompson La formación de la clase obrera en Inglaterra (1963) movió el foco. Quería rescatar a tejedores y artesanos de lo que llamó "la enorme condescendencia de la posteridad", y sostuvo que la clase no es una cosa sino una relación que la gente construye con su experiencia, y que la cultura importa. Esa es una de las raíces de la historia social y de la "historia desde abajo", que pregunta por la vida de la gente común, y que creció también de los Annales (lo siguiente) y de la historia de las mujeres, del trabajo y, después, del género.

Las críticas: que el modelo de base y superestructura es demasiado determinista; que la historia "marxista" de la era soviética fue muchas veces ortodoxia con un Estado detrás; y que los "revisionistas" franceses (Alfred Cobban en 1954, François Furet en 1978) dijeron que la supuesta clase burguesa no encaja con la evidencia y que la revolución se entiende mejor por la política y el lenguaje. Otra crítica, desde fuera, es que la historia social puede acabar en mil estudios locales sin relato de conjunto.

El mismo choque de enfoques se dio con las independencias hispanoamericanas. Usa la herramienta para ver cómo interroga cada enfoque un solo proceso.

Interactivo · Un proceso, seis miradas: las independencias, 1808–1825

Un resumen para orientarse. Cada escuela tiene disputas internas y ninguna habla con una sola voz. Las obras nombradas son representativas, no exhaustivas.

Sin JavaScript: la historia nacional del siglo XIX pregunta qué hicieron los próceres; la lectura marxista y dependentista, qué clases ganaron y si la dependencia solo cambió de metrópoli; la historia política renovada (François-Xavier Guerra), cómo la crisis de la monarquía en 1808 creó un vacío de soberanía; la historia económica de los Annales (Enrique Florescano), qué pasaba con el precio del maíz; la historia desde abajo (Eric Van Young), qué querían los pueblos que se sumaron a la insurgencia; la historia atlántica, cómo se conectan Haití, Cádiz y Napoleón.

Los Annales: tres velocidades del tiempo

En 1929 dos historiadores franceses, Marc Bloch y Lucien Febvre, fundaron en Estrasburgo una revista, Annales d'histoire économique et sociale. Querían una historia que abarcara la geografía, la economía, las creencias y la vida diaria, no solo reyes y tratados. Su producto más famoso es El Mediterráneo y el mundo mediterráneo en la época de Felipe II de Fernand Braudel (1949), un rey español en el título y buena parte escrita de memoria mientras Braudel era prisionero de guerra en Alemania. Braudel dividió el tiempo en tres velocidades. La larga duración es la historia lenta de la geografía, el clima y las mentalidades, que se mueve en siglos. La coyuntura es el tempo medio de los ciclos económicos y sociales. Y los acontecimientos son la superficie rápida: batallas, tratados, asesinatos, "la espuma de las olas". Las corrientes profundas, sostenía, limitan lo que puede hacer la espuma. Después, Emmanuel Le Roy Ladurie reconstruyó en Montaillou (1975) una aldea de los Pirineos a partir del registro de la Inquisición del obispo Jacques Fournier, de principios del siglo XIV.

La escuela viajó pronto al mundo ibérico. Braudel enseñó desde 1935 en la recién fundada Universidad de São Paulo, en Brasil. En España, Jaume Vicens Vives, influido por los Annales, fundó en 1953 el Índice Histórico Español y empujó una historia económica y cuantitativa. Y en México, Enrique Florescano presentó en París, en 1967, una tesis sobre los precios del maíz en la Ciudad de México, publicada en español como Precios del maíz y crisis agrícolas en México (1708-1810) (El Colegio de México, 1969): series de precios sacadas de los archivos para ver las crisis de hambre que golpearon la Nueva España, incluida la de los años previos a 1810.

Abajo hay una serie inventada de precios del maíz a lo largo de 240 años. Tiene un alza lenta, una oscilación de unos 35 años y cuatro picos de mala cosecha. Cambia la ventana y mira qué historia cuentas.

Interactivo · Recorre las tres velocidades
Ventana de promedio (años)

Datos inventados e ilustrativos (un índice de precios con una tendencia de 25 puntos por siglo, un ciclo de 35 años y cuatro picos). Historiadores como Ernest Labrousse en Francia o Florescano en México usaron series reales sacadas de los archivos.

Sin JavaScript: año por año ves cuatro picos bruscos (acontecimientos); con un promedio de unos 9 a 15 años desaparecen los picos pero queda la oscilación de 35 años (coyuntura); con 35 años o más la oscilación también se borra y queda solo el alza lenta (larga duración).

Los críticos dijeron que los Annales dejaban poco lugar a la política, los individuos y el azar, y que el sueño de una "historia total" puede tragárselo todo. El determinismo geográfico del propio Braudel fue cuestionado. Muchos de la tercera generación se movieron de los números hacia la cultura.

Subalternos, dependencia e historia global: ¿de quién es la historia, y desde dónde?

"Subalterno" es una palabra que Antonio Gramsci usó para los grupos fuera de la clase dominante. En 1982 el historiador Ranajit Guha y otros lanzaron en la India la serie Subaltern Studies, para escribir la historia de campesinos, pueblos tribales y trabajadores como actores por derecho propio, no solo como seguidores de la élite nacionalista. Guha (1983) leyó a contrapelo los registros de la policía y los tribunales coloniales para encontrar las ideas de los rebeldes. En 1988 Gayatri Chakravorty Spivak preguntó, en "¿Puede hablar el subalterno?", quién es escuchado cuando el archivo lo escribieron los poderosos. Edward Said, en Orientalismo (1978), había sostenido que el saber occidental convirtió "Oriente" en un objeto de su propia imaginación. Dipesh Chakrabarty, en Provincializing Europe (2000), pidió dejar de tratar a Europa como el patrón callado con que se miden las demás historias. En 1993 un grupo de académicos latinoamericanistas publicó el manifiesto fundacional de un Grupo Latinoamericano de Estudios Subalternos, que llevó esas preguntas a la región.

Las críticas son variadas. Rosalind O'Hanlon y David Washbrook (1992) sostuvieron que el proyecto se alejó de la historia material hacia la crítica cultural y corrió el riesgo de esencializar a la gente que quería liberar. Sumit Sarkar, miembro fundador, dijo a fines de los noventa que se había apartado de sus objetivos iniciales. De Said, Bernard Lewis y Robert Irwin sostuvieron que tergiversó a los estudiosos que criticaba.

América Latina hizo su propio aporte a la pregunta "desde dónde", y vino de la economía. En la década de 1950, desde la CEPAL en Santiago de Chile, el argentino Raúl Prebisch describió la economía mundial como un centro industrial y una periferia que exporta materias primas. En los años sesenta y setenta la teoría de la dependencia radicalizó la idea: para André Gunder Frank, el subdesarrollo no era un retraso sino el producto de la manera en que la región se integró al capitalismo mundial; Fernando Henrique Cardoso y Enzo Faletto, en Dependencia y desarrollo en América Latina (1969), propusieron una versión más matizada, con espacio para la política de cada país. La dependencia influyó en la teoría del sistema-mundo de Immanuel Wallerstein. Sus críticos, desde la economía liberal, señalaron que países periféricos de Asia oriental crecieron rápido integrándose al comercio mundial; el propio Cardoso, años después, aplicó reformas de mercado como presidente de Brasil (1995–2002). Economía política (34/54) y Las grandes preguntas de la historia latinoamericana (34/98) retoman el debate con datos.

La historia global va en otra dirección: ensanchar el marco. William McNeill, en The Rise of the West (1963), intentó contar la historia humana como una sola historia de contactos. Kenneth Pomeranz, en The Great Divergence (2000), comparó el delta del Yangtsé y la Inglaterra de hacia 1750 y sostuvo que se parecían en muchas medidas de nivel de vida y mercados; lo que distinguió a Inglaterra, dijo, fue tener carbón cerca de sus fábricas y acceso a las tierras y la mano de obra de América. Los críticos discrepan: Robert Allen insiste en los salarios altos y la energía barata de Gran Bretaña; otros, en las instituciones, la ciencia o la cultura. Daniel Woolf (A Global History of History, 2011) y Sebastian Conrad (What Is Global History?, 2016) muestran cuántas tradiciones hay, y advierten el riesgo: la historia amplia depende del trabajo especializado de otros y puede deslizarse hacia la generalización elegante.

¿Qué escuela lo preguntó? Ponte a prueba con siete frases escritas a la manera de cada enfoque.

Interactivo · ¿Qué enfoque está hablando?

Las siete frases son ejemplos inventados de cómo habla cada enfoque, no citas.

Sin JavaScript: la frase 1 es de los Annales; la 2, historia política al estilo de Ranke; la 3, historia social desde abajo; la 4, marxista; la 5, estudios subalternos; la 6, historia global; la 7, teoría de la dependencia.

La leyenda negra: un debate historiográfico con dos orillas

Ningún debate historiográfico se discute tanto en español como este, y es un buen laboratorio para todo lo anterior. La expresión "leyenda negra" ya la habían usado Emilia Pardo Bazán y Vicente Blasco Ibáñez, pero la difundió el historiador madrileño Julián Juderías con La leyenda negra y la verdad histórica (1914), un trabajo premiado en un concurso de la revista La Ilustración Española y Americana. Su tesis: los escritores extranjeros habían exagerado, manipulado o falseado la historia de España (la Inquisición, el imperio en Europa, la conquista de América) más que la de ninguna otra nación, hasta asociar a los españoles con el fanatismo y la crueldad. Después, el argentino Rómulo D. Carbia escribió una Historia de la leyenda negra hispanoamericana centrada en el lado americano, y en Estados Unidos Philip Wayne Powell defendió una tesis parecida en Tree of Hate (1971).

Portada grabada en blanco y negro. Al centro, un título en latín dentro de un marco. Alrededor, escenas pequeñas: soldados con armadura y lanzas, indígenas cargando bultos y vasijas, una carreta, un hombre arrodillado ante un soldado y montones de jarras y platos de metal en el suelo.
Taller de Theodor de Bry, portada de Narratio regionum Indicarum per Hispanos quosdam devastatarum verissima, la traducción latina de la Brevísima relación de Las Casas. Fráncfort, 1598. Grabado. Bibliothèque nationale de France, París. Johann Theodor de Bry (grabador) y Bartolomé de las Casas (autor del texto) · dominio público · Wikimedia Commons

Esta portada muestra el mecanismo que Juderías denunciaba, y también por qué la discusión es difícil. El texto es de un fraile español que denunciaba a otros españoles ante su propio rey; el libro, en cambio, es una edición latina impresa en Fráncfort, en el norte protestante, en 1598, cuando España era la gran potencia rival, con grabados de un taller que nunca estuvo en América. Mira las escenas del marco: indígenas cargados, soldados armados, objetos de metal amontonados a los pies de un europeo. Las imágenes viajaron por Europa mucho más que el texto. Pero que la edición sirviera a una propaganda no vuelve falso lo que Las Casas había visto: la propia Corona lo había escuchado lo bastante como para dictar las Leyes Nuevas en 1542.

Por eso el debate tiene dos orillas, y conviene escuchar a cada una en sus propios términos. Unos historiadores sostienen que la leyenda negra existió y existe como una imagen hostil y desproporcionada de España: es la línea de Juderías y Powell, y la de un éxito de ventas reciente, Imperiofobia y leyenda negra de María Elvira Roca Barea (Siruela, 2016), que la presenta como un caso de la hostilidad que generan todos los grandes imperios, de Roma a Estados Unidos. Otros matizan o rechazan la idea. Ya en 1969 el hispanista estadounidense Benjamin Keen sostuvo que las críticas de la época al imperio español en América habían sido, en general, justas. Historiadores españoles como Ricardo García Cárcel y Henry Kamen niegan que hubiera una conjura consciente contra España, y señalan que la hispanofobia convivió con la admiración. Y el filósofo José Luis Villacañas, en Imperiofilia y el populismo nacional-católico (Lengua de Trapo, 2019), leído por muchos como réplica a Roca Barea, le reprochó falta de rigor académico.

Buena parte de la discusión se aclara si separas tres tipos de afirmación: los hechos documentados (qué se publicó, cuándo, dónde), las interpretaciones que se discuten con evidencia (si la imagen de España fue más negativa que la de otros imperios, si las cifras de Las Casas exageran) y los juicios de valor, que la evidencia sola no decide (si la conquista merece orgullo o vergüenza). Pruébalo.

Interactivo · ¿Hecho, interpretación o juicio de valor?

Las siete afirmaciones son ejemplos de lo que se oye en este debate; algunas son verdaderas, otras discutidas, y dos no se pueden probar con documentos. Lo que importa es saber de qué tipo es cada una.

Sin JavaScript: que Las Casas imprimió la Brevísima en Sevilla en 1552 y que Juderías difundió la expresión en 1914 son hechos documentados; que los grabados de De Bry sirvieron a la propaganda de los rivales de España, que las cifras de Las Casas exageran y que hubo una conjura consciente contra España son interpretaciones que se discuten con evidencia; que la conquista merece orgullo y que España debería pedir perdón son juicios de valor.

Una manera útil de ordenar el debate: ¿existió una propaganda contra España?, y ¿fueron reales los abusos? Son dos preguntas distintas, y responder una no responde la otra. La historiografía no te dice cuál de los juicios de valor elegir. Te enseña a no disfrazar uno de hecho.

Lo que un graduado ve sin pensarlo

  • Toda historia la escribió alguien con una pregunta; pregunta qué responde y qué deja fuera.
  • Heródoto y Tucídides ya discrepaban en el siglo V a. C. sobre si la historia trata de la gente o del poder. Trata de las dos cosas.
  • Un cronista es una fuente con domicilio: soldado, fraile, mestizo o indígena; dónde escribió, en qué lengua y para quién.
  • Historia "objetiva" no es lo mismo que historia sin punto de vista; la evidencia limita lo que un punto de vista puede decir.
  • Las historias nacionales respondían a la pregunta "¿quiénes somos?", y su respuesta dejó fuera a mucha gente.
  • Escalas de tiempo distintas dan relatos distintos: acontecimientos, ciclos y estructura profunda.
  • Quién escribió el archivo decide quién puede ser escuchado en él.
  • En un debate encendido, separa el hecho, la interpretación y el juicio de valor antes de tomar partido.
  • La historiografía cambia porque el presente hace preguntas nuevas, no porque los historiadores anteriores fueran tontos.

Dónde aparece después

  • Cada pieza de periodo (34/91, 34/93–96): cada una dice qué enfoque ha moldeado su debate, de la palabra "Reconquista" a las cifras del colapso demográfico americano.
  • Historia pública, memoria y patrimonio (34/97): lo que oye el público también es una historiografía, elegida por museos, estados y familias.
  • Las grandes preguntas de la historia latinoamericana (34/98): la dependencia, la herencia colonial y las independencias, con sus datos.
  • Filosofía en español (34/81), Relaciones internacionales (34/52) y Teoría y crítica literaria (34/86): los mismos debates sobre el relato, el poder y el autor; el debate de Valladolid de 1550–1551 entre Las Casas y Sepúlveda está en 34/81.
  • En el mundo: las polémicas sobre libros de texto, los aniversarios del 12 de octubre, los documentales, y cada vez que alguien dice "la historia demuestra".

Si quieres profundizar

  • 🌐 Gratis (en inglés). MIT OpenCourseWare 21H.991 Theories and Methods in the Study of History (otoño de 2010), un seminario de posgrado construido sobre estos mismos enfoques. El Internet History Sourcebooks Project tiene a Heródoto y Tucídides en traducciones antiguas de dominio público.
  • 📘 Libro de texto (en español). Josep Fontana, La historia de los hombres (Crítica, 2001): un recorrido por la historiografía de la Antigüedad al presente, escrito desde la historiografía española. Peter Burke, La revolución historiográfica francesa: la escuela de los Annales, 1929-1989 (Gedisa).
  • 📘 Más ameno (en español). E. H. Carr, ¿Qué es la historia? (1961; muchas ediciones en español), y Miguel León-Portilla, Visión de los vencidos (UNAM, 1959, muchas reediciones), para leer a los cronistas nahuas por ti mismo.
  • 📘 Para el debate (en español). Enrique Florescano, Precios del maíz y crisis agrícolas en México (1708-1810) (El Colegio de México, 1969), si quieres ver los Annales trabajando en América; y, para la leyenda negra, leer juntos a Roca Barea (Imperiofobia y leyenda negra, 2016) y a Villacañas (Imperiofilia y el populismo nacional-católico, 2019).
  • 📘 Más difícil (en inglés). Daniel Woolf, A Global History of History (2011), para ver todas las tradiciones a la vez.
Para llevar

Las historias difieren porque los historiadores hacen preguntas distintas: sobre el poder, las clases, las estructuras profundas, la gente común, los silenciados, la periferia o el mundo entero. Los cronistas de Indias ya escribían desde lugares distintos, y el debate de la leyenda negra muestra qué pasa cuando las preguntas se mezclan con las lealtades. Cada enfoque ve algo que los otros no ven y tiene críticos con razón. La destreza está en nombrar el enfoque, no en coronar a uno.

Prueba esto: busca esta semana una nota o un discurso sobre un hecho del pasado (un aniversario, una estatua, una disculpa). Pregúntate qué clase de historiador lo contaría así, y qué preguntaría otro enfoque.

Fuentes y para profundizar

Fuentes. Heródoto, Historias (7.152); Tucídides 1.22–23, 2.47–54; Fehling, Herodotus and His "Sources" (1989); Sima Qian, Shiji; Wang Guowei (1917) sobre los huesos oraculares; Ibn Jaldún, Muqaddima (1377) y su biografía; Díaz del Castillo, Historia verdadera (1632); López de Gómara (1552); Duverger, Crónica de la eternidad (2013); Las Casas, Brevísima relación (1552); Sahagún, Códice Florentino; León-Portilla, Visión de los vencidos (1959); Inca Garcilaso, Comentarios reales (Lisboa, 1609); Guamán Poma, Primer nueva corónica y buen gobierno (Biblioteca Real de Dinamarca, GKS 2232); Ranke (1824); Lafuente (1850–1867); Alamán, Historia de Méjico; Barros Arana, Historia general de Chile; Mitre y López (1882); Carr (1961); White (1973); Novick (1988); Evans (1997); Marx (1852, 1859); Thompson (1963); Cobban (1954); Furet (1978); Braudel (1949); Le Roy Ladurie (1975); Vicens Vives; Florescano (1969); Guha (1983); Spivak (1988); Said (1978); Chakrabarty (2000); O'Hanlon y Washbrook (1992); Prebisch y la CEPAL; Frank; Cardoso y Faletto (1969); McNeill (1963); Pomeranz (2000); Allen sobre salarios y energía británicos; Guerra, Modernidad e independencias (1992); Van Young, La otra rebelión (FCE, 2006; en inglés, 2001); Juderías (1914); Keen (1969); Powell (1971); Roca Barea (2016); Villacañas (2019). La serie de precios, el modelo dinástico, las frases "a la manera de" y las afirmaciones del ejercicio final son inventados.

  • 📘 Fontana, La historia de los hombres (en español)
  • 📘 Carr, ¿Qué es la historia? (en español)
  • 📘 León-Portilla, Visión de los vencidos (en español)
  • 🌐 MIT OCW 21H.991 (gratis, en inglés)
Para tu español
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